Xavier Pericay

Xavier PericayJordi Avellà

Entrevista

«Hay que luchar no sólo contra las corrupciones económicas, sino también contra las corrupciones morales»

A lo largo de su etapa como diputado autonómico, Xavier Pericay fue un referente para los votantes de Ciudadanos y también de otros partidos, por su sensatez y moderación. Alejado hoy de la política activa, sus análisis sobre la situación actual tienen un valor y un interés añadidos

El reconocido ensayista, docente y periodista Xavier Pericay (Barcelona, 1956) fue uno de los fundadores de Ciutadans. Cuando la formación naranja dio el salto a la política nacional, Pericay pasó a ser el líder del partido en Baleares y también fue diputado autonómico y portavoz de Cs en el Parlamento regional entre 2015 y 2019. Uno de sus principales caballos de batalla junto con Olga Ballester fue luchar para que se acabase con la discriminación del castellano en las aulas del Archipiélago. En aquella legislatura, la presidenta del Govern balear fue la socialista Francina Armengol, que contó con el apoyo estable de Més y de Podemos. Tras un periodo de progresivo distanciamiento de la política activa, Pericay se dio de baja de Ciudadanos en octubre de 2020.

¿Cree que la presidenta del Govern, Marga Prohens, ha recogido su testigo en favor de la libertad lingüística?

—Yo diría que mucho menos de lo que yo hubiera deseado, porque al final lo que se ha acabado imponiendo en este Govern es una especie de miedo o pánico a una posible contestación del sector educativo, en lugar de lo que el PP prometió en su programa. Como sabe, desde hace años la enseñanza en Baleares está absolutamente colonizada por el nacionalismo catalán. Maestros, profesores y asociaciones de padres están ideologizados de arriba abajo y no conciben ni siquiera la posibilidad de que haya alguna asignatura en castellano. Además, hay mil subterfugios para no hacerlo. En este contexto, el PP ha preferido no contrariar al sector educativo, pues cuando quieres introducir cambios, es evidente que eso tiene un coste.

¿El castellano sigue estando discriminado en la enseñanza?

—El castellano es nuestra lengua común, por lo que todo ciudadano tiene derecho a que sus hijos puedan estudiar en esta lengua. Pero esto no es así en Baleares. Por eso, decir que hay igualdad entre el castellano y el catalán es una falsedad. Hoy tenemos una situación completamente anómala desde el punto de vista de los derechos lingüísticos, porque el castellano debería ser un vehículo de enseñanza y de relación de la ciudadanía con la Administración en todo el Estado, pero no es así en Baleares, Cataluña, el País Vasco, Navarra y en menor medida en la Comunidad Valenciana o Galicia.

Estoy decepcionado con la política lingüística de este Govern. No me esperaba ningún milagro, pero sí un poco más de lo que se ha hecho

¿Qué se puede hacer ante esta situación?

—Es cierto que como hace ya muchos años que vivimos con esta anomalía, algunos se han acostumbrado ya a ella, pero ello no quiere decir que no se tenga que seguir denunciando y reivindicando la posibilidad de que desaparezca dicha anomalía.

¿El actual Govern podría acabar con esta anomalía?

—Estoy francamente decepcionado con la política lingüística que está haciendo este Govern. No me esperaba ningún milagro, pero sí un poco más de lo que se ha hecho. Para no tener problemas con el sector educativo, el Govern hace ver que hace algo por acabar con esa anomalía, pero en el fondo no hace prácticamente nada, excepto unos planes piloto condenados de antemano al fracaso.

¿Añora usted la política activa?

—No puedo decir que la añore, porque ahora estoy mucho más tranquilo que en aquellos años. Aun así, como también es verdad que había tanto cosas buenas como cosas malas, a menudo recuerdo unas y otras, en especial en relación con la política actual.

¿En qué sentido lo dice?

—En el sentido de que cuando hoy ves alguna lucha interna en algún partido, no tienes más remedio que pensar en lo que tú mismo viviste.

Entiendo, sí...

