Ana posa con su bebé en el Obispado de Mallorca, donde se encuentra el local de RedMadre

Ana posa con su bebé en el Obispado de Mallorca, donde se encuentra el local de RedMadreM. A.

Ana siguió adelante con el embarazo: «Me decían que abortar era lo fácil; ahora sé que es una salvajada»

Tras sufrir el «trauma» de un aborto voluntario en 2021 empujada por la «presión social», esta mallorquina cría a su bebé gracias a la RedMadre que la rescató

En la pequeña sala de la sede de Red Madre de Palma, el aire se llena de confidencia. Ana habla con la voz pausada mientras mece un carrito que parece custodiar un tesoro. Dentro duerme Santiago, su bebé de cinco meses. Cuando la madre comienza a relatar la depresión que la mantuvo encerrada durante el embarazo y el recuerdo traumático de un aborto en 2021, algo mágico sucede. Santiago rompe el silencio con un llanto suave.

Ella lo saca del cochecito con una destreza que hace meses no creía poseer. «Nunca os daré las gracias lo suficiente», repite mientras arrulla al pequeño. Santiago estira su mano diminuta y con una fuerza sorprendente se aferra al dedo de la periodista y no lo suelta. Es un agarre firme, un ancla de piel como si dijera: «Aquí estoy, gracias por escuchar que existo».

Santiago es un bebé no esperado que iba a ser abortado. Su madre, una mujer que no tenía en sus planes la maternidad. En 2025, esta mallorquina se quedó embarazada. Acababa de perder su trabajo como directora de hotel y sólo llevaba seis meses de relación con su nueva pareja, un chico colombiano sin papeles. «Tenía muchas dudas sobre si seguir adelante», reconoce. Un día buscando por Internet encontró a RedMadre, una asociación donde la ayudaron a tomar la mejor decisión de su vida. Parir a Santiago.

RedMadre ayudó a nacer 120 vidas

«RedMadre nace para las mujeres que dudan», dice Maribel Riera en la oficina de esta entidad, ubicada en un despacho cedido por el Obispado de Mallorca. «La que quiere abortar no contacta con nosotros. Contacta la que quiere seguir adelante pero tiene obstáculos que la paralizan», reconoce esta voluntaria que atiende a mujeres que llegan al borde del colapso. El equipo les ofrece acompañamiento hasta que el bebé cumple los dos años.

Desde junio de 2024, la asociación ha puesto nombre y apellidos a 120 crisis. 120 bebés nacidos en la cuarta región con mayor tasa de interrupciones voluntarias de España por detrás de Canarias, Asturias y Cataluña.

Son mujeres que llegan con el test positivo en una mano y el miedo en la otra porque les falta el apoyo de la pareja o porque sus familias miran hacia otro lado. «Vienen con miedos reales. La mayoría es por una cuestión económica» porque no saben cómo sacar a su hijo solas, afirma.

Las dudas de Ana hasta en el paritorio

Ana tenía miedo. «Los primeros tres meses cada cinco minutos cambiaba de opinión. Unos minutos decía 'sí, adelante', y a los cinco minutos pensaba que era una locura, que terminaría viviendo bajo un puente con mi perro y mi bebé», rememora esta usuaria de RedMadre, que accede a contar su testimonio a El Debate para ayudar a otras madres que estén en su misma situación, usando un nombre ficticio para mantener el anonimato.

Ana entiende que haya dudas. Las de ella no amainaron ni en el paritorio. «Me decía: en qué embolao te has metido...». Pero la vida tiene sus propios tiempos y fue esa primera noche en el hospital, a las 24 horas de nacer Santiago, cuando conectó con su hijo. «Ver cómo me buscaba el pecho... ahí fue el flechazo. No sabía que me podía caber tanto amor dentro», confiesa mientras le hace carantoñas.

Ella es el testimonio vivo de que la libertad de la mujer para elegir ser madre necesita, a veces, un hombro donde apoyarse. Sin familia —sus padres se niegan a conocer al nieto— y con una presión social que la empujaba al aborto, su red de apoyo fueron Maribel, la matrona, los abogados y psicólogos de la asociación.

La frase: «No te arrepentirás de tener un hijo»

«Te arrepientes de no tenerlo pero nunca te arrepentirás de tener un hijo», le dijeron. Una frase que llevaba varios retumbando en su cabeza porque ella ya sabía lo que era deshacerse de un hijo.

En 2021, abortó voluntariamente bajo una «presión social» y familiar que la marcó. Por eso, cuando el año pasado el test volvió a dar positivo tras dejar los anticonceptivos por prescripción médica, el pánico la paralizó. «La culpa no te la quitas», confiesa con la mirada ida pensando en aquella vida truncada.

Siguió adelante con este segundo embarazo, con la ayuda de RedMadre. Se levantó de la cama, abrió la puerta de casa y salió a buscar un trabajo de recepcionista ocultando su embarazo hasta pasar el periodo de prueba para garantizar un techo a su hijo.

Hoy, aunque el contrato de alquiler acecha y la estabilidad laboral se tambalea, Ana no habla de carencias sino de planes. Habla de su pareja, que pronto tendrá papeles legales, y de cómo ambos han decidido que él trabaje para que ella pueda exprimir cada segundo de la infancia de Santiago. «Quiero criarlo, quiero cuidarlo, quiero disfrutar de él».

Mientras la entrevista llega a su fin, Santiago sigue aferrado al dedo. Su madre ríe amargamente, recordando cómo sus amigas y su padre le insistían en que abortar era «lo más fácil». «Ahora que sé lo que es, me parece antinatural, una salvajada».

Santiago suelta el dedo pero lo hace para buscar el rostro de su madre. En ese intercambio de miradas se entiende todo: no hace falta tener una vida perfecta para dar vida, sólo hace falta alguien que te diga que no estás sola.

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