«Primer desembarco de Cristóbal Colón en América», de Dióscoro Puebla
Y no hubo abusos
Por qué la Conquista de América fue «ejemplar y digna» por parte de la Corona de Castilla
El catedrático mallorquín Roman Piña Homs defiende el carácter único del modelo jurídico y político español en América y rechaza las lecturas actuales que exigen un perdón histórico
Roman Piña Homs habla del pasado con la dignidad sobria de quien se sabe respaldado por los hechos. Catedrático jubilado de Historia del Derecho y de las Instituciones, profundo conocedor del derecho indiano y estudioso de la Conquista y de su huella institucional, Homs ha participado este jueves en Palma en la presentación del libro El origen de Colón más allá del ADN, de Carlos García-Delgado, celebrada en el Colegio de Abogados.
En el acto intervino también Gabriel Verd, el mallorquín que con más tenacidad ha defendido la tesis del origen felanitxer de Cristóbal Colón. Pero antes de tomar la palabra en ese encuentro, Piña Homs ha atendido a El Debate para pronunciarse sobre una controversia que vuelve, cíclica, a agitar el debate público: la exigencia de un supuesto perdón de España a México por la Conquista de América. Una discusión reavivada esta semana a raíz de las palabras del Rey, que, en presencia del embajador de México, aludió a «abusos».
Homs no elude el matiz ni renuncia a la cortesía pero tampoco rebaja el juicio. «Yo creo que el Rey dijo lo que dijo con ánimo conciliador, para alejar cualquier pose de prepotencia, pero honestamente creo que lo hizo mal aconsejado», afirma. «Quizás por personas que tienden más al ruido que a los hecho». Porque, a su juicio, ahí radica precisamente el problema. «Los historiadores no debemos meternos ni ensuciarnos en intereses o corrientes políticas que son interesadas y volátiles. Los historiadores nos debemos a los hechos». Y los hechos, sostiene, obligan a mirar la empresa americana de la Corona de Castilla desde una perspectiva mucho más exigente y menos tópica que la que hoy suele imponerse en la plaza pública.
Éxito de convocatoria de la presentación del libro de García-Delgado en Palma
Piña Homs no niega la ambición material de aquella empresa. «La conquista de América implicó un enorme esfuerzo por parte de la Corona, que, por supuesto, quería sacar ventajas económicas, y las sacó». Sería ingenuo negarlo. Pero, a renglón seguido, introduce el elemento que considera decisivo y que, en su opinión, singulariza radicalmente la acción española en el Nuevo Mundo: la temprana influencia de una reflexión moral y teológica sobre la dignidad del hombre. «Estuvo influida por grandes corrientes, probablemente por los teólogos del momento, que exigían la dignidad de todo ser humano».
De ahí nace, según explica, uno de los rasgos más singulares de aquella presencia española en América: la voluntad de dar forma jurídica a esa idea de dignidad. «Se legisla con dignidad para América, algo que no ha sucedido jamás en el colonialismo». No en vano, la Corona de Castilla elaboró para los territorios americanos un armazón legal sin equivalente en otros procesos coloniales.
El genocidio y latrocinio lo cometieron los anglosajones
García-Delgado y Piña Homs, en el centro
Ese diseño jurídico, añade, no quedó en el papel. Tuvo una traducción política y social concreta. «A los habitantes del Nuevo Mundo se les hace naturales de la Corona de Castilla». O lo que es lo mismo: se les incorpora, no se les explota en la periferia. Y a ello suma otro hecho que para Homs resulta revelador: «Hubo matrimonios mixtos». En esa mezcla, en esa incorporación humana y jurídica, ve uno de los signos más claros de una realidad histórica compleja, ajena a las simplificaciones retrospectivas.
El historiador se detiene de manera especial en el caso mexicano, núcleo simbólico de la disputa actual. Y lo hace con una rotundidad que no deja espacio para la ambigüedad: «Lo que ocurrió en México por parte de la Corona de Castilla fue ejemplar». Su argumento parte del contexto previo a la llegada de los españoles: «Llegaron a una tierra dominada por el tribalismo, por luchas internas, en las que se practicaba la antropofagia». En su lectura, la intervención de la Corona puso fin a ese mundo convulso y abrió otro horizonte político y civilizatorio. «Y eso es lo que entierra la Corona de Castilla».
Por eso considera que la polémica sobre el perdón histórico carece de base rigurosa. «Esa supuesta controversia es ridícula y claramente interesada». Más aún: entiende que se trata de una maniobra de distracción, de una cortina levantada sobre el pasado para desviar la mirada del presente. «Es una cortina de humo», resume. Y apunta incluso al origen moderno de esta reactivación del conflicto simbólico: «Es curioso, porque quien incendia esto hace algunos años es López Obrador, descendiente de aquellos conquistadores».
Frente a la insistencia contemporánea en la culpa española, Homs desplaza el foco hacia otras experiencias coloniales cuyo saldo, a su entender, fue incomparablemente más devastador. «Los mayores desastres que se cometieron allí los protagonizaron los franceses en el siglo XIX». Y va más allá al situar el fenómeno en un marco internacional: «Quien está detrás de este movimiento mundial son los anglosajones. El latrocinio y el genocidio lo cometieron los anglosajones».
Especialista también en la conquista de California, Piña Homs encuentra otro ejemplo elocuente en la figura de fray Junípero Serra, el mallorquín universal al que considera pieza decisiva de aquella expansión. Basta, apunta, con mirar la veneración que durante siglos han suscitado sus misiones para advertir la profundidad de esa huella.
En tiempos inclinados al juicio sumario, Roman Piña Homs reclama otra cosa: la paciencia de los archivos, la disciplina de los hechos, la honestidad de una mirada que no se someta a la agitación del presente.