—La política es una cosa muy apasionante, pero quizás demasiado apasionante —sonríe—, pues te roba mucho tiempo para otras cosas, como por ejemplo leer o estar con la familia. En cierto modo, llevas una vida completamente encapsulada, para la que es necesario tener una vocación de político activo.

Xavier Pericay

Xavier PericayJordi Avellà

¿Por qué los partidos centristas no llegan a arraigar en España?

—En España y en otros países del sur de Europa, los partidos de centro prácticamente no han llegado a consolidarse nunca, a diferencia de lo que ha ocurrido en países como Alemania, Dinamarca o Países Bajos con los liberales, si bien estos últimos han ido perdiendo representación en Alemania.

Y el contexto actual tampoco ayuda...

—Efectivamente, pues nos encontramos en un contexto de mucha polarización, que hace que sea muy difícil poder sobrevivir en medio de extremos de uno y otro signo.

¿Qué pasó en el caso concreto de Ciudadanos?

—Nacimos como un partido con voluntad de centro, que quería llevar a cabo tanto políticas socialdemócratas como liberales. En Cataluña —comunidad donde vio la luz Ciutadans—, nuestro crecimiento se produjo sobre todo desde la parte socialdemócrata o de centroizquierda. Nuestros votantes en Cataluña eran esencialmente ex votantes del PSC, aunque también había ex votantes del PP y personas que acudían a las urnas por vez primera.

¿Esa posición ideológica se mantuvo cuando dieron el salto a la política estatal?

—Yo diría que no, pues cuando el partido empezó a crecer en el conjunto de España, la mayoría de nuestros votos y de nuestros apoyos provenían del centroderecha.

¿Y qué pasó entonces?

—Como al final lo que acaba pesando más en un partido político es el deseo de ir creciendo y el afán de poder, más que la fidelidad a unos principios fundacionales, si ves que creces en un sector y no en otro, tenderás a apostar cada vez más por ese sector, abandonando tu centralidad originaria. Esto es lo que le acabó pasando a Ciudadanos, que se fue decantando hacia el centroderecha, lo que supuso uno de sus primeros problemas como partido.

¿Si Cs se hubiera mantenido en el centro le hubiera ido mejor electoralmente?

—Quizás tampoco lo hubiéramos conseguido, porque desde la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE y a la presidencia del Gobierno vivimos en una situación de permanente polarización y enfrentamiento, y de voluntad de crispación, por lo que, aunque tú no quieras, te acaban colocando en un lado o en otro. Y a Cs lo colocaron rapidísimamente en el centroderecha o incluso en la derecha pura. Por ello, habría sido muy difícil poder mantenernos en un eje más centrado.

Desde la llegada de Pedro Sánchez vivimos en una situación de permanente polarización, y de voluntad de crispación; aunque tú no quieras, te acaban colocando en un lado o en otro

¿El liderazgo casi único de Albert Rivera fue positivo o negativo?

—Nosotros crecimos al principio en torno a Albert Rivera, que tenía muchísimas cualidades, pero cuando un partido se construye de esta manera y después acaba fracasando, la marcha del líder puede ser muy respetable, pero también muy criticable, porque al final deja a su partido desprotegido, que fue lo que le ocurrió a Ciudadanos. La prueba es la bajada de votos y de representación que tuvimos tras el adiós de Rivera, si bien nos mantuvimos aún un par de años más.

A nivel electoral, el PP parece estar hoy en Baleares en un buen momento, a diferencia de lo que ocurre con el PSIB...

—Precisamente, hace poco leí un sondeo en El Español sobre qué podría pasar en las posibles elecciones generales, que en el caso de Baleares reflejaba un descenso considerable de la izquierda. Así, de los ocho diputados que se eligen aquí para el Congreso, el citado sondeo pronosticaba que cuatro serían del PP, dos del PSOE y dos de Vox. Así pues, el centroderecha y la derecha obtendrían seis diputados y la izquierda sólo dos.

¿A qué atribuye esas malas previsiones para la izquierda?

—Yo creo que aquí la izquierda ha perdido el poco crédito que le quedaba y que ello se debe en gran parte al seguimiento que está haciendo de la política llevada a cabo por el Gobierno central. Esa ligazón no hace más que perjudicar al PSIB. Además, aquí tampoco ha surgido últimamente ningún político capaz de erigirse de alguna manera en un político de futuro.

