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El milagro que explica por qué los toreros veneran a san Pedro Regalado, patrón de Valladolid
Aunque cuenta con varios milagros en su haber, el más famoso está relacionado con el mundo del toreo, por lo que en 1951 se convirtió en el patrón de los diestros
Valladolid tiene un patrón que es, además, venerado por los toreros. El porqué es un milagro relacionado con el mundo taurino. San Pedro Regalado cuenta con un buen puñado de milagros en su haber, como uno que señala que mientras rezaba en el paraje de El Abrojo, en Laguna de Duero, sintió tan deseo de venerar a la Virgen en La Aguilera que se apareció, sin explicación coherente, en el convento burgalés, y de la misma forma regresó al templo vallisoletano.
Una traslocación que, sin embargo, queda opacada por uno de sus milagros relacionados con el mundo del toreo. En el recorrido que separa el mencionado El Abrojo de la capital vallisoletana, Pedro Regalado fue sorprendido por un toro bravo huido de una corrida. El fraile levantó su mano y pidió a la res que se agachase.
El toro, manso de repente, se postró ante él. Pedro le retiró entonces los hierros que lo herían y le conminó a marchar sin embestir ni hacer mal alguno. Por este episodio fue nombrado patrón de los toreros en 1951, como recuerda el Ayuntamiento de Valladolid.
Su fiesta patronal, que se celebra cada 13 de mayo, responde al hecho de ser uno de los religiosos más admirados de su época. Nació en 1390 en la actual calle Platerías, conocida en aquel entonces como La Costanilla –así lo recuerda una placa en el suelo que cita al historiador Juan Agapito y Revilla–. Con apenas 13 años ingresó en el convento de San Francisco y pronto entabló una estrecha relación con el sexagenario fray Pedro de Villacreces.
El anciano monje y su novicio llevaron a cabo la particular cruzada de recuperar la rigurosa regla de los franciscanos, diluida ante la admisión masiva de personas sin oficio ni beneficio debida a las muertes consecuencia de la peste; novicios con menos interés en la religión que en un mendrugo de pan, con más interés en un jergón al final del día que en los rezos matinales.
Otra pintura que muestra a san Pedro Regalado amansando a un toro
La singular pareja fundó, entre otros, el convento de la Aguilera (Burgos), localidad de la que también es patrón el santo vallisoletano. Allí, y acompañado por su inseparable maestro, predicó la renovación de la vida monástica con su ejemplo, encargándose de arduas tareas y del cuidado de los necesitados.
Su regreso a Valladolid
El futuro patrón de Valladolid retorna a su tierra natal a principios del siglo XV como maestro de novicios destinado al convento del Abrojo, fundado por su mentor en Laguna del Duero. En la actualidad solo se conservan la fuente y el estanque que regaban el huerto.
Aunque los testimonios sobre los milagros que obraba el joven fraile pronto se extendieron entre la población, su fama no llegará hasta la muerte de fray Pedro de Villacreces y su elección como prelado de La Aguilera y El Abrojo. Su obra y sus milagros alcanzan tal popularidad que otros conventos no tardan en alinearse con su reforma.
Pedro Regalado renegaba de esa admiración que despertaba. Vivió, según cuentan las crónicas, entregado al misticismo, al rezo constante y a la práctica de la flagelación corporal. Cada semana, se decía, escenificaba en Via Crucis.
Murió en marzo de 1456 en La Aguilera. Poco después su tumba recibía la visita de Isabel la Católica, quien ya lo consideraba un santo. No obtuvo tal reconocimiento hasta el 29 de junio de 1746, tras la canonización por Benedicto XIV en Valladolid. Ese mismo año fue nombrado patrón de la ciudad. Y así hasta nuestros días.