Tragedia Chinchilla, Albacete

Tragedia Chinchilla, AlbaceteEFE

La tragedia de Córdoba reabre una herida que Albacete nunca ha cerrado: el accidente de Chinchilla

El choque mortal de dos trenes en 2003 dejó 19 muertos y marcó para siempre a la provincia, un recuerdo que vuelve con fuerza tras el siniestro de Adamuz

Las imágenes que llegan desde Adamuz han vuelto a sacudir la memoria colectiva del país. El brutal accidente ferroviario registrado este domingo en la provincia de Córdoba, con al menos 39 víctimas mortales, ha activado un recuerdo doloroso en muchos puntos de España. En Albacete, ese eco es especialmente profundo: allí se vivió una de las tragedias ferroviarias más graves de la historia reciente.

Han pasado más de dos décadas, pero el nombre de Chinchilla de Montearagón sigue ligado a una noche marcada por el fuego, el caos y el silencio posterior. El 3 de junio de 2003, la provincia quedó para siempre atravesada por una de sus páginas más oscuras.

La noche en la que dos trenes chocaron de frente

Eran las 21:30 horas cuando un tren Talgo procedente de Madrid entraba en la estación de Chinchilla con destino final en Cartagena. A bordo viajaban 82 pasajeros y cuatro tripulantes. Minutos después, el convoy reanudó la marcha sin saber que, en ese mismo tramo de vía única y en sentido contrario, circulaba un tren de mercancías procedente de Murcia, cargado con combustible y con dos maquinistas en cabina.

El choque frontal se produjo a apenas tres kilómetros de la estación. La colisión fue devastadora. El impacto provocó un incendio inmediato que alcanzó los primeros coches del Talgo, varios de los cuales quedaron completamente calcinados. La violencia del accidente complicó enormemente las labores de rescate y, más tarde, la identificación de los cuerpos.

Diecinueve personas perdieron la vida. Cerca de medio centenar resultaron heridas. Aquella noche, Chinchilla se convirtió en un escenario de emergencia permanente, con sirenas, helicópteros y equipos sanitarios trabajando durante horas para atender a las víctimas.

Una investigación que apuntó a un error humano

La investigación judicial concluyó que el accidente se produjo por un fallo en la gestión de la circulación ferroviaria. El jefe de circulación de la estación de Chinchilla autorizó la salida del tren de pasajeros sin recordar que el tramo estaba ocupado por el mercancías que avanzaba en sentido contrario.

En 2006, una sentencia judicial estableció que la causa del siniestro fue un error grave por negligencia profesional. El responsable fue condenado a dos años de prisión y cuatro años de inhabilitación por 19 delitos de homicidio y decenas de lesiones por imprudencia. Aquella resolución cerró el proceso judicial, pero no la herida emocional.

Una tragedia entre las más graves del país

El accidente de Chinchilla figura entre los peores siniestros ferroviarios de España, junto a otras tragedias que han marcado al país, como el descarrilamiento de Angrois en 2013 o, ahora, el accidente de Adamuz. Episodios distintos, causas diferentes, pero un mismo resultado: decenas de vidas truncadas y un impacto duradero en la memoria colectiva.

Cada nueva tragedia ferroviaria reabre viejas cicatrices. En Albacete, el recuerdo de aquella noche de junio de 2003 permanece intacto. Porque hay fechas que no se olvidan. Y hay lugares que cargan para siempre con el peso de lo ocurrido.

Hoy, mientras España vuelve a llorar a las víctimas de Córdoba, Chinchilla vuelve a ser un nombre pronunciado en voz baja. Como un recordatorio de que el progreso, cuando falla, deja cicatrices imborrables sobre los raíles.

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