La izquierda [balear ]ha perdido el poco crédito que le quedaba, en gran parte por el seguimiento que hace de la política del Gobierno; esa ligazón perjudica al PSIB

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Xavier PericayJordi Avellà

¿En qué situación ve a Francina Armengol?

—Muy mala. Es cierto que la actual presidenta del Congreso fue presidenta del Govern en dos legislaturas y que en principio volverá a ser la candidata de su partido en las próximas elecciones autonómicas, pero su descrédito es hoy absoluto.

¿Y cómo ve, en general, el panorama político en el conjunto de España?

—Desesperante. Mientras siga gobernando Pedro Sánchez la cosa irá a peor. Además, desde hace años hay un proceso de caída del PSOE, que ahora no ha hecho más que confirmarse.

Es un panorama poco halagüeño...

—Yo creo que muchos ciudadanos no ven ningún futuro en lo que antes era el centroizquierda y ahora es la izquierda pura, pues no les resuelve ninguno de los problemas que tienen. Nos encontramos con un modo de hacer política absolutamente presidencialista, en donde todo el mundo ve ya que lo único que le interesa al presidente del Gobierno es él mismo, tratando de tapar los problemas que tiene en el ámbito familiar y en su propio partido.

Muchos ciudadanos no ven futuro en lo que antes era el centroizquierda y ahora es la izquierda pura, pues no les resuelve ninguno de los problemas que tienen

Mucha gente es hoy pesimista...

—Entiendo perfectamente que la gente sea pesimista, pero creo que no se ha de ser derrotista ni bajar los brazos. Se ha de seguir luchando y defendiendo los valores democráticos. Aun así, es cierto que la cosa no pinta bien, no sólo en España, sino en gran parte del mundo occidental, más allá de Donald Trump. A ello deberíamos añadir una manifiesta debilidad europea. Por no hablar, claro, del otro mundo, el de las dictaduras, encarnadas en personajes como Putin, Xi y los líderes de sus protectorados.

Usted es licenciado en Filología Catalana y desde muy joven empezó a colaborar en los medios de comunicación...

—Así es. Además, era un ávido lector de diarios, por lo que fácilmente pasé de la filología al periodismo. Y cuando empecé a dar clases en la universidad, fue directamente de periodismo. Fue entonces cuando conocí la obra de autores como Julio Camba o Manuel Chaves Nogales.

Lo que más me sorprendió y me ofendió de mi época en política fue la falta de respeto hacia la institución de muchos diputados; esas situaciones hacen que te avergüences como político y ciudadano

¿Sigue sintiendo pasión por el periodismo?

—Sí. El periodismo me ha gustado y me ha interesado siempre, y espero que me siga gustando, pues no he tenido ningún disgusto en relación con el periodismo. Por otra parte, creo que he contribuido a divulgar los trabajos de determinadas figuras que eran casi desconocidas en el ámbito de la literatura y del periodismo. Y me alegra que haya sido así.

¿La política activa le «robó» quizás demasiado tiempo?

—La política me ha limitado el tiempo que he podido dedicar a otras cosas, pero como al mismo tiempo me ha permitido aprender cosas de la vida, el balance que hago al final es que ha valido la pena.

¿Qué fue lo que más le sorprendió de su etapa como diputado autonómico?

—Lo que más me sorprendió y me ofendió fue la falta de respeto hacia la institución de muchos diputados, algo que luego hemos visto también en otros parlamentos autonómicos o en el Congreso. Esas situaciones hacen que te avergüences como político y como ciudadano.

¿Se puede seguir creyendo en algo?

—Yo creo que sí. Lo que hemos de intentar, cada uno en la medida de sus posibilidades, es cambiar lo que no nos gusta. Por eso tenemos también la política y por eso la política también es necesaria, para contar con representantes que puedan servir a los ciudadanos realmente, aunque esto pueda parecer una utopía. Hay que luchar no sólo contra las corrupciones económicas, sino también contra las corrupciones morales.

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