Casas Colgadas de Cuenca
De balcones medievales a lienzos abstractos: la metamorfosis de las Casas Colgadas de Cuenca
El Museo de Arte Abstracto Español vive en las entrañas de las Casas Colgadas gracias a grandes exponentes de su expresión como Fernando Zóbel
Para un periplo turístico en Cuenca, cualquier visitante llega con una larga lista de monumentos, calles, museos y rincones por descubrir. El paseo por el casco histórico o por las hoces del Júcar y Huécar, guían al turista tras los pasos de la visita más completa y enriquecedora posible.
Con hallazgos correspondientes al Paleolítico en sus alrededores y el esplendor como núcleo actual a la llegada de los musulmanes, Cuenca ofrece un viaje por la historia que parece haberse congelado en sus calles. De entre todas las paradas obligatorias, el Puente de San Pablo es la entrada perfecta a la máquina del tiempo y cruzando su pasarela, la vista más icónica de la ciudad presenta a las Casas Colgadas.
La panorámica más reconocible y perpetua de la antigua Kunka, da la bienvenida a una experiencia que pocos más lugares pueden sostener. Por el caminar de los siglos, estas casas penden al borde del Huécar como resquicio imborrable de una estampa que a punto estuvo de morir en el olvido.
Las investigaciones arrojan una fotografía añeja, invisible, pero que da lugar a un entorno en el que las casas colgadas proliferaban sin control asomadas al paso del río. En la actualidad solo tres sobreviven al paso del tiempo y acogen en sus entrañas el Museo de Arte Abstracto Español. Una decisión que doró de vida las añejas edificaciones, ligándolas al nombre del reconocido Fernando Zóbel hasta convertirlas en inmortales, como el lugar más icónico y fotografiado de toda la ciudad de Cuenca.
Las Casas Colgadas
Casas Colgadas de Cuenca y el puente de San Pablo
Los primeros documentos que testifican la existencia de estas atípicas casas datan del siglo XIV, por lo que reflejan su común proliferación durante la Edad Media. Por suerte, ya que es una rareza, Cuenca tiene la suerte de contar con un documento gráfico que expone a la perfección la estampa presente en el siglo XVI. Cuando la fotografía no estaba presente ni en el mejor de los sueños, el pintor flamenco Anton van den Wyngaerde, inmortalizó la panorámica a la perfección en 1565.
Pocos lugares tienen tal fortuna y se ven obligados a suposiciones que nunca terminan por ser una certeza, pero Cuenca tiene su primera ‘foto’ desde el reinado de Felipe II. Esta visión de hace casi mil años expone un conjunto de casas colgadas que poco tiene que ver con el actual, pero en el que se aprecian los tres últimos reductos de la cornista de San Martin.
Del conjunto de las casas, hasta ocho se mantuvieron hasta 1920 y solo se han salvado la ‘Casa de la Sirena’ y las dos ‘Casas de los Reyes’, gracias a la iniciativa del Ayuntamiento por la que se hacía con la propiedad de Las Casas Colgadas para mantener con vida el patrimonio.
En lo propiamente referido a la arquitectura, se da cuenta de edificaciones de planta estrecha y gran altura. Con inteligente aprovechamiento del relieve, la bodega queda en la base y desde ahí hacia arriba llegando en ocasiones a las cuatro plantas y no con más de tres habitaciones por cada una. Con cimientos de mampostería, la construcción crece verticalmente por medio de maderas y fachadas encaladas, mientras sus famosos balcones son de realización más reciente.
Llega el Museo de Arte Abstracto Español
Fernando Zóbel en el MAAE
El destino de estas construcciones ha estado casi siempre ligado a familias privilegiadas. En sus entrañas han residido nobles locales que presumían del lujo de vivir en un lugar único. Existe una gran documentación sobre las gentes que han dormido bajo su techo y se conoce la propiedad de las casas desde hace casi cinco siglos. Uno de los primeros a destacar es Ferrando Madrid, miembro de la oligarquía concejil de Cuenca que habitó en el lugar a mediados del siglo XV.
La posesión pasaría más tarde al que fuera canónigo de la catedral, Gonzalo González de Cañamares y su escudo de armas todavía está presente. De unas manos a otras, siempre con pertenencia a bolsillos privilegiados, las Casas Colgadas son adquiridas por el Ayuntamiento en la década de los años veinte del siglo anterior. Desde entonces se daría comienzo a la restauración y rehabilitación de los espacios que finalmente, caprichos del destino, acabarían recogiendo una muestra de arte abstracto única y referente en el mundo.
Fernando Zóbel logró que su nombre continúe resonando por las calles de Cuenca. El pintor de ascendencia española, pero nacido en Manila (Filipinas) dedicó su vida al arte y pronto daría con la amistad de Gerardo Rueda y Gustavo Torner en su llegada a España. Este último, nacido en Cuenca, propiciaría la lluvia de artistas en la ciudad.
Fernando Zóbel
En 1961, las Casas Colgadas se encontraban todavía en labores de restauración coincidiendo con la búsqueda de un espacio, por parte de Fernando Zóbel, para establecer su colección de arte contemporáneo. Unos años antes había conocido al artista conquense, que le habló de las Casas Colgadas y Zóbel realizó la pertinente petición de cesión del lugar para el museo.
Tras un periodo de gestiones, el acuerdo se selló en 1965 y ya solo quedaba dar forma e inaugurar en 1966 uno de los museos abstractos pioneros en la disciplina. Fernando Zóbel quedó prendado de la ubicación y su empeño, aunado al reconocimiento del grupo de artistas, propiciaría la llegada de su colección. En 1980, Zóbel donaría pinturas, obras gráficas, dibujos y esculturas a la Fundación Juan March, legando el testigo para la titularidad y actividad del museo.
Al ser un espacio pensado y diseñado por artistas, la experiencia del museo responde a una distribución totalmente personal. Desde entonces, sus salas no han dejado de recibir nuevas obras y por supuesto, cuenta con rotación de exposiciones, donde los grandes exponentes de la expresión pelean por exponer sus piezas.
El gran trabajo realizado para alzar al museo como un atractivo turístico ha logrado mantener una tendencia ascendente de visitantes, que propician la adquisición de nuevas obras. Un espacio que ha revitalizado unas casas con siglos de antigüedad y que al igual que el arte abstracto, desafían a la percepción de sus visitantes.