Nuégados

NuégadosMarina Corma

El dulce manchego que aparece en El Quijote y ha rescatado la chef que viraliza las recetas de tu abuela

Fue dulce de fiestas populares y literatura universal, y ahora vuelve a colarse en miles de cocinas

Hay recetas que no necesitan reinventarse para volver a ser tendencia. Solo necesitan a alguien que las mire con los mismos ojos con los que se aprendieron por primera vez: en la cocina de casa, sin filtros, sin prisas. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con los nuégados, un postre tradicional de Castilla-La Mancha que Miguel de Cervantes ya citó en El Quijote y que ahora vuelve a circular gracias a la chef que viraliza las recetas de tu abuela.

Porque antes de Instagram, antes incluso de los recetarios, este dulce ya estaba en la literatura. Y no en cualquier libro. Palabras mayores.

Cuando Cervantes también escribía con hambre

El Quijote es una de las grandes obras universales, pero también es un retrato fiel de la vida cotidiana del Siglo de Oro. Cervantes llenó sus páginas de refranes, costumbres y platos que formaban parte de la cultura popular. Comer, en su novela, no es un detalle menor: es identidad, es celebración y es comunidad.

En el capítulo LXI de la segunda parte, durante las bodas de Camacho, el autor describe uno de los banquetes más desbordantes de toda la obra. Calderas, mesas interminables y alimentos pensados para compartir. Allí, entre migas y guisos, aparecen también los nuégados, un dulce humilde, ligado al pueblo, pero presente en uno de los momentos más fastuosos del relato.

Una frase resume esa importancia casi sagrada de la comida: «Que me maten, señores, si el autor deste libro que vuesas mercedes tienen quiere que no comamos buenas migas juntos».

Un postre sencillo que alimentaba cuerpos… y memorias

Los nuégados no nacieron para ser delicados. Son contundentes, crujientes y adictivos. Se elaboran con una masa espesa de harina, huevos y aceite de oliva, se fríen hasta dorarse y se bañan en miel caliente, que los une en una especie de racimo brillante.

Se sirven fríos, pero dejan huella. Durante siglos fueron un dulce de fiestas, de celebraciones familiares y de sobremesas largas. Con el tiempo, quedaron relegados a cocinas domésticas y pueblos pequeños, lejos de las modas gastronómicas. Hasta que alguien decidió mirarlos sin complejos.

La chef que ha devuelto a la vida los dulces de las abuelas

Ahora, los nuégados han vuelto a colarse en miles de pantallas gracias a Carla Soldevilla, conocida en redes como @chefenials, una influencer gastronómica que ha construido su éxito reivindicando la cocina tradicional española.

Nada de desayunos perfectos ni platos impostados. En sus vídeos aparecen recetas de siempre, las que se hacían «a ojo», las que manchan las manos y exigen paciencia. Así ha ocurrido con los nuégados, un dulce que ella misma define como entretenido de preparar y con un único punto crítico: acertar con el almíbar para que todo se quede unido.

El vídeo no solo muestra una receta. Muestra una forma de cocinar que muchos creían perdida. Y, de paso, rescata un postre que ya estaba en El Quijote mucho antes de existir el concepto de viralidad.

Cuando la tradición se abre camino entre algoritmos

Que un dulce citado por Cervantes vuelva a circular gracias a una influencer gastronómica no es una casualidad. Es la prueba de que la cocina tradicional sigue viva cuando se cuenta bien. Los nuégados no han cambiado. Lo que ha cambiado es la forma de mirarlos.

Entre páginas del siglo XVII y vídeos de pocos segundos, este postre manchego vuelve a recordarnos que la historia también se transmite en forma de recetas. Que hay sabores que no pasan de moda. Y que, a veces, lo más moderno que podemos hacer es volver a cocinar como lo hacía nuestra abuela. Con miel, con paciencia y con memoria.

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