Monasterio de Sant Jeroni de la Vall d'Hebron
Fue el gran monasterio junto a Barcelona: hoy lo cubren una gasolinera y montones de basura
Los vestigios del monasterio real de Barcelona languidecen entre escombros mientras las administraciones diluyen responsabilidades
Los restos arqueológicos que perviven del monasterio de Sant Jeroni de la Vall d'Hebron dibujan un panorama desolador en las laderas de Collserola. Este enclave, que durante cuatro siglos marcó el horizonte barcelonés desde su fundación por la reina Violant de Bar en 1393, se ha convertido en símbolo del deterioro patrimonial urbano.
La transformación comenzó tras su clausura en 1835: primero el trazado de la carretera atravesó el corazón monacal, después una gasolinera se instaló sobre las antiguas dependencias religiosas durante los años sesenta. Según documenta El Periódico, esta evolución urbanística enterró literalmente la memoria histórica del lugar.
Un vertedero que oculta tesoros medievales
La zona se convirtió en receptor habitual de desperdicios, creando una mezcla surrealista donde conviven fragmentos arquitectónicos con desechos modernos. Lluís Jordà, de la Associació d'Amics del Monestir, relata cómo han extraído «cantidades ingentes de basura» durante las labores voluntarias de recuperación.
Juli Fontova, del mismo colectivo, explica que la apertura de la estación de servicio convirtió el área en destino predilecto para vertidos ilegales: «Los camiones descargaban sus residuos en la primera curva». Aunque una valla redujo esta práctica, considera que «sigue siendo un desastre».
La investigación de El Periódico revela cómo electrodomésticos abandonados, componentes automovilísticos y materiales de construcción se entremezclan con fragmentos de escudillas medievales que emergen espontáneamente, evidenciando el potencial arqueológico sepultado.
Joan Vilamú, del Consorcio del Parque Natural de Collserola, contextualiza el problema: durante décadas, la sierra sirvió como vertedero improvisado, dejando rastros que afloran con las tareas de mantenimiento.
El Ayuntamiento traslada la responsabilidad al propietario del terreno privado mientras asegura trabajar «para la recuperación y dignificación» del conjunto histórico. Sin embargo, la ausencia de plazos genera frustración ciudadana. «Estamos en una ambigüedad total y no hay calendario», advierte Jordà.
Las actuaciones se limitan a desbroces anuales preventivos y batidas de limpieza voluntarias, insuficientes para un enclave que requiere un plan integral. Mientras las administraciones coordinan competencias, los vestigios de este cenobio real siguen esperando el reconocimiento que merece su importancia histórica, según constata el análisis realizado por El Periódico sobre este paradigmático caso de abandono patrimonial.