La Peña Blanca iluminada para la Carrera de los Montones
El fuego ancestral ilumina la noche en la Carrera de los Montones de Carcelén (Albacete)
Cada 23 de agosto miles de corredores descienden la Peña Blanca para cumplir con una tradición milenaria con el fuego como piedra angular
Las festividades españolas abarcan un abanico de tradiciones incalculable. Algunas evocan hechos históricos, otras nacen prácticamente de lo desconocido o rinden homenaje a un suceso que de alguna manera marcó la historia del lugar.
En lo más profundo de la Manchuela albaceteña, entre la Peña Negra y la Peña Blanca, se enciende cada agosto una llamarada ancestral. Carcelén, con apenas quinientos habitantes, convoca a miles de visitantes para presenciar un rito en el que fuego, deporte y tradición se funden en una de las fiestas más singulares de Castilla-La Mancha: la Carrera de los Montones.
Esta carrera es conocida como ‘Los Montones’, tradición que da nombre a las fiestas declaradas de Interés Turístico Regional en honor al Santo Cristo de las Eras y la Misericordia. Como los primeros hombres reunidos en tribus, en Carcelén se rinde culto al fuego, quizá el elemento más primordial en el desarrollo de la humanidad desde sus inicios.
La carrera del 23 de agosto ilumina la noche con antorchas portadas por los corredores camino al pueblo, para dar inicio a las fiestas con un rito sagrado. El Fuego Solar desciende de la peña al pueblo en un ritual sagrado dirigido al buen destino de las cosechas. La fiesta aúna deporte y tradición, se adapta a los nuevos tiempos y multiplica por quince la población de Carcelén.
Un ritual ancestral
Peña Blanca y la Piedra del Mediodía
En Carcelén, el Sol, el fuego y la cruz protagonizan una tradición ancestral. Un lugar poblado desde tiempos paleolíticos, que sigue conectado al misticismo con elementos olvidados por otras muchas tradiciones con el paso del tiempo. Esta celebración única pide por los cultivos en la noche del 23 de agosto.
Unos días antes, las matas de la Peña Blanca son cortadas y dispuestas en tres montones en el punto más alto donde serán prendidas. La profunda noche marcará el comienzo, dará vida al fuego y las hogueras serán visibles desde la lejanía para avisar del comienzo de la tradición.
Orígenes paganos podrían situar el origen de la tradición. En tiempos de la Inquisición, la peña fue lugar para ajusticiar a los reos condenados. Una manera de advertir al resto de las consecuencias de las herejías, paganismos o desobediencias al monarca de turno.
La carrera de las antorchas
Participantes de la Carrera de los Montones
La escarpada Peña Blanca asciende hasta lo más alto para encontrar el fuego de las hogueras, desde ahí los corredores descenderán con fuego y linternas para seguir los pasos de sus añejos ancestros. En mitad del descenso atravesarán la ‘Piedra del Mediodía’, que durante siglos ha marcado la hora a los agricultores de la zona, al iluminarse justo con la llegada del mediodía.
Una vez los participantes llegan al Paraje de la Pilarica, la carrera da comienzo. Aquí se coloca otro montón incendiado para marcar el comienzo de la carrera, tras una complicada bajada a la luz del fuego y las linternas. Un kilómetro y medio a toda velocidad hasta la meta donde al primero espero el mayor honor de las fiestas.
Aquel que llega en primer lugar a la Ermita del Santo Cristo de las Eras es el encargado de prender fuego al último montón ante el griterío y el fervor de la gente que le erige momentáneamente en héroe.
Este último fuego, símbolo de vida, marca la salida del Cristo de las Eras cerrando un ciclo sagrado con la llama de la fe como símbolo. Al lugar de menos de quinientos habitantes, acuden unas 6.000 personas entre participantes y espectadores. El honor de dar comienzo a las fiestas portando el fuego definitivo no es el único premio. Tanto el ganador masculino como la triunfadora femenina, guardarán durante un año el trofeo que les acredita como ganador y en el dejarán grabado su nombre por siempre. Además, reciben un pequeño premio económico con el que poder disfrutar de unas buenas fiestas.
Obligados a adaptarse
Hasta hace no mucho, todos los corredores atravesaban el descenso de la Peña Blanca iluminados por el fuego de la antorcha, pero una cuestión de seguridad ha terminado por apartarlas casi por completo.
Las comunes caídas provocaban riesgos de incendio y comprometían la integridad de los corredores, por ello, trabajan en dar con un nuevo tipo de antorchas, que recupere el fuego sustituido momentáneamente por la luz de las linternas. Aun así, todavía se mantiene una antorcha, tanto al comienzo como al final, además de las que reciben los ganadores para prender el último montón.
La estampa del fuego crea un entorno idílico para comenzar las celebraciones en un enclave de gran belleza paisajística. Una tradición milenaria en torno a un fuego, que ha vuelto a descender la Peña Blanca a la carrera para prender el montón que marca la salida del Cristo de las Eras en rogativa de buenas cosechas. Fuego del pasado y del presente que mantiene viva la llama de la vida en un lugar por muchos desconocido de Castilla-La Mancha.