22 de mayo de 2022

Puigdemont, el 6 de septiembre de 2017, anunciando la firma del decreto que convocaba la votación del referéndum del 1-O

Carles Puigdemont, el 6 de septiembre de 2017, anunciando la firma del decreto que convocaba la votación del referéndum del 1-OGTRES

Las nuevas revelaciones sobre los contactos de Puigdemont con Rusia acorralan al expresident

El Parlamento Europeo creará una comisión de investigación y en el horizonte está la decisión por las euroórdenes contra el expresidente de la Generalitat y los exconsejeros huidos de la Justicia

Hoy ya no lo niegan, pero lanzan balones fuera como si la cosa no fuera con usted». Es lo que le decía el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, a raíz de conocerse nuevos datos sobre los contactos del entorno de Puigdemont y del propio expresidente del gobierno catalán con emisarios de Putin. Y es que hasta esta semana prácticamente, el independentismo se resistía una y otra vez a admitir estos lazos a pesar de las informaciones que han ido apareciendo durante los últimos meses; eso sí, lo minimizan y, en cambio, hacen mucho ruido con el caso de espionaje a personas del entorno independentista.
Un nuevo nombre hay que añadirse a este rompecabezas que forma la llamada «trama rusa»: Nikolai Sadovnikov, un exdiplomático soviético y ruso que tenía un historial de representación del Kremlin en áreas de conflicto sensibles. Según la investigación internacional liderada por OCCPR (Organized Crime and Corruption Reporting Project), se habría reunido con Carles Puigdemont el día antes de que en el Parlament se votara la Declaración Unilateral de Independencia. El encuentro tuvo lugar en la Casa dels Canonges, y Sadovnikov habría garantizado a Puigdemont 10.000 soldados y 500.000 millones de dólares si Cataluña se independizaba. A cambio, Cataluña se convertiría en una especie de paraíso fiscal de las criptomonedas.
Pues bien, este encuentro lo ha confirmado tanto el entorno de Puigdemont, lo ha hecho la oficina del expresidente de la Generalitat, que también precisa que rechazó los ofrecimientos, de soldados y dinero por «inconvenientes y poco creíbles». Y ante el juez Joaquín Aguirre, que investiga el presunto desvío de fondos al ‘procés’, un excargo de Convergència Democràtica, Víctor Terradellas, reconoció dos reuniones. Una se produjo el 24 y la otra el 25 de octubre de 2017. Se celebraron efectivamente en la Casa dels Canonges, la residencia oficial del President, porque se consideró que no tenían estas reuniones carácter oficial. Eso sí, Terradellas aseguró que estos encuentros no se produjeron a petición de Puigdemont, sino suya. Y, es más, según él, al expresidente el ofrecimiento de estos emisarios le pareció «una broma de mal gusto».

Tratando de quitarle hierro

Los partidos independentistas quitan hierro al asunto. El todavía secretario general de Junts, Jordi Sánchez, dice que estas últimas informaciones son una «invención sin ninguna base», mientras que la consejera de Presidencia, Laura Vilagrà, quiere mantenerse «muy lejos de todo el entramado de tramas rusas».
Pero lo cierto es que este tema está acorralando a Puigdemont. De entrada, el Parlamento Europeo ha aprobado la creación de una Comisión Especial para investigar las «injerencias extranjeras en todos los procesos democráticos de la UE, en particular la desinformación». El eurodiputado popular, Javier Zarzalejos, será su vicepresidente. Entre las cuestiones que se van a investigar está precisamente los contactos de personas del entorno independentista con el régimen ruso. Y lo investigará el Europarlamento a pesar de los intentos de Puigdemont y también de Podemos para evitarlo.
Y en medio de toda esta polémica también está el futuro judicial del expresidente de la Generalitat. El 14 de julio el Abogado General de la Unión Europea hará público un dictamen en el que se pronunciará sobre si Bélgica puede cuestionar la competencia del Tribunal Supremo (TS) para emitir las euroórdenes contra Puigdemont y el resto de exconsejeros huidos de la justicia. Su informe no es vinculante, pero puede indicar el camino sobre el futuro de Puigdemont. Y todas estas informaciones que van apareciendo, nos decía un eurodiputado, «no le van a ayudar especialmente», no solo en su batalla judicial, sino a nivel político, porque cada vez «está más aislado» en Europa.

Varias reuniones con el Kremlin

Nikolai Sadovnikov es el último nombre que ha aparecido. Pero hay que recordar que Josep Lluís Alay, uno de los hombres más próximos a Puigdemont, se reunió con varios funcionarios rusos para que supuestamente el Kremlin ayudara y apoyara el proceso independentista en Cataluña.
Alay ha reconocido tres viajes a Moscú, aunque según él, en ningún caso tenían nada que ver con este objetivo, con conseguir el favor de Rusia. En uno de esos viajes, en junio de 2019 dio una conferencia a puerta cerrada sobre la situación política en Cataluña a la que asistió, entre otros, el exespía ruso Andrei Bezrukov. Volvió a encontrarse con él y con el director de un programa de política internacional en el ruso Canal 1 en febrero de 2020.
Más nombres: Alexander Dimitrenko. Es un empresario ruso que lleva 17 años afincado en Cataluña. A finales de este mes deberá declarar como imputado ante el juez Joaquín Aguirre. Se investiga su participación en una operación de compraventa de gas entre Rusia y China que sirvió presuntamente para financiar el ‘procés’. De hecho, Dimitrenko habría viajado dos veces con Alay a Moscú para buscar apoyo financiero a la causa secesionista.

Censurar a España y la UE desde Rusia

También el propio Puigdemont visitó Moscú en varias ocasiones. Y allí se reunió con personas del entorno presidencial o del servicio de seguridad ruso además de conceder varias entrevistas a medios de comunicación de Rusia para censurar a España y la Unión Europea. Y también tuvo encuentros en Suiza con personas próximas a los oligarcas rusos.
Se trata de un goteo de información que van laminando aún más la posición del expresidente de la Generalitat. Y, es más, incluso desde algunos sectores de Junts empiezan a cuestionar estos contactos y creen que fue un error que el expresident se acercara a Rusia para conseguir la independencia.
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