El portavoz del PP en el Parlament, Juan Fernández, en una imagen de archivo

El portavoz del PP en el Parlament, Juan Fernández, en una imagen de archivoEuropa Press

Entrevista

Juan Fernández (PP): «Si yo fuera Salvador Illa, se me caería la cara de vergüenza al recibir al Rey»

Sobre pactos con Junts el portavoz parlamentario del PP se pregunta por qué no puede haber un entendimiento entre populares, Vox y Junts para bajar impuestos

Juan Fernández es diputado del Partido Popular en el Parlament de Cataluña y portavoz del grupo parlamentario desde junio de 2024. Pero cuenta con experiencia política en el ámbito municipal. Y es que fue primer teniente de alcaldía en Badalona, de la mano de Xavier Garcia Albiol. Y también forma parte del comité ejecutivo del PP renovado y decidido por Alberto Núñez Feijóo.

— Ha llamado la atención esa votación en la que el PSC ha rechazado la presencia del Rey en Cataluña ¿Les ha sorprendido? Illa hablaba de abrir una nueva etapa, y ahora el Partido Socialista sale con esto. ¿Ha sido un error del presidente del grupo parlamentario como se ha dicho en determinados círculos?

— Es surrealista que el Partido Socialista vote en contra de la presencia del Rey en Cataluña. No creo que sea un error, porque, al final, votan todos los diputados socialistas y son suficientes como para darse cuenta de un error de esta dimensión, y sobre todo porque era un punto importante, controvertido. Lo que ha pasado aquí es que a Salvador Illa le han temblado las piernas a la hora de defender al Rey delante sus socios independentistas. Está tan condicionado por esos socios y también por los Comunes, que ha votado conscientemente y de forma voluntaria en contra de la presencia del Rey en Cataluña.

Y eso es un antes y un después. Redunda en esa falta de normalización que hay en Cataluña. Cuando se presentó a las elecciones y cuando fue investido, Illa dijo que iba a abrir una nueva etapa. Y esa nueva etapa no existe porque estamos viviendo en Cataluña el mismo proceso independentista de años atrás. La diferencia es que el PSC intenta convencer a los ciudadanos que estamos en otra situación, en esa nueva etapa, pero pasa exactamente lo mismo que hace algunos años.

La próxima semana se va a celebrar la ceremonia de los premios Princesa de Girona. Y ahí va a estar el Rey, y se supone que también Salvador Illa. Después de esa votación, ¿con qué cara va a recibir el presidente la Generalitat a su Majestad?

— Pues no lo sé, pero a mí se me caería la cara de vergüenza por haber votado una semana antes en contra de la presencia del Rey y luego ir a recibirle. Es algo absolutamente contradictorio. Pero es la dinámica del Partido Socialista, la de intentar copiar o la de intentar copiar el discurso de ERC o de Junts. Es surrealista que, a día de hoy, en Cataluña, el PSC esté mutando en un nuevo partido nacionalista de Cataluña.

El presidente de su partido, Alejandro Fernández, habla de Illa como el yerno perfecto: ni una mala palabra, ni una buena acción. Está esta votación sobre el Rey, pero los socialistas también se están planteando, junto con los separatistas, una estrategia para saltarse una posible sentencia del Tribunal Constitucional contraria a la imposición lingüística.

— No es que estén pensando en saltársela, es que se la están saltando ya. La Generalitat del PSC y de Salvador Illa está incumpliendo las sentencias judiciales del Tribunal Supremo y esa sentencia del 25%. Y también es muy grave la estrategia educativa de Salvador Illa, que es exactamente la misma, calcada, que la de ERC o la de Junts. Es una estrategia de imposición lingüística que no lleva a ningún sitio.

