Imagen del peñón de Argel

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Historia

Las piedras mallorquinas que acabaron formando el dique del puerto de Argel

Tras la conquista de Granada, la Corona confió al reino balear el suministro, defensa y fortificación de enclaves clave como Bugía y el Peñón de Argel, una gesta olvidada que marcó la frontera del Mediterráneo occidental

El 2 de enero de 1492, el último emir de Al-Ándalus salió de la Alhambra, entregó las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos y partió hacia el exilio. La noticia de la entrada de los reyes españoles en Granada fue objeto de satisfacción de los jurados de Mallorca que así se lo hicieron saber al rey: «ab gran e molt desig spants la gloriosissima nova de la excel·lent conquesta de la ciutat e Regne de Granada»; como también en el resto de Europa, especialmente en Roma, que se interpretó como una señal de que la cristiandad podía continuar su expansión y recuperar Jerusalén.

Con la reconquista de la Península finalizada, la política exterior de la Monarquía de España se centró en el mantenimiento de una frontera segura con los musulmanes, ya que los nazaríes desalojados de Granada y afincados en diversos puertos norteafricanos alentaban la piratería contra el comercio cristiano y un posible retorno a sus antiguos hogares. Los Reyes Católicos iniciaron la conquista de plazas africanas siendo uno de los primeros objetivos alcanzados la ciudad de Melilla en 1497, a la que siguieron Mazalquivir, el de Peñón de Vélez de la Gomera y Orán.

Dada su excelente situación, el reino balear fue protagonista activo en la adición al cinturón defensivo norteafricano de las plazas de Bugía y el Peñón de Argel. Baleares fue pieza fundamental tanto por el interés de retomar el comercio con las ciudades africanas que con las conquistas castellanas se había ido rompiendo, como para frenar las incursiones sarracenas en el archipiélago. De hecho, un año antes se había producido el rescate de veintidós pescadores mallorquines en aguas de Cabrera que habían sido capturados por dos galeras de corsarios berberiscos.

Para llevar a cabo la empresa de la conquista de Bugía las islas de Ibiza y Formentera fueron las bases escogidas para concentrar la flota. Así el mes de diciembre de 1509 una escuadra procedente de Orán comandada por Pedro Navarro llegó a las Pitiusas. A ella se añadieron «ocho bajeles mallorquines, tripulados con gente de mar y tierra de esta isla», relataba el cronista Alvaro Campaner. Día 1 de enero de 1510 la escuadra zarpó hacia Bugía y la conquistó al cabo de cinco días.

La conquistó en cinco días

Para poder alcanzar el objetivo de mantener la plaza africana se hizo preciso aprovisionar Bugía de suministros y ponerla en estado de defensa; labor que fue encargada al lugarteniente del reino de Mallorca Juan Aymerich. Al cabo de un mes, el 14 de febrero llegaron a Bugía seis embarcaciones mallorquinas transportando alimentos y cuatrocientos isleños de los oficios de carpintero, herrero, albañil, además de otros para llevar a cabo las reparaciones y fortificaciones necesarias. Además de satisfacer las necesidades materiales de los destacados en Bugía, desde Mallorca llegó mosén Miguel Morro, nombrado obispo de Bugía acompañado de fray Antonio Muñoz «per execir lart de predicacio e imitar lo glorios doctor mestre Ramon Llull»; como harían luego en Canarias y en América los misioneros mallorquines.

La relación de la Mallorca cristiana con la Bugía musulmana se remontaba a doscientos años atrás. En el año 1302 la ciudad argelina se había convertido en el primer consulado mallorquín en el Mediterráneo en el marco de la política económica de Jaime II de Mallorca. La creación del consulado mallorquín de Bugía fue la puerta que permitió que Ramón Llull se instalara para predicar su fe e intentar convertir a los musulmanes al cristianismo. Llull predicó en la plaza pública de Bugía en árabe, donde la multitud se enfureció, lo agredió y fue encarcelado durante seis meses antes de ser expulsado.

La creación del consulado mallorquín de Bugía fue la puerta que permitió que Ramón Llull se instalara para predicar su fe e intentar convertir a los musulmanes al cristianismo

