Carot, en el centro, junto con su equipo
Jaume Carot
El rector de la universidad pública de Baleares, de marcado sesgo catalanista, dice que «no le gusta» la llegada del CEU
La nueva universidad privada arranca esta semana con más de 200 alumnos y cuatro grados sanitarios, mientras la UIB refuerza su apuesta institucional por el catalán
El rector de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), Jaume Carot, ha vuelto a mostrar su rechazo a la llegada del CEU a Mallorca. Este lunes, coincidiendo con el inicio del curso universitario, lo ha dicho sin demasiados rodeos en una entrevista en IB3 Radio: «No me gusta». Carot se ha definido de nuevo como un firme defensor de la universidad pública. También ha querido rebajar cualquier alarma sobre el futuro de la institución que dirige: el presupuesto de la UIB, ha recalcado, está garantizado.
El problema para él, por tanto, no es económico y de hecho, tampoco es nuevo. El pasado mes de diciembre, cuando el CEU todavía preparaba su implantación en la isla, el rector ya había dejado clara su posición. «Preferiría que no estuviera, pero no es competencia mía», afirmó entonces. Nueve meses después, con el centro abierto y más de 200 alumnos a punto de empezar las clases, apenas ha cambiado el tono.
La reacción de Carot encaja con una universidad que desde hace décadas tiene un peso político, cultural y lingüístico que excede con mucho su actividad académica. La UIB ha sido uno de los grandes centros de defensa del catalán en Baleares y dentro de la institución existe un sector docente de orientación claramente catalanista, con presencia e influencia nada marginales. Además, la implantación del CEU evidencia un nicho no cubierto por parte de la pública: la formación de las ramas sanitarias. El CEU abre este lunes con Medicina, Enfermería, Fisioterapia y Psicología. Más de 200 alumnos se han matriculado y el 90 % son de Baleares, según ha explicado a El Debate su directora, Antònia Sampol.
El porcentaje ayuda a entender parte del atractivo del proyecto. Baleares lleva años viendo cómo muchos jóvenes se marchan a la Península para estudiar carreras con pocas plazas en las Islas. Al mismo tiempo, el sistema sanitario tiene problemas para cubrir determinados puestos. Sampol resume así la filosofía con la que nace el centro: «El CEU está para sumar, no para restar».
También rechaza hablar de una guerra con la UIB. «No lo veo en absoluto en términos de competencia», afirma. Reconoce la labor de la universidad pública en la formación de médicos y sostiene que ambas instituciones pueden ayudar a cubrir las carencias de personal sanitario. Hay, eso sí, una diferencia importante en el perfil del alumnado. Según Sampol, muchos estudiantes que llegan desde otras comunidades para estudiar en la pública regresan después a sus lugares de origen. En la primera promoción del CEU, nueve de cada diez matriculados son baleares.
Carot ya había intentado restar importancia a esa posible competencia en diciembre. Recordó entonces que Medicina y Enfermería cuestan en la UIB alrededor de 1.200 euros al año y que una universidad privada maneja cifras muy superiores. Donde el rector sí vio un conflicto fue en las prácticas clínicas. «Pueden competir por las plazas de prácticas en los hospitales, pero primero serán nuestras», dijo.
La Facultad de Medicina de la UIB había reclamado al Govern que protegiera su acceso preferente a los hospitales públicos. Sampol no comparte ese temor. Asegura que en un hospital del tamaño de Son Espases existe margen suficiente para recibir más estudiantes y recuerda que el CEU dispondrá de 22 laboratorios y aulas de simulación, además de acuerdos para desarrollar prácticas asistenciales.
El Govern balear, por su parte, ha mantenido hasta ahora una posición bastante distinta de la del rector. Ha respaldado la ampliación de la oferta universitaria y se ha opuesto al endurecimiento de los requisitos estatales para crear nuevos centros privados.
Unas islas sedientas de profesionales
Mientras tanto, las previsiones sobre falta de profesionales sanitarios siguen pesando. Sampol recuerda que durante los próximos años habrá jubilaciones, plazas difíciles de cubrir y necesidad de nuevas incorporaciones. El CEU utiliza además otro argumento especialmente sensible en unas islas: el coste de mandar a un hijo fuera. La institución, una fundación sin ánimo de lucro, sostiene que estudiar una carrera sanitaria sin abandonar Baleares evita a muchas familias años de alquiler, desplazamientos y manutención en la Península. «Poder formarse con calidad sin salir de Baleares es un avance social de primer orden», afirma Sampol.
La pública y el catalán
Aparcando la cuestión formativa, hay otro vector clave cuando se habla de la ampliación de la oferta formativa en Mallorca, y es la lengua. No hace falta ir demasiado atrás para encontrar ejemplos del activismo de la pública a favor del catalán. Hace apenas unos meses, la universidad se posicionó contra la propuesta del presidente del Parlament balear, Gabriel Le Senne, de Vox, para que el Diario de Sesiones reflejara con mayor fidelidad determinadas modalidades lingüísticas de las Islas. La Comisión Técnica de Asesoramiento Lingüístico de la UIB defendió el uso del catalán estándar en el registro parlamentario y rechazó que el llamado artículo salado tuviera que trasladarse de forma ordinaria a las transcripciones oficiales. También censuró las denominaciones «lengua mallorquina» y «lengua balear». Para la universidad, la denominación científica y oficial es catalán o lengua catalana. Es una posición histórica de la UIB, que además ejerce como órgano consultivo de la comunidad autónoma en esta materia.
La política lingüística interna va en la misma dirección. El Consejo de Gobierno ha aprobado el Plan de Lenguas 2026-2030, con el objetivo declarado de reforzar la presencia del catalán en la docencia, la investigación, la gestión y la actividad cotidiana de la institución. El plan considera necesario aumentar su uso y convertirlo en lengua habitual de comunicación y trabajo dentro del campus. El castellano y el inglés aparecen también en el modelo lingüístico, pero la prioridad institucional pasa por reforzar el catalán.
Otro ejemplo lo ofrece la Facultad de Educación. Un informe técnico presentado este año, elaborado sobre una muestra de 1.157 alumnos, constata una diferencia llamativa entre lo que ocurre dentro y fuera de la facultad. En las aulas, en el trato con los profesores y en las gestiones administrativas, el catalán tiene un peso predominante. En la vida personal de esos mismos estudiantes ocurre lo contrario: el castellano gana claramente en las relaciones de amistad, pareja y trato con desconocidos. Ir contra la propia realidad, se llama.