Imagen de la localidad salmantina de Valero, que pierde su colegio este curso
La educación en la España despoblada que pierde sus colegios: «Prácticamente reciben clases particulares»
La caída de la natalidad, el envejecimiento y la marcha constante de familias hacia localidades más grandes han reducido los censos escolares hasta niveles que hacen inviable mantener abiertos los centros en provincias como Salamanca
El cierre de colegios se ha convertido en uno de los síntomas más dolorosos de la despoblación rural. En decenas de pueblos, las aulas que durante décadas fueron el corazón de la vida comunitaria hoy permanecen vacías. La caída de la natalidad, el envejecimiento y la marcha constante de familias hacia localidades más grandes han reducido los censos escolares hasta niveles que hacen inviable mantener abiertos los centros.
Cuando un colegio cierra, no solo desaparece un servicio educativo: se apaga un punto de encuentro social. Para muchos municipios, la escuela era el lugar donde se organizaban actividades culturales, reuniones vecinales y celebraciones que reforzaban el sentido de pertenencia. El hecho de que un centro escolar esté abierto, además, significa que hay maestros que van a ese pueblo, niños que acuden a clase y familias que logran arraigo.
Su clausura provoca una herida emocional profunda, porque simboliza que el pueblo pierde futuro. «Una vez que un colegio cierra, cuesta mucho volver a abrirlo. Ha habido algún caso, pero no es lo habitual», lamenta el secretario provincial de Educación de CSIF, Sergio Vaquero.
En la provincia de Salamanca, este verano bajarán sus persianas quizá por última vez tres aulas educativas, que en este caso son tres colegios, ya que solo tenían una por centro. Son Valero, Martiago y Aldea del Obispo.
Colegio del pueblo salmantino Aldea del Obispo, que cerrará este verano
«El problema no es nuevo», reconoce Vaquero, aunque también apunta que «lo normal era un goteo de uno o dos casi todos los años, alguno incluso se logró que no cerrara ninguno, pero este año son tres y casi han sido cuatro. Es una lástima» ha añadido el responsable de Educación de CSIF.
Este último colegio que estaba en riesgo y ahora todo apunta que se salvará es el de San Muñoz. La actual alcaldesa de esta localidad es Amalia Tocino, perteneciente al Partido Popular, que ha realizado un trabajo «puramente de comercial», como asegura Vaquero, ya que ha conseguido que se matricule algún alumno más para llegar a esos tres, mínimo, que se piden para mantener un centro educativo abierto.
Colegio de Martiago, que cierra sus aulas de cara al curso 26/27
Los alcaldes de localidades de este ámbito rural reclaman políticas más ambiciosas que combinen vivienda asequible, empleo, conectividad y servicios públicos, porque sin un proyecto integral es imposible sostener escuelas abiertas. «Las familias llegan a los pueblos cuando hay trabajo. Hay que lograr una buena conexión física por carretera, igualmente que haya buena conexión a internet... la solución no es solo una», reconoce Vaquero.
El Informe del Programa para la Evaluación Integral de Alumnos (PISA) que se realiza a nivel nacional, sin embargo, es muy positivo para Castilla y León, que suele liderar muchos de los valores. «La comunidad es muy grande y su población está muy dispersa, por lo que la escuela rural es muy individualizada. Los alumnos prácticamente reciben clases particulares y eso es un lujo, aunque los padres en algunos momentos desplazan a sus hijos a localidades más grandes por un tema de socialización», añade Vaquero.