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Los Reyes Don Felipe y Don Juan Carlos, en 2024 en Windsor, su última aparición en público juntos

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Casa Real  El 23-F vuelve a ensalzar al Rey Juan Carlos 45 años después del golpe

Empiezan a reconocerse de nuevo sus logros institucionales, que llevaban más de una década eclipsados por su comportamiento personal

Nadie esperaba que el golpe de Estado del 23-F fuera a tener una secuela 45 años después y, mucho menos, que la desclasificación de los papeles anunciada por el Gobierno de Pedro Sánchez acabara realzando la figura del Rey Juan Carlos hasta el punto de provocar una oleada espontánea de peticiones para que regrese a España, después de cinco años y medio de autodestierro en Abu Dabi.

Sin aportar nada nuevo, salvo detalles anecdóticos, los documentos del 23-F desclasificados esta semana han venido a corroborar lo que ya se sabía: que Don Juan Carlos paró el golpe. Pero, después de décadas de campañas en contra -primero de la extrema derecha y después de la izquierda-, algunos habían olvidado esos hechos, otros dudaban de su veracidad y un tercer grupo los ignoraba.

Aunque nadie lo podía prever, la desclasificación de los papeles se ha convertido en la campaña más poderosa y oportuna para rehabilitar la figura de Don Juan Carlos tras años de desgaste y desprestigio, al tratarse de documentos oficiales de la época que nadie sabía lo que podían contener. Cómo se iba a imaginar el propio Rey que, al final, una decisión de Pedro Sánchez sería el colofón perfecto para mejorar su imagen, tras la publicación de sus memorias, Reconciliación.

El mismo día que moría el otro protagonista del golpe, Antonio Tejero; la figura del Rey volvía a erigirse como la del gran defensor de la democracia y la libertad, lo que siempre fue en la memoria colectiva hasta que su comportamiento personal acabó eclipsando sus logros institucionales.

Feijóo y tres expresidentes

El momento ha sido aprovechado por el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, para pedir el regreso de Don Juan Carlos a España y evitar lo que la mayoría de los españoles no quieren que ocurra: que el Rey muera en el extranjero. Algo que también han venido pidiendo los expresidentes del Gobierno Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy.

Esta semana, por primera vez después de más de una década, ha empezado a cambiar la tendencia, y se ha vuelto a hablar de los logros institucionales del anterior Monarca más que de sus errores personales, hasta que la Casa del Rey se ha visto obligada a recordar que Don Juan Carlos puede regresar cuando quiera a España, pero que aún le queda una asignatura pendiente: si decide volver, debería recuperar la residencia fiscal en España.

No obstante, lo que reclama Zarzuela no coincide con lo que quiere Don Juan Carlos. Su deseo es mantener la residencia fiscal en Abu Dabi, visitar España dentro de los límites temporales que marca la ley (hasta 183 días al año) y vivir en el Palacio de La Zarzuela durante sus estancias en Madrid.

El Rey, más exigente que la ley

Aunque lo que Don Juan Carlos propone es legal para cualquier residente el extranjero, choca con el criterio ético del Rey Felipe, mucho más exigente que la ley. Don Felipe heredó una Corona dañada por los comportamientos privados inadecuados y el día de su proclamación se comprometió a «velar por la dignidad» de la Monarquía, a «preservar su prestigio y a observar una conducta íntegra, honesta y transparente».

Porque «sólo de esa manera -decía- se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones». A eso se refería cuando anunció «una monarquía renovada para un tiempo nuevo». Y un mes después del relevo en la Corona puso en marcha una batería de normas internas para preservar la institución de comportamientos dañinos y para que no se volvieran a repetir los errores del pasado.

También decía que los principios morales y éticos «están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares», como afirmó en el Mensaje de Navidad de 2020, el año que su padre partió a Abu Dabi.

Don Juan Carlos conoce desde hace mucho tiempo las elevadas exigencias éticas de su hijo y, además, ha pagado muy caro el precio de ignorarlas.

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