Portada de la 'Gramática de la lengua mallorquina de Juan José Amengual' (Palma, 1835)

Portada de la 'Gramática de la lengua mallorquina de Juan José Amengual' (Palma, 1835)

Historia

El ocaso del náhuatl y del mallorquín

Si en Nueva España la castellanización significó la desaparición del náhuatl, en Baleares la catalanización ha supuesto la extinción de la lengua baleárica y mallorquina

Aprender la lengua de los nativos y conocer su cultura y religión, fueron las premisas básicas de los religiosos que llegaron al Nuevo Mundo. Eran las herramientas esenciales de la doctrina del sabio mallorquín Ramón Llull para la conversión. El conocimiento de las lenguas indígenas fue elemental para una efectiva comunicación del evangelio y, que, además resultó determinante para la posterior conservación de estas. Dos siglos y medio antes el propio Llull había aprendido el árabe en Mallorca para poder partir hacia el norte de África para convencer con sus razones necesarias a los infieles.

La lengua náhuatl de mexicas, tlaxcaltecas, cholultecas… extendida por todo Mesoamérica en el momento de la llegada de Hernán Cortés en 1521, no sólo fue respetada; fue promovida y, por primera vez, dotada de una gramática a los pocos años de la conquista, como ocurrió con el resto de lenguas indígenas de la América Española (purépecha, otomí, mapuche, maya, guaraní, quechua, aymara…). Los franciscanos tuvieron el apoyo de la Corona para poder estudiar las lenguas nativas y así realizar la enseñanza franciscana del cristianismo en las lenguas propias de los naturales. El colegio de Santa Cruz de Tlatelolco fue fundado por los franciscanos en 1533 con el principal objetivo de la preparación de jóvenes indígenas para el sacerdocio. En este colegio, los frailes utilizaban tres idiomas: español, náhuatl y latín.

Uno de sus religiosos fue fray Andrés de Olmos, gran conocedor de la lengua de los nativos; y que, inspirado en la gramática castellana de Nebrija escribió en 1547 el «Arte de la lengua mexicana». Fue la primera codificación gramatical de una lengua nativa americana con caracteres latinos; hasta entonces el náhuatl contaba con un sistema de escritura figurativa a base de símbolos y glifos. De esta manera, el náhuatl se convirtió en la primera lengua indígena en poseer una gramática, antes incluso que el francés, que la tuvo en 1550 a cargo de Luis Maigret, y que el mallorquín, que la tuvo en 1835 a cargo de Juan José Amengual. Hasta entonces, como era lo habitual, las gramáticas publicadas en Mallorca, como la «Grammaticae latinae institutio» de Andrés Sempere que el franciscano Juan Fiol tradujo al mallorquín en 1651 («Gramàtica llatina des Semperi, traduïda en mallorquí y seguid de una taula alfabètica des verbs») eran para aprender latín.

Durante los siglos XVI y XVII los religiosos españoles redactaron multitud de gramáticas, diccionarios y vocabularios de las lenguas americanas para la evangelización de los nativos. Al contrario de lo que proclama la Leyenda Negra, con la conquista española, el náhuatl extendió su territorio, hacia el sur y el norte, expandiéndose antes y más lejos que el español. Llegó hasta Guatemala con el conquistador Pedro de Alvarado y sus ejércitos de tlaxcaltecas y cholultecas, y a finales del siglo XVI llegó hasta el norte de México con los tlaxcaltecas que fueron a poblar ciertas regiones de Nueva Galicia y los nuevos territorios explorados de Nuevo León. Durante todo el siglo XVI, el idioma mexicano siguió siendo la lengua más utilizada, obligando a hablantes de otras lenguas mesoamericanas a alfabetizarse primero en náhuatl y posteriormente en su lengua materna. Felipe II, convencido de la importancia del náhuatl para enseñar a la población indígena, emitió un decreto en 1570 con el objetivo de convertirlo en el idioma oficial de Nueva España y así facilitar la comunicación entre la comunidad indígena. Años más tarde, expidió una cédula por la que se crearon diversas cátedras de lenguas en las universidades de América, aunque no fue hasta el año 1626 cuando finalmente se instauraron las cátedras de náhuatl y otomí en la Universidad de México.

A finales del siglo XVI el náhuatl era la lengua más utilizada en Nueva España. En su «Historia eclesiástica indiana» el franciscano Jerónimo de Mendieta, relataba que la «lengua mexicana es la general que corre por todas las provincias de esta Nueva España». También tenía su propia literatura. Fernando Alvarado Tezozómoc, nieto de Moctezuma, escribió la historia del pueblo mexica desde su salida de Aztlán hasta el inicio de la conquista de México, en la llamada «Crónica Mexicayotl». Durante dos siglos, el uso del náhuatl escrito fue muy intenso utilizándose en testamentos, obras de teatro, poemas, himnos religiosos y otros documentos.

