La tarde de este domingo ha sido inolvidable. La salida a hombros de Morante por la Puerta Grande, la segunda de su carrera, pasará a la historia.

La salida a hombros de Morante por la Puerta GrandeEFE

El legado torero de Morante de la Puebla en Castilla-La Mancha y un adiós que no pudo ser

La cornada de doble trayectoria que sufrió en Pontevedra el pasado 10 de agosto, le impidió hacer el paseillo en hasta cuatro festejos regionales programados antes de su sorprendente adiós

De todas las disciplinas artísticas pocas pueden equipararse a la tauromaquia en cuanto a su iconografía y la consagración de símbolos. Con el astado siempre protagonista de la ancestral práctica, hay unos cuantos elegidos, no muchos, que trascienden al tiempo más allá de sus triunfos. La torería no se aprende, se tiene o no se tiene y José Antonio Morante de la Puebla, estudioso e intérprete del toreo a través del tiempo, es de esos pocos elegidos.

La Fiesta Nacional pronosticaba tambalearse, quizá huérfana de un referente que volviera a llenar las plazas más allá de las grandes ferias y carteles. Un matador que dibujando estampas eternas con capote y muleta, sugiriera el delirio en las nuevas generaciones.

Una vida atormentada, que muchas veces puso piedras en el camino, construyó al héroe taurino que vive en Morante de la Puebla. Como todo personaje de culto (más todavía en el mundo del toro), el de la Puebla aglutina un consolidado sector crítico, que poco más pudo hacer que aplaudir la desenvoltura de la que, por el momento, será su última temporada como torero.

Una nueva generación se ha adentrado en las plazas, ojalá para no irse nunca, pero tras quizá la mejor temporada de su vida torera, José Antonio les deja huérfanos. Imágenes históricas han quedado grabadas en la retina de aquellos que tuvieron la suerte de presenciar sus dos primeras y únicas salidas por la Puerta Grande de Las Ventas.

Divinizado por aficionados y críticos, Morante de la Puebla enmudeció a los presentes tras su vuelta al ruedo. La coleta quedó desprendida de su cabello para la posterior avalancha humana, también de lágrimas que le elevó en la salida triunfal.

Desde aquel día en que tomara la alternativa en Burgos (1997) apadrinado por César Rincón y con Fernando Cepeda como testigo, Morante se dejó ver en varias ocasiones por las plazas de toros de Castilla-La Mancha. Sirva como homenaje la mención de algunas de aquellas tardes, para un torero querido y odiado, pero finalmente elevado al Olimpo taurino y que, por el momento, dice adiós.

Una última vez en el Corpus de Toledo

Morante de la Puebla torea en Toledo sentado en el estribo

Morante de la Puebla torea en Toledo sentado en el estriboEFE

Iluminado por aquella tarde inolvidable en Madrid donde firmó su primera Puerta Grande, Morante llegaba al Corpus de Toledo completamente beatificado por el mundo del toro. Un cartel de quilates anunciaba una prometedora cita, acompañado en el paseíllo por Tomás Rufo y Roca Rey.

La división en los tendidos confirmaba el que apuntaba a duelo de época entre el sevillano y el peruano. Roca Rey salió triunfador aquella tarde con Puerta Grande tras una buena faena en el primero de su lote al que cortó dos orejas. Morante tan solo convenció para merecer un trofeo en el segundo, bajo el asfixiante calor de la ‘Ciudad Imperial’. No terminó de convencer el veredicto, pero el premio para el de la Puebla quedó en el toreo.

Vencedor moral de aquella tarde, en que se colgó el cartel de ‘no hay billetes’ dieciséis años después, Morante derrochó toreo y confirmó el talento expuesto pocos días antes en Las Ventas. El duelo entre Andrés Roca Rey y José Antonio Morante de la Puebla tomaba forma entre aficionados y los empresarios comenzaron a repetir cartelerías por toda España.

