Abadía de Montserrat en el macizo que lleva su nombre.

Abadía de Montserrat en el macizo que lleva su nombre.Getty Images

La joven catalana que se convirtió en papisa

De leyenda medieval a símbolo cultural: el mito de la papisa vinculado a Montserrat

Cuenta la leyenda que, en el siglo IX, ascendió al trono de San Pedro en Roma una mujer disfrazada de hombre. La tradición, en Cataluña, explica que esa mujer era originaria de Monistrol de Montserrat, a los pies de la icónica montaña. A esa mujer se la conoce como Papisa Juana. Algunas versiones más tardías sugieren que su nombre de niña era Agnes o Gilberta. Aunque hablamos de Cataluña, esta leyenda es universal.

La leyenda surge por primera vez en crónicas de mediados del siglo XIII. El relato que en aquella época popularizó el dominico Martinus Polonus, también conocido como Martín de Opava, fue un cronista del siglo XIII. En su «Chronicon pontificum et imperatorum» (Crónica de los papas y emperadores), sitúa a Juana entre los pontificados de León IV y Benedicto III, del año 855 al 857.

Juana era originaria de muchos sitios. Unos la sitúan en Maguncia (Alemania), otros en Inglaterra y, aquí, en Monistrol de Montserrat. Dicen que poseía una inteligencia y una sed de conocimiento extraordinarias. En aquella época, el acceso a la educación superior estaba reservado en exclusiva a los hombres. Por eso se disfrazó de monje y adoptó el nombre de Johannes Anglicus. Estudió en Atenas y Roma. En esta última, su fama fue tal que la nombraron cardenal. Luego la eligieron papa, sin que nadie sospechara sobre su sexo.

Todo iba bien y el engaño duró cierto tiempo, hasta que, tras mantener una relación secreta con un amante, dio a luz en público durante una procesión. Su final varía. Algunas versiones apuntan que murió lapidada y otras que fue desterrada. Martín de Opava explica que:

«A causa de su desconocimiento del tiempo que faltaba para el parto, parió a su hijo mientras participaba en una procesión desde la basílica de San Pedro a Letrán, en una calleja estrecha entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente. Después de su muerte, se dijo que había sido enterrada en ese lugar. El Santo Padre siempre evita esa calle, y se cree que ello es debido al aborrecimiento que le causa este hecho. No está incluido este papa en la lista de los sagrados pontífices, por su sexo femenino y por lo irreverente del asunto».

Por su parte, Jean de Mailly, compilador, hagiógrafo y cronista católico de la orden de los dominicos (1190-1260), en Chronica Universalis Mettensis escribe una variante sobre el tema:

«Un día, mientras montaba a caballo, dio a luz a un niño. Inmediatamente, por la justicia de Roma, fue encadenada por el pie a la cola de un caballo, arrastrada y lapidada por el pueblo durante media legua. En donde murió fue enterrada, y en el lugar se escribió: Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum (Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa). También se estableció un ayuno de cuatro días llamado ayuno de la papisa».

Se cuenta que, desde ese momento, para que nadie los volviera a engañar, se construyó la sedia stercoraria. ¿Qué era? Una silla de mármol con un agujero en el centro. Según la leyenda, se usaba en una ceremonia para verificar que el nuevo papa fuera hombre, tocando sus testículos a través del agujero para confirmar que tenía dos y que colgaban bien. La silla real se encuentra expuesta en los Museos Vaticanos. En realidad, era un inodoro, especialmente durante los viajes largos.

La pregunta que nos podemos hacer, una vez conocida la leyenda descrita por Martín de Opava, es: ¿por qué un pequeño pueblo al pie de la montaña sagrada de Cataluña se convirtió en cuna de un personaje como la Papisa Juana?

En primer lugar, debemos decir que esta vinculación de la papisa con Monistrol de Montserrat forma parte del romanticismo catalán. Surgió en el siglo XIX de la mano del dramaturgo, poeta e historiador Víctor Balaguer (1824-1901), miembro destacado de la Renaixença. Este movimiento cultural quiso darle a Cataluña un folclore y una serie de historias que nunca habían sido tradicionales. Al incluir este presunto nacimiento catalán de la papisa, Balaguer no solo divulgaba la leyenda universal, sino que la anclaba en la identidad catalana, elevando el folclore local a la esfera de la literatura culta y del romanticismo histórico.

Por otra parte, tenemos el vínculo con el lugar. Desde la Edad Media, Montserrat es un centro espiritual. Desde su origen, su atracción espiritual ha sido foco de leyendas y tradiciones. Como hemos dicho, Juana era una mujer muy inteligente. Con lo cual, si una mujer podía desafiar la jerarquía más alta de la cristiandad, era lógico que su inteligencia surgiera de un entorno tan propicio para el estudio como el de los monasterios de Montserrat.

La montaña de Montserrat está llena de historias de anacoretas, ermitaños y misterios. La idea de una mujer que se oculta bajo ropajes masculinos para conseguir su vocación encaja perfectamente con el misticismo y el aislamiento asociados a la montaña. Tanto la versión catalana como la de Martín de Opava se mantuvieron vivas durante siglos, no como una figura histórica real, sino como un símbolo cultural. ¿Por qué?

En la Edad Media tardía y durante la Reforma Protestante, en el siglo XVI, la historia fue usada por los detractores de la Iglesia católica como sátira y prueba de la corrupción o falibilidad del papado. Siglos después, su figura ha sido reivindicada como un ejemplo de la sed de conocimiento y la ambición de poder de la mujer, que debió disfrazarse para acceder a un mundo totalmente vetado a su sexo. Y si volvemos a Cataluña, la Papisa Juana es vista como la precursora de la mujer que rompe barreras a través del intelecto.

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