Antonio Moral Roncal, catedrático de Historia Contemporánea y autor de «Un Rey calumniado. Alfonso XIII y la Guerra del Rif»
Entrevista Antonio Moral: «En 1921 el PSOE era un partido antisistema que quería derribar a la Corona y utilizaba bulos»
El historiador acaba de publicar el libro Un Rey calumniado. Alfonso XIII y la Guerra del Rif, en el que desmonta las falsedades y exageraciones creadas contra el Monarca por la propaganda republicana
Antonio Moral Roncal, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, acaba de publicar el libro Un Rey calumniado. Alfonso XIII y la Guerra del Rif (editorial Actas) en el que desmonta los bulos y las exageraciones creados por los partidos antisistema de la época –el PSOE entre ellos– para derrocar la Monarquía e imponer su régimen.
Según las investigaciones de Moral, Alfonso XIII no fue responsable directo del Desastre de Annual, ni estaba en Deauville cuando ocurrió, ni poseía propiedades en Marruecos, y tampoco el general Silvestre fue el militar enloquecido y fanfarrón que nos hicieron creer.
También es falso que el Rey escribiera tacos en sus telegramas a los militares. Antonio Moral ha leído cientos de ellos y no ha encontrado ni una palabra mal sonante. No hay rastro del «vivan tus cojones» que Arturo Barea atribuye a Alfonso XIII en «La forja de un rebelde». Estas son solo algunas de las falsedades que el historiador desmonta en su libro.
Portada del libro 'Un Rey calumniado', de Antonio Moral Roncal
—¿Por qué han tenido que pasar más de 100 años para desvelar todas estas falsedades y que todavía hoy sean la corriente principal?
—Porque en 1931, al proclamarse la República, se abrieron Cortes Constituyentes y se hizo un juicio al Rey sin testigos, sin papeles, sin abogado defensor, en donde las Cortes republicanas se erigieron como juez y fiscal a la vez. Algunos republicanos se opusieron porque ese proceso no ofrecía garantías legales, pero las Cortes republicanas quisieron por un día ser las cortes jacobinas de 1792-93 en su adorada Revolución Francesa. A partir de esos momentos se volvió a sacar como acusación contra el Rey todo el tema de la política marroquí, de sus negocios, del desastre de Annual. Y ahí se agarran para legitimar más la proclamación de la República. Los simpatizantes de la República, hasta nuestros días, no han puesto en cuestión lo que dijeron las Cortes Constituyentes de la II República, porque eso es ir contracorriente y en este país ir contracorriente es difícil y a veces se paga con el ostracismo.
—¿Qué le hizo a usted sospechar de que el relato que nos estaba llegando no era la verdad?
—En 2021 se celebraron congresos y se publicaron muchos libros sobre el centenario de Annual y me di cuenta de que se repetían todos los bulos, los pensamientos preconcebidos, las críticas políticas al reinado de Alfonso XIII, pero no había habido ningún esfuerzo investigador por saber hasta qué punto esas críticas eran reales o se basaban en bulos.
—¿Quiénes eran los interesados en difundir las calumnias contra el Rey?
—Indudablemente la oposición antisistema, porque para ellos la clave del arco constitucional era la Corona y había que acabar con ella. Además, tenía sentido atacarla y relacionarla con un desastre militar porque la experiencia de la I Guerra Mundial fue definitiva en muchos casos. Se acusó al Emperador de Alemania de que Alemania perdiera la guerra; se acusó al Zar de Rusia de que Rusia hubiera perdido la guerra y buena parte del territorio europeo en 1917. Y se había producido el desmembramiento del Imperio Austrohúngaro, acusando al Emperador y Rey de Hungría de ser el principal responsable del desastre militar del imperio. Lo mismo ocurriría con el Imperio Otomano. Era posible derribar a la Corona y, a partir de ahí, todo el sistema político de la Constitución de 1876.
—¿Cómo era el PSOE en aquella época?
—El PSOE era uno de los partidos antisistema. En aquellos momentos la izquierda eran los partidos liberales o reformistas. El PSOE era un partido minoritario que, para lograr diputados, tuvo que aliarse con los republicanos, con los cuales formaba parte de esos grupos antisistema. Rivalizaban entre ellos porque intentaban sacar votos del mismo saco electoral, pero al mismo tiempo les unía la crítica contra el sistema y la posibilidad de acabar con él aprovechando la cuestión de Marruecos. Para los periodistas de la época era un partido antisistema que utilizaba muchas veces los bulos, las demagogias y las exageraciones. En los debates por las responsabilidades de Annual, algunos diputados dijeron cosas que sorprenden.
—¿Cómo qué?