Esquerra y Junts, con sus políticas lingüísticas, han convertido al catalán en una lengua antipática, cuando supone una riqueza cultural importantísima. Y yo mismo me siento orgulloso de ser bilingüe y de poder hablar castellano catalán, y de hacerlo con toda la normalidad del mundo. Pero lo que hacen los políticos independentistas, y ahora también el Partido Socialista, es convertir al catalán en una lengua antipática, porque cuando impones el uso de una lengua, estás haciendo algo que quizá la sociedad quiere. Y eso no sucede en ningún país del mundo, que se obligue a los comercios a rotular en una determinada lengua, para que no lo hagas en la lengua que es oficial en tu país.

Lo que pasa que en Cataluña es propio de una dictadura lingüística, de una imposición lingüística que ha convertido el catalán en una lengua antipática y que llevado al catalán a los usos más minoritarios de los últimos años.

¿Y no se está convirtiendo el catalán en una nueva obsesión, en un sustituto o en un nuevo procés?

— Siempre ha sido la obsesión de los partidos independentistas y ahora del Partido Socialista, porque la han utilizado como una herramienta de batalla política, como un arma arrojadiza. Y eso es injusto para la lengua y para los ciudadanos. Y ahora el Partido Socialista la usa como objeto de mercadeo para contentar a aquellos que sustentan tanto a Pedro Sánchez en la Moncloa, como a Salvador Illa en la Generalitat, para seguir unos meses más.

Cesiones al separatismo

Y para seguir en el Gobierno unos meses más, Pedro Sánchez acepta una financiación singular para Cataluña que, tal y como está planteada, no deja de ser un modelo de concierto económico que rompe la caja común y el principio de solidaridad.

— Es un cupo separatista que no viene a solucionar los problemas de la gente, sino a crear más división y más discordia, a romper la caja común y a romper ese principio de igualdad y de solidaridad. Y no nos olvidemos de que la Comisión Bilateral fue una performance entre socialistas y socialistas que venían a negociar algo que no pueden negociar, y que, en cualquier caso, se debería haber hecho en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera con todas las comunidades autónomas.

Y no van a solucionar nada, porque, por ejemplo, no ponen encima de la mesa una bajada de impuestos en Cataluña, que sufre un auténtico infierno fiscal. Lo único que hacen con este cupo es ceder más competencias, porque el deseo y el objetivo es darle al independentismo las herramientas de desconexión que ellos quieren y que no consiguieron ni siquiera durante el procés. Y, por supuesto, se trata de seguir incrementando esa macroestructura que tiene Cataluña de cargos políticos, que hace de la Generalitat una administración burocrática y obsoleta. Es una administración fallida.

Y la Generalitat no es ejemplo de buena gestión, precisamente. Ahí están los resultados en educación o sanidad.

— No se está premiando a quien mejor gestiona, sino a quien mejor presiona. Este cupo separatista no es más que una transacción, una cesión más para continuar en el poder. Se está premiando a una Comunidad Autónoma que es la líder en mala gestión. Yo no entiendo por qué la Generalitat pide más competencias cuando no es capaz de gestionar bien las que ya tiene.

Podríamos hablar de las listas de espera de en la sanidad pública catalana; también somos líderes en barracones escolares y en malos datos educativos; o en ocupaciones ilegales, porque aquí se producen cuatro de cada diez ocupaciones de las que se registran en España. También somos líderes en datos delincuenciales.

Y el relato que quieren vender es que, si hay mala gestión de los servicios públicos, es por culpa de una mala financiación. Eso es una absoluta mentira. Claro que Cataluña, como el resto de comunidades autónomas, necesita una mejor financiación. Pero el problema de la Generalitat es su propia macroestructura, y que ha tenido al frente líderes políticos que han estado más preocupados en crear un Estado imaginario que de cuidar y de mejorar los servicios públicos.

Lo cierto es que Pedro Sánchez va cediendo por aquí y por allá: Rodalies, amnistía, se está ahora con la financiación, no se cierra la puerta a un poder judicial propio en Cataluña. En algún momento ya no podrá ceder más. ¿Hasta cuándo? ¿Eso le pasará factura?

