Lluís Companys en Sabadell, en 1937.

Lluís Companys en Sabadell, en 1937.Wikimedia

Historia

Desmontando el mito de Companys: fue una figura decorativa al servicio de anarcosindicalistas y comunistas

Las cuatro etapas por las que pasó la relación del controvertido presidente de la Generalitat con estos grupos

«Vosotros sois los dueños de la ciudad y de Cataluña, pues sólo vosotros habéis vencido a los fascistas. (...) Si no me necesitáis, me voy; si me necesitáis, me quedo. Estoy a vuestra disposición». Estas fueron las palabras que pronunció Lluís Companys, entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, el 20 de julio de 1936, a sus amigos anarcosindicalistas, horas después de que estallase la Guerra Civil.

Toda una declaración de intenciones por parte de un personaje cuyas relaciones con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) fueron extremadamente complejas y volátiles, marcadas por el pragmatismo político forzado por el contexto de la II República y la guerra civil. Esta relación pasó de la confrontación a la alianza, de defenderlos en juicios a ponerse a sus pies, de una colaboración incómoda al enfrentamiento abierto.

Es decir, Companys era amigo de los anarcosindicalistas, en cierta manera, porque lo encumbraron a la presidencia de la Generalidad, le dieron poder y, cuando vio que lo iban a defenestrar, acabó con ellos dando un golpe interno de estado, en mayo de 1937.

Cuatro periodos clave

La relación de Companys con los anarcosindicalistas la podemos dividir en cuatro periodos clave. El primero es su trayectoria como abogado sindicalista en la época del pistolerismo. Trabajó junto a su amigo y compañero político, Francesc Layret, otro abogado que se dedicaba a la defensa de los trabajadores y que fue asesinado en 1920.

Fue uno de los impulsores de la Unió de Rabassaires i Altres Cultivadors del Camp de Catalunya, un sindicato de viticultores no propietarios, conocidos como rabassaires, redactando sus estatutos y dirigiendo su órgano de prensa llamado La Terra. Esta actividad muestra su compromiso con el sindicalismo, llevándolo también al ámbito rural. Su actividad como defensor de las clases populares y los sindicalistas cimentó su popularidad y su posterior carrera política.

Lluis Companys

Lluis Companys, en una imagen de archivoWikipedia

El segundo periodo se desarrolló de 1931 a 1936 y, a pesar de la buena relación que tuvo como abogado, en los primeros años de la República la relación mutua fue esencialmente de oposición. Companys representaba al catalanismo de izquierdas: primero en la Unión Federal Nacionalista Republicana; luego, en el Partido Republicano Catalán, y en 1931, fundando con Francesc Macià y Joan Lluhí el partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

En aquellos primeros tiempos defendían el progresismo, el orden institucional y el autogobierno dentro del marco republicano-burgués. Es desde estos principios cuando chocó con la CNT, pues era una organización revolucionaria, antiestatal y apolítica, que tenía como objetivo la revolución social libertaria, mediante la huelga general y la acción directa.

Este conflicto de ideas entre ERC y CNT llevó a conflictos sociales. La Generalitat, con Macià y Companys, se vio obligada a intervenir para restaurar el orden, lo que llevó a la represión de movilizaciones y a numerosos encarcelamientos de militantes anarquistas. Paralelamente a esto, Companys organizó una tregua táctica al ser el promotor de lo que se conoció como Pacto del Hambre, para acabar con los Sindicatos Libres. Esto proporcionó una relativa paz social.

Durante la guerra

Llegamos al tercer periodo que se encuadra dentro de la guerra civil. Como hemos leído, la actuación decisiva de los militantes de la CNT-FAI en las calles de Barcelona fue fundamental para derrotar a los militares sublevados en Cataluña. Esto supuso un cambio de mentalidad.

El poder real lo tenía el anarcosindicalismo y no la Generalitat. Ellos dominaban la calle, las fábricas, la economía y la ciudadanía a través de la represión. Companys se había quedado sin poder. De ahí que el 20 de julio de 1936 les entregara el poder. Una entrega más anecdótica que otra cosa, pues ya lo tenían de facto.

A pesar de este poder, la CNT-FAI no quiso imponer una dictadura anarquista inmediata, para no provocar una intervención militar republicana. En esto fueron pragmáticos. Por eso optaron por una estrategia de colaboración forzosa. ¿Qué queremos decir? Decidieron formar parte del Consejo de la Generalitat de Cataluña y nombraron consejeros. Estos fueron Josep García Birlan, Joan Isgleas Pi, Diego Abad de Santillán, Valeri Mas Capdevila, Josep Juan Porqueras.

Joan García Oliver fue una figura central en el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (CCMAC), el cual fue el verdadero poder de facto en Cataluña desde julio hasta septiembre de 1936, operando en coordinación con la Generalitat. En este Comité, García Oliver fue Secretario del Departamento de Guerra. Luego, desde noviembre de 1936 hasta mayo de 1937, fue ministro de Justicia en el gobierno de Largo Caballero. Con esto Companys pasó a ser una figura decorativa necesaria para mantener la fachada de la República.

Golpe de estado interno

Finalmente tenemos los hechos de 1937, por el golpe de estado interno para derrocar al anarcosindicalismo y, por derivada, al POUM. La fricción entre Generalidad y CNT-FAI derivó en el intento del gobierno y sus aliados, el PSUC, tomaran el control del edificio de telefónica, controlado por la CNT, provocando una semana de enfrentamientos armados en las calles.

La conclusión es que se derrotó al la CNT. Companys, aunque de mala gana, terminó respaldando la represión y la centralización del poder. El gobierno central aprovechó la situación para retirar gran parte de la autonomía a la Generalitat, lo que significó la eliminación del poder real de la CNT en Cataluña.

A partir de mayo de 1937 la CNT fue expulsada del gobierno de la Generalidad, volviendo a la marginalidad política, mientras que Companys recuperó el control institucional, aunque no es del todo cierto. Desde ese momento dependió del gobierno central y de los miembros del PSUC. La necesidad política que tuvo, en un determinado momento, con la CNT-FAI, volvió a tenerla, hasta finalizar la guerra con el PSUC. Es decir, Companys fue marioneta o figura decorativa de los anarcosindicalistas y de los comunistas para mantenerse en el poder.

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