Videoclip, De aquí no sales, Rosalía
Así convirtió Rosalía los molinos del Quijote en escenario de su revolución musical
Antes de conquistar el mundo con LUX, Rosalía ya había hecho historia en Castilla-La Mancha: en 2019 eligió los molinos de Alcázar de San Juan para uno de sus videoclips más icónicos
Rosalía vuelve a reescribir las reglas. La artista catalana acaba de lanzar su cuarto álbum de estudio, LUX, un proyecto monumental cantado en trece idiomas que entrelaza flamenco, música clásica y electrónica en una propuesta visual y sonora que ha dado la vuelta al mundo.
El 7 de noviembre, la noche en que vio la luz su nuevo disco, Rosalía también deslumbró en LOS40 Music Awards 2025, donde se alzó con el premio Global Icon y presentó por primera vez «Reliquia», en una puesta en escena apoteósica: cruces iluminadas, luces suspendidas y cientos de partituras cayendo del techo como un diluvio poético.
Pero la historia de Rosalía con la tierra y la tradición viene de mucho antes. Antes del LUX y de los escenarios internacionales, la artista ya había encontrado su propia Ínsula de La Mancha.
Cuando Rosalía se cruzó con Don Quijote
En 2019, Rosalía decidió que los molinos de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) serían el escenario de uno de sus videoclips más potentes: «De aquí no sales (Cap. 4: Disputa)», perteneciente a su aclamado álbum El mal querer (2018).
Aquella grabación fue una declaración de intenciones: los molinos que inspiraron a Cervantes se transformaron en protagonistas de un universo urbano y femenino, donde motocicletas, coreografías y un estilismo casi anfibio daban forma a una batalla visual entre tradición y modernidad.
El videoclip, dirigido por Diana Kunst y Mau Morgó y producido por el estudio creativo O, fusionaba la crudeza del paisaje manchego con la estética experimental que ya definía el sello Rosalía. Los tonos de polvo, viento y acero contrastaban con su voz desgarrada, creando un diálogo entre el pasado literario de Castilla-La Mancha y el presente global del arte contemporáneo.
De Alcázar al mundo
Con aquella elección, Rosalía demostró algo más que gusto estético: reivindicó el poder de los lugares con alma. Su manera de mirar La Mancha no fue turística ni decorativa, sino simbólica. Entre los molinos de viento y las nubes que giraban sobre Alcázar, la cantante encontró un reflejo de lo que siempre ha buscado: resistencia, belleza y locura creativa.
Hoy, años después, su trayectoria conecta escenarios y culturas con la misma naturalidad con la que el viento mueve las aspas del Quijote. De los molinos manchegos a los grandes templos de la música internacional, Rosalía ha sabido construir un lenguaje propio que une raíz y vanguardia, tradición y riesgo, pasado y revolución.
Rosalía, de nuevo en boca de todos
El lanzamiento de LUX confirma que la artista no entiende de fronteras. En este nuevo trabajo, colabora con nombres como Björk o Estrella Morente, fusionando sonoridades que viajan del Mediterráneo a Islandia, del barroco al techno.
Y aunque el mundo entero la escuche en trece idiomas, una parte de su historia sigue anclada en los molinos de La Mancha, allí donde una vez decidió que el viento también podía tener ritmo. Trá, trá.