Entre 1607 y 1637, el historiador indígena Domingo Francisco Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin escribió un conjunto de obras históricas en náhuatl: «Las ocho relaciones» y el «Memorial de Colhuacán». En 1649 el sacerdote novohispano criollo Luis Lasso de la Vega escribió «Huei Tlamahuiçoltica» («El gran acontecimiento»), donde se relataban las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531. En pleno siglo XVIII el náhuatl seguía de uso corriente en Nueva España. Felipe V ordenó que los párrocos nuevos estuvieran «con perfección instruidos en los idiomas de los naturales y éstos en el castellano». El náhuatl cristianizado se había difundido ampliamente gracias a la imprenta y el comercio. Una ventaja del idioma mexicano era que era más sencillo de aprender que otros idiomas nativos y estaba asociado a la civilización y el prestigio, se había convertido en la lengua franca de Nueva España. En 1753, Carlos de Tapia Zenteno escribió el «Arte Novíssima de Lengua Mexicana», una gramática en la que reflejó el náhuatl cambiante de la época.

Hasta pocas décadas antes de la independencia de México, el náhuatl seguía al mismo nivel que el español, aun a pesar que durante el reinado de Carlos III, el centralismo también afectó al idioma mexicano, ya que el poder en el Imperio español se centralizó tratando de evitar el bilingüismo en la administración. Pero aun siguiendo esa línea, la política en torno al náhuatl fue dispar. Con el decreto de 1770 se estableció la creación de nuevos centros de enseñanza completamente en español para la nobleza indígena, en un intento de suprimir el náhuatl clásico como lengua literaria, aunque con escaso éxito. Siete años más tarde Carlos III dotó las cátedras del náhuatl y del otomí en el Real Colegio de San Francisco Javier en Tepotzotlán.

En la década de 1810, al inicio del movimiento de independencia mexicano, el náhuatl era la lengua del 60 % de los seis millones de habitantes del país. Con la consumación de la independencia de México, el uso escrito del náhuatl desapareció como medio oficial de documentación.

A lo largo de la época moderna, la situación de las lenguas indígenas aumentó en precariedad cada vez más en México, y el número de hablantes de prácticamente todas las lenguas indígenas disminuyó. La mayor imposición del español y la discriminación contra los idiomas indígenas se volvió habitual. Los grandes cambios en las comunidades indígenas se dieron a partir de las reformas agrarias emergidas a mediados del siglo XIX, con lo cual se abolieron las tierras comunales, lo que provocó que, en consonancia con lo sucedido a los nativos de EE.UU., poco a poco fueran perdiendo sus tierras, su identidad, su lengua, e incluso su libertad: «no debe tolerarse la subsistencia de comunidades de indígenas, procurándose por el contrario la repartición de los bienes de que han sido propietarios y éste es cabalmente uno de los principales preceptos de la ley».

Este proceso de castellanización significó la progresiva sustitución del náhuatl. La dictadura de Porfirio Díaz supuso la eliminación de las lenguas nativas, buscando el desarrollo y el progreso del país bajo un nacionalismo mexicano. Ya en el siglo XX el sistema educativo se convirtió en el responsable del desplazamiento lingüístico masivo de las lenguas indígenas. Hoy en día, ese porcentaje es de sólo un exiguo 6,6 %. El escritor y periodista mexicano Juan Villoro defendió esta tesis en una conferencia organizada en 2023 por la Facultad de Lenguas y Educación de la Universidad Nebrija y la Fundación Nebrija: «el exterminio de las lenguas originales ha sido responsabilidad del México independiente; sin embargo, no deja de haber una retórica que dice que las lenguas indígenas no existen porque España nos dominó».

Si en Nueva España la castellanización significó la desaparición del náhuatl, en Baleares la catalanización ha supuesto la extinción de la lengua baleárica y mallorquina. Y curiosamente este proceso comenzó también a comienzos del siglo XIX con la desaparición de la Universidad Literaria de Mallorca después de cinco siglos de existencia. Con la vuelta del poder absoluto en manos de Fernando VII se inició una política centralizadora de universidades, abocando a muchas de ellas al cierre. En 1829 se suprimió la Universidad mallorquina, pasando a ser un Seminario Conciliar adscrito a la universidad catalana de Cervera. Aunque en 1840 reapareció efímeramente como Universidad Literaria Balear, dos años más tarde se suprimió definitivamente para incorporarse a la Universidad de Barcelona.

A partir de entonces los baleáricos tuvieron que desplazarse a la Península (básicamente a Barcelona) para cursar sus grados de medicina, filosofía, derecho, teología…. Era la época del romanticismo, de la incipiente Renaixença catalana que reivindicaba un supuesto pasado glorioso y antiquísimo de su nación catalana. Ahí estudiaron sus grados ilustres poetas, literatos y escritores baleáricos como Mariano Aguiló, Juan Luis Estelrich, Miguel de los Santos Oliver, Miguel Costa, Gabriel Alomar, Miguel Ferrá, Miguel Forteza, Juan Pons, Guillermo Colom... La gran mayoría de ellos se vieron fuertemente influenciados por los ideales de la Renaixença catalana trasladándolos a una realidad baleárica, desde siempre distinta a la catalana, pero que por la semejanza de las lenguas (ambas son dialectos de la lengua de oc) aplicaron la ecuación de misma lengua (catalana) = misma nación (catalana), lo que su supuso la desaparición de la lengua mallorquina, aunque contase con gramática, ortografía y diccionario propios y desde 1926 con una silla en la Real Academia de la Lengua.

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