Las autoridades junto al tesoro
Patrimonio
Mallorca muestra el histórico tesoro submarino que una jubilada alemana pretendía expoliar
El Consell de Mallorca ha mostrado por primera vez el material incautado a una mujer germana cuando abandonaba la isla: 1.574 monedas, ánforas, lámparas y espadas de la época griega, romana y medieval
Una jubilada alemana más en Mallorca. Una de las miles -¿millones?- que pasan cada año por el aeropuerto de Palma para disfrutar del invierno en la isla, pasear por sus mercados, disfrutar del clima amable lejos del duro invierno germano y, cuando llega el momento, hacen la maleta y vuelven a casa. Es octubre de 2024. Aeropuerto de Palma. Cola de seguridad. Todo normal.
Hasta que saltan las alarmas.
En el equipaje de aquella mujer los agentes encuentran monedas antiguas. Muy antiguas. De las que se ven en los museos, un auténtico botín.
Y aquel hallazgo, en una terminal de salidas activa una investigación que termina destapando uno de los episodios de expolio más llamativos de la historia de este país: un lote de más de 1.500 monedas y objetos antiguos que, según los investigadores, habían sido arrancados del pasado de Mallorca para acabar, quizás, en el circuito clandestino del coleccionismo.
Patrimonio y Guardia Civil ante algunas de las piezas recuperadas
Este miércoles, más de un año después de aquella escena casi banal en el aeropueto palmesano, el Consell de Mallorca ha mostrado por primera vez el material incautado. Hasta ahora había permanecido custodiado, en silencio, en el Museu de Mallorca, bajo depósito judicial.
Más de 1.500 piezas
El conjunto impresiona por volumen y por amplitud temporal. 1.574 monedas, además de ánforas, lámparas, espadas. Piezas que atraviesan siglos: desde época griega hasta la Edad Media. Objetos que deberían haber estado bajo tierra, en un yacimiento, en manos de arqueólogos, no en una maleta camino de Alemania.
La vicepresidenta de Mallorca, con parte del tesoro
La vicepresidenta del Consell y consejera de Cultura y Patrimonio, Antònia Roca, explicó que todo comenzó con aquella primera incautación en el aeropuerto. Una mujer alemana intentaba exportar monedas «de valor patrimonial incalculable». El hallazgo encendió las alarmas y lo que parecía un caso aislado se convirtió en otra cosa cuando los investigadores siguieron el rastro.
Del aeropuerto a un piso: el tesoro continuaba
La investigación posterior condujo hasta el domicilio de la mujer y su pareja, también alemana. Allí apareció el resto del escenario: más monedas, más objetos arqueológicos, material que los agentes consideran igualmente expoliado. La prensa local habló entonces de una jubilada afincada en Mallorca y de uno de los mayores lotes recuperados en años. La imagen rompía con el cliché del expoliador profesional: aquí no había una banda armada ni un golpe espectacular, sino la banalidad doméstica del saqueo lento.
Mallorca es un lugar especialmente vulnerable a ese tipo de delito. Bajo sus campos y bajo el mar descansan capas de civilizaciones superpuestas: fenicios, romanos, bizantinos, musulmanes, medievales. La isla es un archivo enterrado. Y cada pieza extraída sin control científico no es solo un objeto robado: es una página arrancada.
Roca insistió en ello durante la presentación. El expolio, dijo, no implica únicamente la pérdida material sino la pérdida de información histórica y científica. «Cuando una pieza es extraída de su contexto arqueológico, se pierde una parte fundamental de su valor», explicó. Ya no se sabe con certeza de dónde proviene, con qué estaba asociada, qué podía contar.
Un momento de la presentación
El inventario preliminar confirma la singularidad del lote. La mayoría de las monedas corresponden a la época romana imperial, pero también hay ejemplares del Bajo Imperio, piezas de época andalusina temprana, bizantinas, medievales e incluso contemporáneas. Una amplitud cronológica que convierte el conjunto en una especie de cápsula del tiempo dispersa, arrancada de su lugar original.
Durante estos meses, el Museu de Mallorca ha trabajado casi en silencio: primero inventariando todas las monedas incautadas, ahora iniciando el estudio técnico del resto del material. El objetivo es doble: documentar cada pieza con rigor y aportar al juzgado la información necesaria en una causa abierta por delito contra el patrimonio histórico.
El Consell ha avanzado que, una vez completado el inventario, algunas de las piezas más relevantes podrían exponerse al público en los próximos meses. Será, en cierto modo, el final visible de una historia que empezó en el lugar más inesperado: la cola de embarque de un aeropuerto.
Una jubilada más. Una maleta más. Y dentro, no souvenirs, sino siglos de historia intentando salir de la isla.