Las caracolas halladas
Arqueología
¿Móviles hace 6.000 años? Unas caracolas halladas en la costa de Barcelona obligan a repensar el Neolítico
Arqueólogos de la UB explican su descubrimiento en costas catalanas
El descubrimiento reciente de caracolas marinas transformadas en trompas en asentamientos y minas neolíticas de la costa catalana ha revolucionado nuestra comprensión sobre las formas de comunicación, el intercambio y la dinámica social de las primeras comunidades agrícolas y ganaderas en la Península Ibérica.
Arqueólogos de la Universidad de Barcelona (UB) han confirmado el uso de estas conchas como instrumentos sonoros capaces de emitir sonidos potentes y modulables hace aproximadamente 6.000 años, lo que las sitúa como posibles instrumentos de comunicación a larga distancia y, a la vez, como los instrumentos de comunicación más antiguos documentados en la Península.
Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Antiquity, no solo añade una nueva capa al conocimiento del Neolítico en Cataluña, sino que también sugiere que el sonido y los artefactos sonoros jugaron un papel mucho más relevante de lo que se pensaba en la configuración de la vida prehistórica.
Los arqueólogos Miquel López Garcia y Margarita Díaz-Andreu
El Neolítico, período de la prehistoria caracterizado por la adopción de la agricultura y la ganadería, la llamada Revolución Neolítica, trajo consigo no solo un cambio en el modo de subsistencia, sino también una transformación profunda en la estructura social, la tecnología y las formas de interacción humana. La necesidad de coordinación, alarma, y cohesión grupal en comunidades sedentarias y en expansión habría requerido métodos de comunicación eficaces que trascendieran la proximidad inmediata.
Las caracolas marinas, en particular las de gran tamaño y forma helicoidal, han sido utilizadas como instrumentos de viento, trompas, en diversas culturas alrededor del mundo y a lo largo de la historia. El mecanismo es muy simple. Mediante la perforación de la punta o el ápice de la concha, se crea una boquilla por donde el soplido del ejecutante se amplifica, generando un sonido que puede viajar grandes distancias.
En la costa catalana
Los ejemplares descubiertos en Cataluña, provenientes de yacimientos costeros y también de la famosa mina neolítica de Can Tintorer, en Gavá (Barcelona), sugieren que no se trataba de objetos improvisados.
La elección del tipo de concha, su manipulación y la presencia en contextos no necesariamente costeros apuntan a un uso consciente, estandarizado y, probablemente, con un significado que iba más allá de lo puramente funcional. Se ha documentado que estas trompetas son capaces de generar melodías, pero su uso principal parece haber sido como dispositivos de comunicación sonora a distancia.
El estudio liderado por arqueólogos de la UB va más allá de la mera identificación del instrumento. Sus conclusiones resaltan las profundas implicaciones que este teléfono prehistórico pudo tener en la sociedad neolítica. La primera es que servían como herramientas de comunicación masiva. La capacidad de estas trompas para producir sonidos potentes y audibles a larga distancia pudo haberlas convertido en el primer medio de comunicación «masiva» o de amplio alcance en la región. Esto facilitaría la coordinación de grupos para la caza, la trashumancia del ganado, la defensa, o incluso el anuncio de eventos ceremoniales o encuentros.
La segunda es el dinamismo espacial y económico de las mismas. El hallazgo de caracolas marinas modificadas en asentamientos del interior, como las minas de Gavà, donde se extraía variscita, indica la existencia de rutas de intercambio y comercio bien establecidas. Las conchas, al ser un recurso de la costa, se habrían movido tierra adentro, probablemente a cambio de otros bienes valiosos como el mineral de variscita. Su transformación en trompas en el interior sugiere que el conocimiento de su fabricación y uso era parte de una tradición compartida que se difundía a través de estas redes de intercambio.
Y, finalmente, la cohesión social y prácticas rituales. Aunque la función comunicativa es la más destacada, no se descarta, y de hecho es probable, que estos instrumentos también tuvieran un papel en las prácticas musicales o rituales. El sonido y la música son elementos esenciales en la vida de nuestra especie, y la generación de un sonido potente y colectivo pudo haber servido para fortalecer la identidad grupal, marcar el ritmo de las celebraciones, o establecer la atmósfera en ceremonias funerarias o de otro tipo.
Nuevo hallazgo
El estudio de los objetos de concha en el Neolítico de la Península Ibérica se había centrado principalmente en su uso ornamental, como collares, brazaletes, o como elementos de intercambio, como el Opérculo de Bolma rugosa. Este nuevo hallazgo en Cataluña desplaza el foco hacia su función sonora, consolidando a las trompas de caracola como los instrumentos de comunicación más antiguos de la península.
La atención a la arqueoacústica, la disciplina que estudia el sonido en el pasado, está permitiendo a los investigadores reconstruir el paisaje sonoro de estas sociedades. Al hacer sonar las réplicas de estas trompas de caracola, los arqueólogos han podido experimentar la intensidad y modulación de los sonidos que, hace seis milenios, resonaban entre los asentamientos costeros y las incipientes minas del Neolítico catalán.