Yacimiento de Ses Fontanelles
Roma naufragó en el Arenal: la Armada rescata el 'espinazo' de un barco de 1.700 años entre bañistas
Extraen la quilla del pecio de Ses Fontanelles, una cápsula del tiempo del siglo IV hundida a 65 metros de la Playa de Palma con 300 ánforas y símbolos cristianos
Bajo el trajín de los bañistas enfrente de los hoteles con turistas, Roma aguardaba su turno. A solo sesenta y cinco metros de la orilla de la playa de Palma, la Armada Española ha devuelto a la superficie la quilla de Ses Fontanelles, la columna vertebral de un barco del siglo IV sepultado en una de las playas más masificadas de Mallorca. Tras diecisiete siglos de olvido, este espinazo de madera emerge de nuevo para dar testimonio del tiempo en que el Mare Nostrum era la gran autopista de la fe y el comercio imperial.
La maniobra, ejecutada por el Centro de Buceo de la Armada, no ha sido fácil. Ha hecho falta retirar toneladas de arena y ese manto de posidonia que, paradójicamente, ha servido de sudario protector contra el oxígeno y el olvido. La extracción de la quilla es el corazón de una segunda fase de excavación que sitúa a Mallorca en el mapa de la arqueología mundial: pocas veces el mar devuelve una estructura tan entera, tan nítida, ni tan real.
Los buzos el pasado mes de abril
El barco es una fotografía fija del año 300. Zarpó de las costas de Cartagena cargado hasta los topes, rozando casi el hundimiento por el peso de más de 300 ánforas. En su vientre de madera transportaba básicamente aceite, vino y ese garum —la salsa de pescado que era el oro líquido de Roma— que aún hoy, al abrir las vasijas, permite a los investigadores oler el pasado.
Los objetos
Pero lo que estremece de Ses Fontanelles es el rastro humano. Bajo el lodo han aparecido los objetos que alguien dejó atrás antes de que el mar se tragara sus planes: un zapato de cuero, otro de esparto, las herramientas del carpintero de a bordo y esa moneda de Siscia colocada bajo el mástil, un amuleto para una fortuna que, aquel día del siglo IV, decidió darle la espalda.
Incluso la fe de aquellos marineros quedó sellada en los tapones de las ánforas. El crismón, el símbolo de Cristo, aparece grabado como un salvoconducto espiritual en un mundo que empezaba a cambiar de dioses pero no de rutas.
Ahora, con la quilla a salvo, el Consell de Mallorca mira al futuro. El objetivo es ambicioso porque hay que sacar el esqueleto completo, tratarlo, desalarlo y, por fin, llevarlo a un museo. Bajo el sol implacable del Arenal, la vida sigue su curso de toalla y chiringuito, ajena a que hoy la Historia pesa un poco menos bajo el agua.