—Julián Besteiro, que ha pasado a la historia por ser un diputado moderado, dijo el 10 de noviembre de 1921 estas palabras que están escritas y recogidas en el Diario de Sesiones de las Cortes: «España en poco tiempo ha caído tan bajo que realmente yo creo que no se salva sin un gran esfuerzo. Ese esfuerzo probablemente tendrá que ser cruento; supondrá quizá una guerra civil. Y yo, en el fondo de mi alma, digo que antes de que España se consuma en esta postración, deseo la guerra». Estamos en 1921 y este tono encuadraba dentro de la oposición antisistema. Determinados colegas míos dicen que el Parlamento de la Restauración era una farsa, pero yo creo que esto demuestra que no era en absoluto una farsa y que ahí se podían decir cosas tan graves y de forma tan libre como la que he citado.
—Su libro desmonta uno de los grandes bulos de la historia: que Alfonso XIII fuera responsable del desastre de Annual.
—Al Rey se le acusó de ser el principal instigador de una maniobra que acabó con el desastre de Annual, pero eso no fue así. El Rey, tras conocer el desastre, lo que hizo fue volver desde San Sebastián; no de Deauville, como algunas fuentes críticas dijeron. Volvió a Madrid y se puso en comunicación con el Gobierno, estableció un hilo telegráfico directo entre el Palacio Real y el Ministerio de la Guerra para estar continuamente informado de los avatares de las unidades españolas que todavía se encontraban en el Rif. Al mismo tiempo, intentó seguir animando a los oficiales y al gobierno. Cuando cayó Monte Arruit, el Rey tuvo que aceptar que el Gobierno le presentara la dimisión y formar otro nuevo de concentración nacional bajo la presidencia de Antonio Maura. A partir de entonces, él procura que el espíritu del país no decaiga a través de discursos, de entrevistas con militares y civiles, incluso con declaraciones a la prensa y la asistencia a multitud de actos públicos, porque para muchos el desastre iba a significar la crisis total de España. Sin embargo, él siempre afirma que España tiene capacidad para salir de ese hoyo en el que se ha metido. Él mantiene esa fe.
—¿Y consiguió mantener el ánimo del país?
—Curiosamente, y ante el asombro de toda la oposición antisistema, los españoles parecieron darle la razón porque durante los siguientes seis meses se entregaron de forma silenciosa, digna, a todas las tareas de apoyo al Gobierno y a la campaña de reconquista del territorio entre 1921 y 1922.
—¿Alfonso XIII mandaba en el Ejército?
—El Rey era el jefe del Ejército porque la propia Constitución de 1876 así lo decía, pero ningún acto del Rey podía estar libre del acuerdo del gobierno o de la firma de un ministro. El Rey, más que poder, tenía influencia. El Rey aconsejaba, podía advertir y era informado constantemente. Pero hay algo que los historiadores no han comprendido, porque se han fiado de la propaganda política de los antisistema de entonces, que se llamaban antidinásticos. Ellos decían que el Rey controlaba el Ejército y que el Ejército era un juguete en manos del Rey, y eso no es verdad. El Ejército español en esa época ya no era el Ejército del Rey; era el Ejército de la Nación.
—¿Los españoles de 1921 culparon al Rey del desastre de Annual o todo eso vino después?
—El gran chispazo fue en el debate de las responsabilidades de Annual, que se celebró en el Congreso de los Diputados en el otoño-invierno de 1921, que es cuando el diputado socialista Indalecio Prieto ataca al Rey y le hace culpable, conjuntamente con otras acusaciones de otro diputado socialista, Julián Besteiro, y de un diputado nacionalista catalán republicano, Lluís Companys. El debate empieza ahí y, poco a poco, va a saltar a la prensa y a otros ámbitos políticos y sociales. Curiosamente es la misma acusación que recibió el Rey en 1909, cuando se hace la campaña de Melilla y empieza a circular un bulo, según el cual el Rey se ha extralimitado y ha apoyado un plan del general Marina, comandante de Melilla, de apoderarse de más territorio del que el Gobierno le había permitido. Eso no es verdad y no hay ninguna prueba.
—Entonces ¿es en 1909 cuando empiezan los ataques al Rey?
—Se puede decir que sí. A partir de 1909 comienzan y continuarán durante los siguientes años. Porque para la oposición antisistema, la misión que tenía España de participar junto a Francia en la creación de un protectorado de Marruecos era algo absolutamente negativo. Lo consideraban una aventura colonial, una compensación por el desastre de 1898, por la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Y además decían que era una misión muy dura y difícil y que solamente las clases populares iban a participar en esa campaña.
—¿Y eso era verdad?
