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Escultura de Rolando Briseño 'La mesa del Padre Damián Massanet'

HISTORIA

La olvidada gesta del fraile mallorquín que civilizó Texas y el origen español de San Antonio

El franciscano Damián Massanet bautizó el río que da nombre a la ciudad e inició un sistema de misiones que integró a las tribus nativas bajo la Corona

A orillas del río San Antonio que da nombre a la ciudad texana hay una placa conmemorativa acompañada por una escultura, La mesa del padre Damián Massanet del artista Rolando Briseño, que rememora la llegada el 13 de junio de 1691 de la expedición española encabezada por el gobernador de Texas, Domingo Terán, y el fraile mallorquín Damián Massanet. Después de un largo viaje los expedicionarios acamparon junto al río que los nativos coahuiltecos llamaban Yanaguana, y al que, por sugerencia de Massanet, bautizaron como San Antonio porque el 13 de junio coincidía con la festividad del santo. Massanet mandó colocar una gran cruz detrás de un altar situado sobre una pérgola de álamos para celebrar la primera misa en San Antonio, en la que se congregaron españoles, novohispanos y sus habitantes coahuiltecos. La ciudad de San Antonio nació años más tarde, cuando se fundaron el presidio y la misión, conocida popularmente como El Álamo.

Se trataba de la segunda ocasión en que el franciscano mallorquín llegaba a Texas. A finales del siglo XVII, España se había propuesto acabar con la intromisión francesa en el golfo de Nueva España, que era el fuerte de San Luis establecido por el explorador René Robert de La Salle en la bahía de Matagorda, a unos 350 km al sudeste de San Antonio. La misión de exploración se le encargó a Alonso de León, gobernador de Coahuila.

En 1689 Alonso de León salió del presidio de San Francisco de Coahuila en diversas expediciones hacia el este para descubrir la zona que había sido ocupada por los franceses. No fue hasta la cuarta expedición que, acompañado por el misionero mallorquín Massanet, halló lo que quedaba del fuerte de San Luis, las ruinas abandonadas y los cadáveres de sus defensores masacrados por los indios karankawa. Una vez cubierta la orden de averiguar la existencia de presencia extranjera, el siguiente paso fue asegurar la región contra posibles incursiones francesas, y para ello se decidieron a levantar la primera misión texana con su correspondiente guarnición militar.

Una evangelización muy complicada

El día 1 de junio de 1690, fray Damián Massanet estableció, en honor a San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, la misión de San Francisco de los Texas cerca del río Neches, en tierras de los indígenas caddo y a escasos 250 km de la plaza francesa de Natchitoches (Luisiana). Pero la evangelización de Texas fue muy complicada, entre otras razones, por la actitud guerrera de los indios. La defensa de la misión provocó fuertes desencuentros entre Massanet y De León, sobre todo, cuando el militar quiso apostar cincuenta soldados para controlar a los caddo, Massanet solo aceptó cinco soldados.

Al año siguiente el franciscano mallorquín regresó a Texas con el gobernador Domingo Terán para consolidar el territorio comprendido entre los ríos Rojo y Guadalupe. Después de dar nombre al río San Antonio, la expedición llegó a la misión de San Francisco de los Texas, donde se quedó Massanet. Terán siguió avanzando hacia el este hasta alcanzar los asentamientos caddo en el río Rojo, aunque no se llegó a establecer ninguna nueva misión.

La situación empeoró en octubre de 1693 al tener que abandonar la misión de San Francisco después de muchos problemas como la pérdida de cosechas, inundaciones, escasez de víveres y las hostilidades con los nativos, que culpaban a los españoles por llevar epidemias como la viruela a la región. Massanet y sus compañeros sacerdotes enterraron el cañón y las campanas de la misión, para luego quemarla y abandonar el lugar.

La misión sólo duró tres años

La misión de Texas solo duró tres años, pero marcó el primer paso en los esfuerzos españoles para cristianizar las tierras de Texas, en la que además de coahuiltecos, karankawa y caddo, habitaban apaches y comanches.