A finales del mismo mes de enero de 1510 Pedro Navarro sometió a vasallaje a los emires de Argel y de Tunez y tomó el islote situado frente a Argel además de las plazas norteafricanas de Gíger, Tedelis y Tenes. Continuando hacia Oriente, Navarro conquistó Trípoli en el mes de julio. Con todas esas conquistas y acuerdos aquella zona del Mediterráneo estaba en condiciones de gozar de una mayor seguridad. Para consolidar el dominio español el rey Fernando tenía proyectado que «en estas ciudades no ha de a ver moro ninguno sino que al adelante se han de poblar de cristianos y que al presente han de estar con guarnición de cristianos». Pero el deseo del rey se truncó en el mes de agosto después del fracaso de la conquista de la plaza tunecina de Djerba que hubiera completado el cinturón defensivo. El emir de Túnez rompió el pacto y la inmediata prioridad que supusieron las Guerras de Italia paralizaron por completo las grandes ofensivas terrestres de Fernando el Católico en el norte de África. De este modo, en lugar de emprender nuevas invasiones, la Corona centró sus limitados recursos africanos en asegurar lo ya sometido; una transición que culminó en 1514 con el inicio de la construcción de la fortaleza del Peñón de Argel, convirtiendo un punto de vigilancia temporal en un presidio militar permanente frente a las costas berberiscas.

De nuevo el reino baleárico fue encargado por el rey Fernando de levantar y mantener la fortaleza en el peñón. Para erigir el castillo partió desde Mallorca la mano de obra necesaria que era descrita por los mismos jurados isleños como «lo major y los millors obrers de vila y picapedrers de aquesta ylla, havem tramessos a la fortalesa de Alger». La fortaleza africana era una prolongación de Mallorca, estaba construida por mallorquines y guardada mayoritariamente por mallorquines tal como lo testimoniaba una carta del alcaide de la plaza, el caballero mallorquín Nicolás de Quint: «de les quatre parts les tres som fills de aquest Regne».

A más de doscientos kilómetros al este, la plaza africana de Bugía disfrutaba de una relativa tranquilidad. Pero a pesar de la misión de vigilancia del emir argelino desde el Peñón de Argel, la paz acabó el mes de agosto del año 1515, cuando el pirata Horuc Barbarroja, al servicio del emir, intentó apoderarse de ella. Ante el ataque pirata a la estratégica plaza el rey Fernando volvió a precisar los servicios del reino de Mallorca. El nuevo lugarteniente Miguel de Gurrea salió a defender la importante plaza norteafricana. En poco tiempo, el 15 de agosto, zarpó de Mallorca una potente escuadra de tres mil hombres comandada por el mismo lugarteniente Gurrea hacia África, a la que se unió un contingente del reino de Valencia. Al cabo de una semana la armada cristiana llegó al puerto de Bugía, consiguiendo entrar en la ciudad y socorrer a sus compatriotas. Finalmente, el mes de noviembre Barbarroja levantó el sitio y huyó.

Aquellas piedras mallorquinas se arrojaron al mar para unir los islotes con la línea de costa, dando forma al dique artificial que protegió el puerto argelino durante siglos

A la muerte de Fernando de Aragón en 1516, los pobladores de Argel vieron la oportunidad de sacudirse de la autoridad española. Horuc Barbarroja, aliado con los turcos, tomó Argel, deponiendo al emir vasallo de Castilla. La que no cayó fue la fortaleza del Peñón de Argel, a pesar de los ataques de Barbarroja. Dos expediciones españolas fueron enviadas a apoderarse de la ciudad de Argel, la de Diego de Vera y la de Hugo de Moncada, aunque ambas fracasaron.

Gracias a la alianza entre Horuc Barbarroja y el sultán Selim I, el Imperio otomano logró expandir sus dominios hacia el Mediterráneo occidental, intensificando la presión sobre las fronteras cristianas. El inicio de este vínculo histórico fue rememorado en 2018 —coincidiendo con el 500º aniversario de la muerte del pirata frente a las tropas españolas en Tremecén— mediante la inauguración de un monumento conmemorativo a Barbarroja. Al acto asistieron altas autoridades argelinas y turcas, marco en el cual la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación (TİKA) destacó que «'Oruç Reis (Barbarroja) sentó las bases de la amistad y la fraternidad entre los pueblos de Turquía y Argelia».

El Peñón de Argel sucumbió finalmente en 1529 ante el ataque turco-berberisco liderado por Haradín Barbarroja, hermano y sucesor de Horuc. Durante el asedio, el alcaide de la fortaleza, Martín de Vargas, resistió firmemente durante veintidós días junto a sus doscientos hombres. Tras agotar las municiones, la guarnición se rindió. Vargas y los cincuenta y tres supervivientes cayeron prisioneros, tras lo cual Barbarroja ordenó ejecutar al capitán español. Inmediatamente después, el pirata mandó desmantelar la fortificación y los edificios colindantes. Aquellas piedras mallorquinas se arrojaron al mar para unir los islotes con la línea de costa, dando forma al dique artificial que protegió el puerto argelino durante siglos. Hoy en día, esta estructura sigue integrando el complejo portuario y conserva el nombre de Jetée Kheir Eddine (el dique de Haradín).

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