El Rey, este martes en el homenaje a Juan Antonio Samaranch, en el Palacete Albéniz de Barcelona
Casa Real
El Rey afirma que Barcelona 92 fue «una inyección de moral» y mostró «lo que somos capaces de hacer juntos»
Don Felipe recuerda el significado de la canción «amigos para siempre» en un homenaje a Samaranch en el Palacete Albéniz de Barcelona
El Rey ha destacado este martes en Barcelona «el poder transformador» de los Juegos Olímpicos de Barcelona, y ha afirmado que «fueron una extraordinaria inyección de moral: enseñaron al mundo, y nos mostraron a nosotros mismos, lo que éramos (y somos) capaces cuando trabajamos juntos». Don Felipe ha hecho estas afirmaciones durante un homenaje a Juan Antonio Samaranch, que fue presidente del Comité Olímpico Internacional desde 1980 hasta 2001, año en que fue nombrado presidente de honor vitalicio.
En el acto, en el que se han proyectado vídeos sobre el legado de Samaranch y los Juegos Olímpicos de Barcelona92, el Rey ha estado acompañado por el ministro de Transportes, Óscar Puente; el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el presidente del COE, Alejandro Blanco, y diversas representantes de la familia Samaranch.
Don Felipe ha recordado que Samaranch recibió el Premio Príncipe de Asturias del Deporte en 1988 «y su nombre sonó en reiteradas ocasiones para el Premio Nobel de la Paz». También ha destacado que «uno de sus últimos grandes servicios a España fue, ya con la salud quebrantada, integrar la delegación que defendió la candidatura de Madrid a los juegos olímpicos. Puso su prestigio al servicio de aquella causa, que era, una vez más, la de todos los españoles».
«Amigos para siempre»
Además, el Rey ha recordado que en su capilla ardiente, en abril de 2010, «volvió a sonar aquel 'amigos para siempre' que todos habíamos acabado coreando en la clausura de los Juegos Olímpicos del 92. Fue un momento de intensa emoción también para mí, no solo por mi estrecha relación con Samaranch sino porque, como recordarán, tuve el privilegio de ser abanderado de aquel equipo olímpico de las 22 medallas (aunque yo me quedara en puertas de una medalla, en diploma olímpico; algo de lo que estoy igualmente orgulloso)».
Según el Rey, aquel «Amigos para siempre» se produjo en el contexto geopolítico que se vivió a principios de los años 90: «El fin de la guerra fría, el nacimiento de las repúblicas exsoviéticas, los cambios en el mapa europeo, el conflicto de los Balcanes y, a pesar de ello, la creencia de que podría avecinarse un tiempo de estabilidad y cooperación..., con el Proceso de Paz de Oriente Medio en marcha que arrancó en la Conferencia de Paz de Madrid en 1991».
Don Felipe recibe los aplausos del público en el homenaje a Samaranch
«Un extraño optimismo, unido a la lógica incertidumbre, recorría el mundo en aquellos años. Y el olimpismo quería ayudar a pasar esa página de la historia, mostrándonos lo que éramos capaces de lograr cuando la fuerza, la energía, la competencia leal, la voluntad de superación, se ponen al servicio de la concordia», ha manifestado el Jefe del Estado.
La inspiración de Nelson Mandela
El Rey también ha destacado que entre tantos dignatarios internacionales que acudieron a la inauguración de los Juegos de Barcelona «había uno muy singular que dos años después sería elegido presidente y jefe de Estado de su país y que quedó especialmente impresionado por lo que vio y vivió en Barcelona".
"Años más tarde, confesaría que esta ciudad y estos juegos fueron su inspiración para cohesionar a su sociedad a través del deporte: para cerrar las heridas abiertas. El país era Sudáfrica. El presidente se llamaba Nelson Mandela. Y aquel fue un proceso de reconciliación, de reconstrucción moral y ética de un pueblo, que aún hoy asombra y conmueve al mundo». Para Don Felipe, «ese capítulo de la historia es, también, parte del legado imperecedero de Juan Antonio Samaranch».