padre e hijo dehesa de los canónigos

Luis e Iván Sanz, padre e hijo al frente de la Dehesa de los Canónigos

El legado de Luis Sanz que su hijo Iván impulsó para convertir Dehesa de los Canónigos en referente de la Ribera del Duero

Supo recoger a la perfección, junto a su hermana Belén, el testigo de su padre fallecido hace poco más de un año para, no solo mantener el rumbo de la bodega familiar, sino para impulsarlo

La Ribera del Duero amanece estos días con un silencio de duelo. El pasado domingo, un accidente de tráfico se llevó la vida de Iván Sanz Cid, CEO de Dehesa de los Canónigos, junto a la de su mujer y dos de sus hijos. Una tragedia que ha sacudido a Valladolid, a Pesquera de Duero y a todo el sector vitivinícola, donde Iván era mucho más que un directivo: era una fuerza transformadora.

Nacido en Valladolid en 1978, ingeniero técnico agrícola por la Universidad de Valladolid y MBA por la Escuela de Negocios de Salamanca, Iván Sanz Cid representaba una nueva generación de bodegueros, formada, ambiciosa, profundamente respetuosa con la tradición pero decidida a abrir ventanas al mundo.

Los que le conocieron subrayan que supo recoger a la perfección el testigo de su padre. Tras el fallecimiento de Luis Sanz, hace poco más de un año, Iván no solo mantuvo el rumbo de la bodega familiar, sino que lo aceleró. Entendió que el legado de su padre y de su madre, María Luz Cid, no era un punto final, sino un punto de partida.

Iván Sanz, CEO de Dehesa de los Canónigos, junto a su madre y su hermana

Iván Sanz, CEO de Dehesa de los Canónigos, junto a su madre y su hermanaDehesa de los Canónigos vía Instagram

Hace cinco años, Iván asumió la dirección de Dehesa de los Canónigos. Lo hizo junto a su hermana Belén Sanz Cid, enóloga, con quien formaba un tándem perfecto. Él aportaba la visión estratégica, la capacidad de leer mercados, la ambición internacional. Ella, el conocimiento técnico, la sensibilidad del viñedo, la fidelidad al estilo de la casa.

Juntos reforzaron la estructura de la bodega, ampliaron instalaciones, profesionalizaron procesos y elevaron el enoturismo a una experiencia que combinaba paisaje, historia y excelencia enológica. Pero su mayor logro fue otro, convertir los vinos de Dehesa de los Canónigos en una marca sólida en el exterior, presente ya en más de 20 países.

Iván Sanz, director general de la bodega Dehesa de los Canónigos

Iván Sanz, director general de la bodega Dehesa de los Canónigos

La muerte de Iván, de su mujer y de dos de sus hijos deja una herida profunda en la familia, por supuesto, pero también en el mundo del vino. Sin embargo, también deja una certeza, su visión ya había transformado la bodega. Su impulso, su ambición y su respeto por la tradición han quedado grabados en cada proyecto, en cada mercado abierto, en cada botella que hoy viaja fuera de España.

Belén Sanz Cid, su hermana, y el equipo de la bodega afrontará ahora un futuro marcado por la dolorosa ausencia, pero también por la responsabilidad de custodiar un legado que Iván supo engrandecer. El de su padre, el de su madre y el suyo propio.

Luis Sanz, padre de Iván y Belén, al frente de Dehesa de los Canónigos

Luis Sanz, padre de Iván y Belén, al frente de Dehesa de los CanónigosDehesa de los Canónigos vía Instagram

En Pesquera de Duero, entre viñas que miran al río, la historia de Dehesa de los Canónigos continuará. Y lo hará con la convicción de que el trabajo de Iván Sanz Cid ya forma parte de la memoria viva de la Ribera del Duero, un legado que ya había empezado a convertirse en futuro.

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