El tren a vapor cruzando el Puente de la Maquinilla

El tren a vapor cruzando el Puente de la MaquinillaLibro 'Del Albacete Antiguo'

El tren que trajo aires de modernidad hace 170 años a Albacete

La expansión del ferrocarril rumbo al Mediterráneo propició la parada en Albacete en 1855 convirtiéndola en la cuarta capital provincial con el novedoso medio de transporte

Las urgencias de la Revolución Industrial trajeron consigo la necesidad de conectar los diferentes territorios peninsulares. Ecos de modernización daban cuenta de la llegada de un nuevo medio de transporte que cambiaría por siempre el devenir del mundo.

La llegada de la máquina de vapor se aplicó a los antiguos carriles guiados por caballos. Tras varios ensayos, el nuevo invento consiguió adaptarse a las locomotoras que surcaron, por primera vez y dejando el humo como testigo, el trayecto entre Stockton y Darlington. El impulso de George Stephenson traspasaría fronteras y pronto se aplicaría la idea más allá. Logrando un avance clave en el devenir de la humanidad dirigido al viaje de pasajeros y mercancías.

El ferrocarril, más allá de acortar distancias, supuso un cambio en economías y relaciones sociales. Nuevos mapas fueron dibujados y se posibilitó la entrada en valor de territorios por entonces incomunicados. España se sumaría a la ola industrial y modernizadora del ferrocarril por la imperiosa necesidad de mejorar sus comunicaciones.

La primera línea española conectó Barcelona y Mataró en 1848. Un breve recorrido que significó mucho para la expansión ferroviaria que tenía por objetivo conectar los principales núcleos económicos con Madrid. La red radial miró al Mediterráneo extendiendo el tramo ferroviario Madrid-Aranjuez hasta Alicante, beneficiando el paso por Albacete inaugurado en 1855.

Albacete y la suerte del ferrocarril

La estación de Albacete desde el puente de madera

La estación de Albacete desde el puente de maderaMariano Lucas Ruiz

A la llegada de la ‘máquina del futuro’ a Albacete en 1855, la capital provincial contaba con unos 17.000 habitantes y desarrollaba una economía industrial tradicional. Los sectores agrícola, textil, alimenticio y artesanal, con la cuchillería por bandera, protagonizaban las contadas empresas con actividad en Albacete, casi siempre de titularidad familiar.

En este contexto, la ciudad recibió la suerte de modernización del ferrocarril, gracias a la intención de conectar Madrid con los núcleos del Mediterráneo. Aprovechando la posibilidad de continuar la que fue la segunda línea construida en la Península, que trazaba el viaje entre Madrid y Aranjuez desde 1851, la red se proyectó hasta Almansa.

La población albaceteña presentaba unas condiciones geográficas ideales para partir rumbo a los puertos de Alicante y Valencia. Gracias al impulso de José de Salamanca y Mayol, el que fuera Marqués de Salamanca, la línea Madrid-Aranjuez fue una realidad y seguidamente propuso al Estado la ampliación de la línea hasta Almansa. El 27 de diciembre de 1851, La Gaceta de Madrid hizo público el decreto por el cual el Estado aprobaba la construcción del nuevo tramo que desembocaría en una nueva concesión de obra para José de Salamanca.

Los materiales llegados de Inglaterra, lejos de pasar por el puerto de Alicante y construir desde allí la vía, fueron transportados por carretera hasta Aranjuez. Desde allí los kilómetros de carril iban aumentando y en 1853 el tramo que llegaba hasta Tembleque. Desde allí se tomó curso hasta Alcázar de San Juan, situando en tal punto la futura bifurcación dirigida a Andalucía.

Circunstancias de la época estuvieron cerca de truncar la obra. En 1854, concretamente el 17 de julio, estallaría la conocida ‘Vicalvarada’ liderada por Leopoldo O’Donnell. Uno de los afectados fue el propio promotor ferroviario, que vio como las gentes asaltaban su palacio señalándolo como uno de los corruptos del momento. Obras de arte robadas y la posterior quema del lugar llevaron a José de Salamanca a huir en tren hasta La Gineta donde se apeó para refugiarse. Este acto deja de manifiesto el avance de las obras, ya que la locomotora llegó hasta Albacete.

Finalmente, la Guardia Civil logró hacerse con él y esperó en Albacete a la calma del levantamiento. Poco después y tras unos meses de parón, se remataron las obras y el 18 de marzo de 1855, Albacete se preparó para recibir el primer viaje de pasajeros de su historia ferroviaria.

El tren llega a Albacete

Locomotora a vapor en Albacete

Locomotora a vapor en AlbaceteCarmelo Lucas Requena

Amaneció temprano en Atocha. Las siete de la mañana marcaron la salida del primer tren de pasajeros con destino a Albacete. Por delante, la confirmación del hito modernizador que aterrizaba con esperanzas de futuro en la capital provincial de menos de 20.000 habitantes. Desde este momento, su población no dejaría de multiplicarse confirmando la prosperidad prometida en raíles.

A falta de uno, aquel día fueron cuatro los trenes que se desplazaron hasta Albacete. Todo el mundo quería sumarse al acontecimiento. En los diferentes trenes viajaron representantes de la Milicia Nacional, prensa, miembros del Gobierno, amistades del promotor y hasta socios del Casino del Príncipe. Las crónicas periodísticas de la época dan cuenta del júbilo personado en el viaje, que siendo el primero no pudo evitar algún pequeño percance, como la avería de una de las locomotoras, que pudo ser sustituida sin problemas para llevar a los pasajeros a su destino.

A la llegada a Albacete se dispuso de un festín a la altura de lo que suponía el acontecimiento tras un viaje de ocho horas, demorado en parte por las diferentes paradas del recorrido. El reloj marcaba las cinco y media cuando los pasajeros marcharon rumbo a la mesa repleta de manjares amenizados con la música de la banda del Ejército. Un banquete de altura real, al que finalmente no pudo acudir la reina Isabel II, como confiaba José de Salamanca.

A las nueve y media el tren regresó a Madrid con la fiesta todavía viva en sus entrañas y con nuevas paradas prolongadas por las estaciones del recorrido. El éxito en Albacete motivó un gran progreso en las obras hasta Almansa, donde el humo de la máquina llegó el 23 de noviembre de 1856 y poco más de un mes se extendió definitivamente hasta Alicante.

El primer radio quedaba inaugurado y por primera vez Madrid quedó directamente conectado al mar. Albacete recibió la suerte del progreso en forma de tren y pronto lo verían reflejado en el crecimiento de sus calles y habitantes. Un viaje que cumple 170 años y que trajo consigo nuevos horizontes de prosperidad.

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