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El Rey dirige un mensaje de bienvenida al Papa en el Palacio Real de Madrid

El Rey dirige un mensaje de bienvenida al Papa en el Palacio Real de MadridEFE

Casa Real  El Rey elogia ante el Papa «la enorme labor de la Iglesia» y añade que «los abusos no son representativos»

«La fe católica está enraizada en nuestro país y sin ella nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían»

El Rey ha elogiado la «inmensa labor» de la Iglesia en su mensaje de bienvenida al Papa León XIV, que este sábado ha empezado su primera visita a España. Tras destacar el compromiso de los religiosos y voluntarios, y su «admiración especial a los miles de misioneros de nuestro país», Don Felipe ha añadido que los abusos «ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial». Además, ha destacado que «la fe católica está enraizada en nuestro país y sin ella nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían».

El Monarca ha pronunciado estas palabras en el Salón de Columnas del Palacio Real, donde se ha celebrado un acto bienvenida al Papa, y en presencia de las altas autoridades del Estado, del Gobierno, de los expresidentes Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy; de los presidentes autonómicos -excepto el vasco-, los líderes de la oposición, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, representantes de la sociedad y el cuerpo diplomático.

Gratitud a religiosos y voluntarios

«Quiero destacar la enorme labor social de la Iglesia Católica, fruto del compromiso de los religiosos y las religiosas, los sacerdotes, los diáconos, los jóvenes que se implican en la vida de la parroquia, los voluntarios que ayudan en residencias, albergues, comedores y centros de acogida», ha afirmado el Jefe del Estado.

«Creo que me hago eco del sentir mayoritario de los españoles cuando reúno en Vuestra Persona mi reconocimiento y gratitud hacia todos esos hombres y mujeres. Entre ellos incluyo, con una admiración especial, a los miles de misioneros de nuestro país que realizan su labor social, educativa, asistencial y pastoral en tantos lugares necesitados del mundo, muchas veces remotos o todavía muy desconectados», ha añadido.

Reparación del daño

Y ha sido en este momento, después del elogio, cuando el Rey se ha referido a los abusos, una cuestión a la que nunca se había referido en público hasta ahora: «No puede haber mayor contraste con todo ello que el dolor causado por los casos de abuso, que ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial. Vuestra claridad y firmeza, que también quiero reconocer, son esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido: lo son para las víctimas, para los fieles, para la Iglesia y para la sociedad en su conjunto», ha manifestado.

Don Felipe ha dicho que «para todos los hispanohablantes es un privilegio» que el Papa hable español y que «nos sentimos muy afortunados» por su proximidad a «todo lo que significa Iberoamérica».

La religiosidad sencilla de la gente

También se ha referido a la presencia de la Iglesia en España: «La fe católica está enraizada en nuestro país y sin ella, bien lo sabéis, nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían. Lo está en el día a día, en las tradiciones, en las festividades, pero también en aspectos mucho más profundos, como el sentido de comunidad y la espiritualidad popular, desde el testimonio de nuestros místicos, San Juan, Santa Teresa, hasta la religiosidad sencilla de cientos de miles de personas».

«No todo es admisible»

El Rey ha hecho un llamamiento a lo que «suma y multiplica», frente a los «resta y divide», y ha defendido que no todo es admisible. «En este tiempo corremos el riesgo de olvidar aquello que de verdad importa, de deslizarnos hacia la errada creencia de que, abolidas muchas de nuestras referencias por el pulso de la actualidad, todo vale, todo es admisible, negociable y justificable. Y no es así. La dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos... Porque en ellos, en sus múltiples combinaciones, está la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que resta y divide».

En su discurso, el Rey se ha referido a la encíclica del Papa, «Magnifica Humanitas», y ha subrayado que «no la mueve una visión catastrofista, sino una mirada cargada de esperanza y de optimismo en el ser humano». Tras calificar el texto como «humanista», ha añadido que «vuestras palabras nos instan a reemplazar el miedo, que es estéril y paralizante, por un conocimiento, meditado y compartido, del potencial y de los riesgos de esta nueva realidad».

Saber escuchar y amar al prójimo

En otro momento, el Rey se ha referido a «la importancia de saber escuchar». «Es paradójico que, en un tiempo de interconexiones, estemos perdiendo esa capacidad… o esa paciencia. Porque cuando la atención está en el otro, en quién tenemos enfrente, podemos identificarnos con su dolor, con su alegría, con sus debilidades y fortalezas..., podemos ponernos en su lugar. Solo si aprendemos a comprender las razones de los demás, a buscar el terreno común o de acuerdo, lograremos avanzar unidos».

Don Felipe ha terminado sus palabras de bienvenido con un llamamiento a amar al prójimo: «La unidad como aspiración surge de la conciencia de nuestra fragilidad como individuos, de nuestra contingencia, de nuestras limitaciones; pero también de esa capacidad inagotable para el bien y la belleza que alcanza su cima cuando el ser humano ama al prójimo, cuando se abre y se entrega a los demás. Recordarlo siempre, de palabra y de obra, y en especial en estos tiempos de incertidumbre, bien merece ser pauta de conducta universal: la unidad como vehículo e instrumento para la paz».

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