Campillo de Ranas, Guadalajara
El pueblo donde las bodas desaparecen: parejas casadas que no pueden demostrarlo
Campillo de Ranas, conocido como el «pueblo de las bodas», lleva meses sin poder inscribir matrimonios por la falta de secretario, dejando a vecinos y parejas en un limbo legal
En Campillo de Ranas (Guadalajara), donde cada fin de semana solían escucharse brindis, risas y promesas de «sí, quiero», ahora se abre un silencio incómodo. Las bodas se siguen celebrando, pero algo esencial ha desaparecido: su validez administrativa.
Porque en este pequeño municipio de la Sierra Norte de Guadalajara ocurre algo tan insólito como preocupante. Las parejas se casan… pero no pueden demostrarlo.
El colapso del «pueblo de las bodas»
Conocido internacionalmente por su encanto rural y su tradición como destino de enlaces matrimoniales, Campillo de Ranas atraviesa una situación crítica que amenaza con romper su identidad. La falta de secretario municipal ha dejado al Ayuntamiento prácticamente paralizado.
Sin esta figura clave, no hay quien dé fe oficial de los matrimonios. No hay registro. No hay certificados. No hay documentos.
«El pueblo de las bodas no puede registrar las bodas porque no tiene secretario. Nos está dejando mal en el mapa», resume con frustración su alcalde, Francisco Maroto.
El resultado es un escenario surrealista: ceremonias que se celebran, fotografías que inmortalizan el momento… pero sin respaldo legal. Sobre el papel, esos matrimonios no existen.
Vidas bloqueadas por la burocracia
El problema va mucho más allá de una cuestión simbólica. La ausencia de registros está afectando de lleno a la vida diaria de los vecinos.
No se pueden tramitar certificados de nacimiento, defunción o divorcio. Gestiones básicas quedan suspendidas en el aire. Herencias paralizadas. Cuentas bancarias bloqueadas. Compraventas imposibles.
Detrás de cada expediente detenido hay historias reales. Como la de una viuda que no puede acceder a sus ahorros porque no puede acreditar su matrimonio. O parejas que ven frenadas operaciones inmobiliarias por la falta de documentación. Todo queda suspendido en una especie de limbo administrativo.
Un Ayuntamiento cerrado y sin soluciones
La situación ha llevado al cierre de facto del Ayuntamiento. Sin personal suficiente ni acceso a los sistemas necesarios, el municipio depende ahora del juzgado de paz de Yunquera de Henares para intentar mantener cierta actividad.
Pero, según denuncia el alcalde, las soluciones no llegan. El juzgado no se desplaza al municipio y las alternativas que se plantean son inviables.
«Nos dicen que enviemos la documentación escaneada, pero no tenemos personal autorizado ni acceso al sistema», explica Maroto. Los equipos están encriptados y la ley impide manipular los libros oficiales sin las garantías necesarias. Mientras tanto, los expedientes se acumulan.
Riesgo económico y proyectos en el aire
La parálisis no solo afecta a los vecinos. También golpea las cuentas municipales. Se acumulan retrasos en nóminas, hay subvenciones que podrían perderse por no haberse tramitado a tiempo y proyectos públicos que quedan completamente bloqueados.
Un municipio pequeño, ya de por sí vulnerable, ve cómo su capacidad de gestión se diluye sin margen de reacción.
«Abandono institucional» en la España despoblada
El alcalde asegura haber trasladado la situación a distintas instituciones —desde la Subdelegación del Gobierno hasta el Ministerio de Justicia— sin obtener respuesta. La sensación, reconoce, es de soledad.
«Estamos asumiendo responsabilidades que no son nuestras y sin medios para hacerlo», lamenta, visiblemente desgastado tras meses sosteniendo el funcionamiento del municipio en estas condiciones. Su agotamiento es tal que ya ha decidido no volver a presentarse a la Alcaldía en las próximas elecciones.
Un problema que puede repetirse
Lo que ocurre en Campillo de Ranas no es un caso aislado, advierte su regidor. Es el reflejo de una realidad que amenaza a muchos pequeños municipios de la España despoblada. Pueblos donde la falta de personal esencial puede desencadenar un colapso total.
Mientras tanto, en este rincón de Guadalajara, las bodas continúan. Las parejas siguen prometiéndose un futuro juntos. Pero, en los registros oficiales, ese futuro simplemente no existe.