En Cuenca, el idilio

Morante de la Puebla, en su última corrida en Las Ventas

Morante de la Puebla, en su última corrida en Las VentasEFE

Las idas y venidas en la azarosa carrera de Morante complican encontrar grandes faenas, de las que quedan grabadas en la retina del taurino, en cuanto a la región se refiere. Siempre con talante y elegancia, pero acostumbrado a 'facturar' al toro si no le ve salida, encontró sonoras pitadas en más de una ocasión. Una de las más recientes tuvo lugar durante la Feria de Albacete en 2022. Con toros de Samuel Flores y Domingo Hernández, uno de cada ganadería en los lotes del llamado ‘Desafío Ganadero’, Morante no le encontró nada a ninguno.

Siempre en esa delgada línea entre el valor del toro y la profesionalidad del torero, el de la Puebla cerró la muleta en poco más de un minuto generando grave enfado en los tendidos. Curiosamente esa misma temporada, pero tres meses antes, bordó el toreo en ‘La Chata’, en la histórica corrida de Asprona, con una oreja que se quedó insuficiente a la faena desarrollada.

Las mejores tardes de Morante de la Puebla en Castilla-La Mancha se ampararon bajo el atardecer de Cuenca. La primera que viene a relucir tuvo lugar hace quince años, cuando tras una nueva pitada, por una estocada demasiado honda, se rehízo para triunfar con una oreja toreada en ambos pitones.

Aquella tarde saldrían a hombros con dos orejas Rubén Pinar y José María Manzanares. Un año antes, sí encontró mayor inspiración para en el mismo lugar cortar dos orejas, en una actuación de mucha personalidad y temple.

Cuenca iluminó a Morante. En San Julián igualó la oreja de Daniel Luque en el tercer festejo de la feria. Como bien acostumbró en su trayectoria, despachó a un primero muy parado, para finalmente resarcirse en un alarde de chicuelinas y verónicas que le valieron la oreja en el cuarto. En 2014 los toros de Torreherberos afearon la tarde con descontento general en el público, de nuevo una oreja en el segundo para Morante.

Dos años después formó parte de la triple Puerta Grande con dos orejas para el de la Puebla, que acompañó a hombros a Talavante y a López Simón. En 2018, regresaría a Cuenca, otra vez con toros descastados. Peleó sobre todo en el segundo haciéndose con dos orejas, pero mostrando su enfado al rechazar la salida a hombros.

El adiós que no pudo ser

Morante de La Puebla, tras cortarse la coleta sobre el ruedo de Las Ventas

Morante de La Puebla, tras cortarse la coleta sobre el ruedo de Las VentasBorja Sánchez-Trillo | EFE

El diestro agitó el avispero del toreo en la temporada 2025, su ansiada Puerta Grande en Madrid le aseguró un calendario completo, donde se repetía sucesivamente la venta del total de las entradas. El fervor por el matador sevillano se convirtió en fenómeno de masas, llevando a las plazas incluso a aquellos menos aficionados a la Fiesta Nacional.

El final del verano agendaba para Morante varias visitas a los cosos regionales, que se vieron esfumados por lances de la profesión. El 10 de agosto hacía el paseíllo en Pontevedra y metido en faena de naturales con el primero de la tarde, fue cogido por el astado de Garcigrande que le propinó una cornada de doble trayectoria en el muslo derecho. Diez centímetros de herida pusieron a aficionados y empresarios a temblar, confirmando tristemente el pronóstico de futuras ausencias.

Las cuentas para su recuperación apuntaban a su presencia en las ferias de Albacete y Guadalajara, pero finalmente los médicos le aconsejaron parar tras una recaída de la citada cornada. Ambos festejos recibieron la noticia como un jarro de agua fría, con miles de aficionados aguardando la fecha en que verían la temporada en que el de la Puebla venía mostrando su mejor toreo.

Pese a perderse también las citas de Ciudad Real y Almagro, Morante se despidió de la región desbordando talento en Almodóvar del Campo junto al también inspirado Talavante. Salida a hombros para el recuerdo, como la última en Castilla-La Mancha.

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