—Desgraciadamente, el servicio militar estaba organizado de tal manera que muchos españoles podían librarse si pagaban una redención en metálico o encontraban una sustitución. Pero en julio de 1909 se produce la Semana Trágica de Barcelona, enlazada con la campaña de Melilla, y en agosto el gobierno anula la redención en metálico. En la reforma de 1912 se anula totalmente la redención en dinero y la redención por sustitución, pero apareció el soldado de cuota, que significaba que si tú pagabas tenías más facilidades para quedarte en las guarniciones de la península. También fue una injusticia porque los hijos de las clases más pobres eran destinados a la zona más peligrosa en esos momentos, que era el protectorado de Marruecos.
—Usted cuenta que algunos familiares del Rey participaron entonces por primera vez en la guerra de Melilla.
—Efectivamente, en 1909 es enviado al Infante Don Carlos, cuñado del Rey, y también quiere ir el Infante Don Alfonso, primo del Rey, pero no va porque se había casado sin permiso del Congreso y del Rey y, por lo tanto, estaba en una situación muy difícil. Pero cuando se produce la campaña del Kert en 1911 el Infante Alfonso vuelve a pedir ir y esta vez, como ya se habían restablecido las relaciones, fue, y también fue el Infante Don Fernando, otro cuñado del Rey.
—¿Y la aristocracia siguió el ejemplo?
—Desde la campaña de 1909, la prensa destaca que hay varios nobles que se presentan como voluntarios para ir a la guerra de Melilla. Y lo mismo va a ocurrir en 1921. Incluso alguno ingresó en la Legión. Y sus mujeres, las damas de la aristocracia, intentan participar en tareas humanitarias, para conseguir fondos para los soldados y sus familias.
—¿También era un bulo que el Rey tuviera propiedades en Marruecos?
—El Rey animaba a los empresarios españoles a invertir en el Rif para transformar la economía hacia una posición más moderna; fomentaba la creación de obras públicas, pero no se ha encontrado ninguna prueba en el archivo de Palacio de que el Rey tuviera acciones en la Compañía de Minas del Rif, ni a través de testaferros. Esto lo comprobó la propia Comisión de las Cortes Republicanas que en 1931 hizo una investigación exhaustiva en el archivo del Rey para intentar inculparlo de malversación y de negocios sucios, y no encontraron absolutamente nada.
—Usted también desmonta bulos sobre el general Silvestre ¿No era el militar enloquecido que nos han hecho creer?
—Efectivamente. El relato de la acusación de que el Rey estaba implicado en el desastre de Annual no se habría sostenido sin el de un Fernández Silvestre, comandante general de Melilla, que fuera un militar bravucón, orgulloso de sí mismo, encantado de conocerse, con muchísimas ambiciones, bruto, inculto, fanfarrón. Pero cuando uno analiza la biografía de Fernández Silvestre, como han hecho algunos colegas míos, se da cuenta de que esto no se sostiene. Era un militar valeroso y tenía sus prontos, pero en muchas ocasiones fue muchísimo más prudente de lo que se ha pensado.
—¿Qué hizo la Familia Real tras el desastre de Annual?
—La Reina Victoria Eugenia crea una suscripción nacional para ayudar a los soldados y a sus familias, y se desbordaron las cifras. No solo aportan los españoles peninsulares; también los españoles emigrantes que están en América y los hispanoamericanos. También ayudan la Reina Madre y otros miembros de la Familia Real, como detallo en el libro.
—¿Y se montó otra oficina humanitaria en palacio?
—Efectivamente. En agosto de 1921 un español escribe una carta al Rey y propone que se organice en Madrid una oficina de información para las familias que tienen a sus seres queridos en África. En septiembre aparece una orden en el Boletín Oficial del Estado, señalando que por iniciativa del Rey, el Ministerio de la Guerra va a organizar oficinas de información en diversas comandancias y en el Ministerio de la Guerra. Y además el Rey ordena la apertura de una oficina en el Palacio Real. El Rey ya había instalado una Oficina durante la I Guerra Mundial, cuya actividad humanitaria fue extraordinaria, pero nadie había estudiado con detalle esta otra oficina, y en mi libro he intentado relatar qué hizo con las familias de los soldados heridos o desaparecidos en Marruecos.
—¿Qué otros bulos se atribuyen al Rey?
—La manía de que el Rey hablaba con tacos. Cuando Arturo Barea escribe «La forja de un rebelde», en el telegrama del Rey a Silvestre añade un: «Vivan tus cojones». Eso se lo inventan y la gente se lo cree. Yo he leído muchísimos telegramas del Rey a militares y no pone tacos, absolutamente para nada. Se dirige a los militares, ministros y políticos como tiene que dirigirse un Jefe de Estado, con corrección y educación. Cuando se permite ciertas licencias, motes y bromas, es cuando envía telegramas al equipo de polo, de las regatas o a sus amigos. Son bromas entre ellos que no entendemos nadie, pero se nota cierta camaradería y desde luego no utiliza tacos. Yo no sé lo que haría en su vida privada, pero he leído muchísimo y no he visto ningún taco.