Dos décadas después de que fray Damián Massanet hubiera enterrado la campana de la primera misión texana, España regresó para colonizar y asentarse en Texas. El virrey marqués de Linares mandó al capitán Domingo Ramón con una compañía de soldados y un grupo de religiosos con el propósito de establecer nuevas misiones y algún puesto militar, para de este modo impedir la penetración de los franceses desde el Mississippi.

En 1716, se crearon en el este de Texas las misiones de San Miguel de Linares de los Adaes, San José de los Nazonis y Nuestra Señora de la Purísima Concepción. Dos años más tarde, a orillas del rio San Antonio, se plantaron los cimientos, una misión y un presidio, de lo que iba a ser la capital política de Texas. La misión de San Antonio de Valero, El Álamo, nació con el cometido principal de la conversión al catolicismo, hispanización y protección de los menos hostiles indios coahuiltecos. El asentamiento español se completó con la construcción del presidio de San Antonio de Béxar en el lado oeste del río San Antonio, estableciéndose a su alrededor una treintena de familias. Pronto San Antonio se convirtió en el punto crucial de las relaciones hispano-apaches en Texas. Hacia el sudeste de San Antonio, en las inmediaciones del antiguo fuerte francés de San Luis, en la bahía de Matagorda, se creó el presidio de Nuestra Señora de Loreto de la Bahía para proteger la nueva misión de Nuestra Señora de la Bahía del Espíritu Santo de Zúñiga. El binomio presidio-misión fue la pieza clave para la conquista pacífica española de la provincia de Texas y de toda la América Española.

Al sur del presidio de San Antonio y a lo largo del curso del río se fundaron las misiones de San José y San Miguel de Aguayo y de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Acuña y además se trasladaron las de San José de Nazonis y de San Francisco de los Texas con los nuevos nombres de San Juan Capistrano y de San Francisco de la Espada, respectivamente.

Las misiones de San Antonio eran mucho más que iglesias, eran pueblos fortificados, con su propia iglesia, granja y rancho. Estas cuatro misiones siguen en pie hoy en día, y constituyen el Parque Histórico Nacional de Misiones de San Antonio. Continúan siendo parroquias católicas activas que sirven a las comunidades de los alrededores, entre las que se encuentran los coahuiltecos, reunidos en la organización «Tāp Pīlam Coahuiltecan Nation».

Cuatro misiones que siguen en pie

Durante el siglo XVIII, las misiones del río San Antonio cambiaron para siempre la vida de los coahuiltecos, introduciendo nuevas técnicas mientras instauraban nuevas normas culturales. Los coahuiltecos pasaron de cazadores-recolectores nómadas a agricultores sedentarios y trabajadores cualificados. Dentro de los muros de la misión los indios vivían, rendían culto y asistían a clases. Aprendieron el oficio de herreros, a tejer telares europeos, a cortar piedra y a hacer zapatos y ropa de algodón.

Fuera de los muros, los coahuiltecos tendían campos, huertos y ganado. Las misiones texanas florecieron hasta el golpe fatal de su secularización iniciada en 1794. A la sustitución de los religiosos franciscanos por curas del clero secular se unió la salida de los coahuiltecos a la sociedad y comunidad española que crecía más allá de las tierras de las misiones.

A los coahuiltecos se les entregaron tierras, y como ciudadanos españoles que eran, gozaron de los mismos derechos y obligaciones que otros colonos españoles y novohispanos. Pero su situación cambió radicalmente cuando después de la independencia de España en 1821, Texas se integró en los Estados Unidos en 1845, lo que supuso la invasión de sus tierras, la creación de las denominadas «reservas» y su expulsión final hacia el Territorio Indio, en Oklahoma.

Los descendientes de los que asistieron a la misa celebrada por fray Damián Massanet y que sobrevivieron a las tropelías de los «blancos», desde su organización Tāp Pīlam Coahuiltecan Nation son reconocidos por el Estado de Texas como el pueblo aborigen del sur de Texas, por la ciudad de San Antonio son reconocidos como el pueblo aborigen de la ciudad y por el arzobispado de San Antonio son reconocidos como las familias aborígenes y los primeros católicos de Texas.

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