Batalla de Nájera
Historia
El sueño roto del último Rey de Mallorca: cuando se jugó las Islas en la estepa castellana
Jaime IV, el padrino del heredero de Inglaterra, pactó con el Príncipe Negro y Pedro el Cruel la reconquista de su reino pero la victoria en Nájera fue su tumba política
Desde la paz de Brétigny de 1360, Eduardo de Woodstock, conocido como el Príncipe Negro, gobernaba Aquitania. Después de su gran victoria en la batalla de Poitiers, donde había capturado al rey francés Juan II, a cambio de su liberación éste le había cedido la región de Aquitania con plena soberanía. Fue en Burdeos donde Jaime vio la oportunidad de recuperar sus territorios con la ayuda de Eduardo de Woodstock y de Pedro I de Castilla, refugiado en la Corte aquitana después de que su hermanastro Enrique de Trastámara le hubiera arrebatado el trono castellano con las ayudas francesa de Juan II y aragonesa de Pedro IV, ya en guerra contra el castellano desde años atrás.
Pedro IV necesitaba a Enrique de Trastámara para desestabilizar a Pedro I y recuperar territorios que Castilla había invadido, por lo que firmaron acuerdos como el de Pina (1356), donde Enrique se hizo vasallo del rey aragonés, y el de Monzón (1363), donde acordaron el reparto de Castilla y la entrega del reino de Murcia a Aragón a cambio del apoyo militar. Por su parte, Aragón permitió el paso de las Compañías Blancas, una de las Grandes Compañías, para que entraran en Castilla en 1366 en ayuda de Enrique.
La operación fue orquestada por Carlos V de Francia, quien deseaba deshacerse de esas tropas que asolaban su país tras la tregua de la Guerra de los Cien Años y, al mismo tiempo, colocar a un aliado en el trono de Castilla. Con la tregua de 1360 el conflicto de los Cien Años se había trasladado a España. Pedro I se había acercado a Inglaterra, por lo que Francia apoyaba a Enrique con el objetivo de tener un rey aliado en Castilla que le pudiera proporcionar ayuda marítima.
Para Jaime IV de Mallorca, la Corte aquitana significaba una ubicación perfecta, ya que estaba lo suficientemente cerca de sus antiguos dominios en el Rosellón y Mallorca como para planear una invasión, pero bajo la protección inglesa y castellana. Jaime IV se vio totalmente inmerso en las negociaciones para invadir Castilla desde Aquitania. En la localidad gascona de Libourne, el Príncipe Negro y Pedro de Castilla lograron, en septiembre de 1366, el compromiso de Carlos II de Navarra a permitir el paso de los ejércitos aliados desde Aquitania hacia Castilla para expulsar a Enrique de Trastámara y devolver el trono a Pedro el Cruel. A cambio de que Jaime IV luchara en Castilla con más mercenarios de las Grandes Compañías, el Príncipe Negro y el rey Pedro I se comprometían a ayudarle militarmente a recuperar el Rosellón y la Cerdaña, y, sobre todo, el reino de Mallorca. La relación entre el mallorquín y el inglés se estrechó rápidamente. Jaime IV se integró tanto en el círculo íntimo del príncipe que fue nombrado padrino de bautismo de su hijo, el futuro Ricardo II de Inglaterra, en la catedral de San Andrés de Burdeos en enero de 1367.
El ejército de unos quince mil hombres compuesto por ingleses y mercenarios gascones y bretones partió en febrero de 1367 hacia España. Una vez superado el puerto de Roncesvalles, las tropas descendieron hacia Pamplona, donde fueron recibidas por el rey de Navarra antes de continuar su marcha hacia el valle del Ebro. Las tropas de Enrique de Trastámara, compuesto de castellanos y de mercenarios de las Compañías Blancas dirigidos por Bertrand du Guesclin junto a los escasos contingentes aragoneses liderados por Alfonso de Aragón, primo de Pedro IV, le esperaban al otro lado del río Najerilla, frente a la ciudad de Nájera, donde finalmente tuvo lugar el enfrentamiento.
El rey aragonés envió una representación mínima sólo para mantener las formas después que la relación con Enrique de Castilla se hubieses enfriado cuando el castellano incumplió el acuerdo de entregarle el reino de Murcia según lo pactado y, además, había que preservar las propias fronteras ante el avance del Príncipe de Aquitania.
El 3 de abril de 1367, tuvo lugar la batalla de Nájera, donde Jaime de Mallorca plantó su enseña real junto a las de Castilla e Inglaterra. La batalla se saldó con la victoria de Pedro de Castilla, Eduardo de Woodstock y Jaime de Mallorca. Aunque las tropas de Enrique de Trastámara eran superiores en número, la clave del éxito aliado fue el uso masivo de los arqueros de tiro largo ingleses, cuyas ráfagas de flechas diezmaron a la caballería e infantería de Enrique antes de que pudieran llegar al combate cuerpo a cuerpo. Tras el colapso de las líneas de Enrique, muchas de sus tropas murieron ahogadas en el río Najerilla o aplastadas en el puente de Nájera mientras intentaban escapar. Enrique de Trastámara logró huir, pero su ejército fue aniquilado.
La recuperación del reino de Mallorca parecía que estaba más cercana. Pero el rey mallorquín fue hecho prisionero por Enrique, siendo trasladado hasta el castillo de Curiel de Duero (Valladolid), sin ser liberado hasta 1369, después del pago del rescate procedente de Nápoles. Por otra parte, aunque Pedro I recuperó el trono, la victoria fue de corta duración. El rey castellano se negó a pagar las enormes sumas prometidas al Príncipe Negro por su ayuda, lo que provocó que los ingleses abandonaran la península poco después. Al quedarse solo y sin el apoyo inglés, Pedro I fue finalmente derrotado y asesinado por su hermano Enrique en la batalla de Montiel en 1369, pasando a reinar en Castilla la dinastía Trastámara.
Fue una amarga victoria para los aliados, la ayuda prometida para recuperar Mallorca no se llegó a materializar, Pedro de Castilla murió, el Príncipe Negro enfermó y el mallorquín había sido capturado.