Pedro Sánchez tiene la obligación de dimitir y de convocar elecciones cuanto antes, no ya por la mala gestión o por las cesiones que está haciendo al independentismo para continuar en el poder, sino porque está rodeado de corrupción. Y porque hay indicios suficientes como para concluir que el Presidente sabía de la corrupción de su entorno personal, del partido y de su entorno de gobierno.

Y, por lo tanto, la mejor medida de regeneración política que puede tener España es la dimisión del Presidente de Gobierno y la convocatoria a elecciones para que los españoles puedan hablar a través de las urnas y puedan elegir a un gobierno limpio, pero, sobre todo, a uno que esté preocupado de los problemas reales.

¿Qué papel puede jugar el PP?

— El Partido Popular es, a día de hoy, más necesario que nunca. Está ahí construyendo y presentando ante la ciudadanía esa gran alternativa que necesitan los ciudadanos para dejar atrás esta decadencia del Partido Socialista y de Pedro Sánchez. Hemos hecho un congreso en un momento muy oportuno, para preparar al partido para el futuro, teniendo en cuenta la situación política que vivimos en España; para construir esa alternativa fuerte, para dejar atrás este Gobierno de mentiras y de corrupción.

Estamos más unidos que nunca y hay un liderazgo fuerte y sólido. Nuestro presidente tiene una trazabilidad que es muy importante. Ha tenido éxito en Galicia porque él ha hecho todo lo que se ha comprometido y se lo han recompensado los gallegos en las urnas con varias mayorías absolutas. Tenemos el mejor proyecto y hemos conformado el mejor equipo para afrontar estos difíciles momentos para el país, porque estamos en una situación de emergencia nacional.

Pactos con Junts

En ese congreso también se habló, y mucho, sobre posibles pactos con Junts. ¿Eso lo entenderían los votantes del PP, y sobre todo aquí en Cataluña? En Junts, la cabra tira al monte.

— Seguramente yo no comparto la mayoría de cosas con Junts. Pero creo que los ciudadanos entienden y nos piden que los partidos políticos apartemos las diferencias a la hora, por ejemplo, de votar a favor de una bajada de impuestos en España. Es decir, ¿es malo que el Partido Popular, Junts y también Vox puedan votar juntos en el Congreso de los Diputados a favor de bajar los impuestos? Pues evidentemente que no es malo. Y, si eso es así, por qué no coincidir en una votación para echar del Gobierno a aquellos que nos someten a ese infierno fiscal. Yo creo que es una cuestión de sentido común.

¿Vamos a hacer pactos y dialogar con Junts para negociar gobiernos? Seguramente no. Pero podemos dialogar siempre. Y podemos coincidir en votaciones, siempre y cuando no se superen las líneas rojas del Partido Popular. Y esas son nuestro programa, la ley y la Constitución. Fuera de ahí no tenemos nada que pactar, nada que dialogar, ni nada en qué coincidir.

¿Y cómo interpreta, entones, la última encuesta del CEO? Da prácticamente un empate entre Vox y PP

— Las encuestas son fotos del momento. Y el Partido Popular ha visto encuestas durante todos estos años, incluso antes de las elecciones del año pasado, en las que podía producirse este empate. Pero la realidad es otra. La realidad es que el PP sacó unos resultados muy buenos el año pasado y hay que seguir mejorando. Nosotros no nos quedamos en el conformismo ni en la resignación. Aspiramos a ganar más apoyos y, sobre todo, a ser una fuerza decisiva en Cataluña para brindar a los ciudadanos una alternativa que se aleje de ese independentismo y de ese socialismo que nos han llamado a la decadencia durante los últimos años.

Nosotros tenemos nuestro propio discurso y creo que hemos salido de este congreso, no solo con un liderazgo del presidente reforzado, sino con un proyecto sin complejos. Y podemos ofrecer a día de hoy a los ciudadanos un proyecto y una alternativa en la que no nos tiembla la mano ni nos tiemblan las piernas para defender nuestros principios y nuestros valores. Así se modela ese centro político y reformista que quiere construir el Partido Popular.

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