Fundado en 1910
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La Reina María Cristina, viuda de Alfonso XII, con sus hijos Alfonso, María de las Mercedes y María TeresaDominio Público

Casa Real  La Reina que llevó a San Sebastián la residencia de verano de la Familia Real

María Cristina, viuda de Alfonso XII, compró los terrenos y construyó el Palacio de Miramar con fondos procedentes de su fortuna personal

Desde que pasó su primer verano en San Sebastián, invitada por la duquesa de Bailén, la Reina Regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, quiso disponer de su propia residencia estival en esa ciudad. Fue en 1887 cuando la duquesa de Bailén cedió a la Reina el Palacio de Ayete para que pasara la temporada con sus tres hijos: las Infantas María de las Mercedes, de seis años, y María Teresa, de cuatro, y el niño que había nacido Rey, Alfonso XIII, que apenas tenía un año.

En un primer momento, la Regente temía que el recuerdo de la última guerra carlista, librada solo once años antes, pudiera afectar a la estancia de la Familia Real en el País Vasco, pero en seguida descubrió que todo el mundo les recibía con simpatía y afecto. Y como gesto de acercamiento contrató a un profesor que acudía todos los días a Ayete para que la enseñara a hablar vasco.

En cuanto se conocieron los deseos de María Cristina de veranear en San Sebastián, el Ayuntamiento se ofreció a adquirir el Palacio de Ayete para ponerlo a su disposición, pero la Reina se negó. «Mi estancia en San Sebastián no debe ser gravosa para la ciudad», afirmó y empezó a buscar discretamente unos terrenos en los que edificar su propia residencia de verano.

Con su fortuna personal

Al año siguiente, en 1888, María Cristina compró con 200.000 pesetas procedentes de su fortuna personal la finca que el conde de Moriana tenía en Miraconcha. Disponía de un frondoso bosque desde el que se divisaban la playa de la Concha y la isla Santa Clara. Poco a poco, fue comprando otras parcelas colindantes para ampliar el terreno, entre ellas una de titularidad pública en la que se encontraba la llamada parroquia del Antiguo, templo que el Ayuntamiento trasladó a otro emplazamiento. En aquel momento, el jardín no llegaba a la costa porque pasaba una carretera y este problema se subsanó enterrando la vía en un falso túnel.

El Palacio Miramar en San Sebastián

El Palacio Miramar en San SebastiánEuropa Press

En los terrenos que compró la Reina se levantaba tiempo atrás un convento de monjas dominicas, del que se dice que escapó la Monja Alférez, Catalina de Eraso, quien se hizo pasar por hombre para ejercer de militar en España en América.

Las obras del Palacio de Miramar duraron cuatro años y costaron tres millones de pesetas, que pagó íntegramente María Cristina, y en el verano de 1893 lo estrenó la Familia Real y empezó a ondear por primera vez el guión morado de la Regente. La Reina y sus tres hijos llegaron en tren a San Sebastián desde Madrid; el trayecto duró más de 14 horas. La Regente también pagó el desplazamiento de su comitiva hasta San Sebastián. Por el uso del vagón real y el traslado del servicio, de la escolta y del equipaje abonó 30.313 pesetas.

Confortable, moderna y con teléfono

El palacio, inspirado en un cottage inglés de la época, lo construyeron el arquitecto británico, Selden Wornum, y el arquitecto municipal donostiarra José Goicoa. Ambos habían recibido el encargo de que la casa, de tres plantas y sótano, fuera muy confortable. Contaba con todos los adelantos técnicos del momento, como iluminación eléctrica, y además disponía de estación telegráfica y de un teléfono que conectaba directamente con Madrid.

En la planta baja estaban los salones, el despacho de la Reina, la biblioteca y el comedor, y en el primer piso, los dormitorios, que eran mucho más austeros que la planta inferior. También la mayor parte de los muebles del palacio fueron comprados en Inglaterra.

Incidentes violentos

En aquellos tiempos, el Gobierno seguía a la Familia Real en sus vacaciones, y el presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta, se instaló en el Hotel de Londres, de San Sebastián, donde tuvo que afrontar un violento motín contra el recorte presupuestario que preparaba el ministro de Hacienda, Germán Gamazo, y que algunos vascos consideraban una amenaza para los fueros de los que disfrutaban desde hacía siglos. Tan violentos fueron los incidentes que el Gobierno mandó al Ejército y a la Guardia Civil tomar la ciudad y, tras varios días de desórdenes, miles de veraneantes abandonaron San Sebastián mientras la Familia Real permanecía encerrada en Miramar.

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La Reina María Cristina con sus hijos Alfonso, María de las Mercedes y María TeresaDominio Público

El primer verano en el nuevo palacio estival no resultó tan apacible como la Reina esperaba, pero aún así María Cristina siguió acudiendo casi todos los años a la residencia que con tanto cariño había construido. Allí estaba en 1897 cuando le llegó la noticia de que el presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, había sido asesinado por un anarquista en el balneario de Cestona. Y allí mismo firmó un real decreto en el que nombró a Marcelo de Azcárraga presidente interino.

El año que se perdió Cuba

Aunque los veranos en Miramar eran el momento del año más deseado por la Familia Real, en el de 1899 la Reina dispuso que ese año no irían a San Sebastián. España había perdido Cuba, Puerto Rico, Filipinas, las islas Carolinas y las Marianas y, ante tan graves acontecimientos, ella decidió quedarse con sus hijos en Madrid.

María Cristina siguió yendo a San Sebastián hasta el último verano de su vida, el de 1928, ya que murió en febrero de 1929. Para entonces, su hijo, el Rey Alfonso XIII, y su nuera, la Reina Victoria Eugenia, ya llevaban 15 años disfrutando de su propia residencia de verano, el Palacio de La Magdalena de Santander.

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