Gabriel Rufián e Irene Montero en una imagen de archivo

Gabriel Rufián e Irene Montero en una imagen de archivoFernando Sánchez / Europa Press

Cataluña

El mitin con Irene Montero en Barcelona tensa la ya deteriorada relación entre Rufián y Junqueras

La cita es este jueves, en el auditorio del Campus Ciutadella de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Y sus protagonistas son el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, e Irene Montero. Bajo el título «¿Qué se debe hacer?», lo que pretenden es promover una mayor coordinación entre fuerzas situadas a la izquierda del PSOE ante el próximo ciclo electoral. Y esto se alinea con la línea política que Rufián ha defendido en los últimos meses.

Lo cierto es que el acto ha generado una elevada demanda de asistencia, hasta el punto de agotar en minutos las entradas disponibles y obligar a habilitar espacios adicionales para su seguimiento. Pero, en cambio, el planteamiento de Rufián no es del agrado precisamente de la dirección republicana.

La ausencia del líder de ERC, Oriol Junqueras, justificada públicamente por «temas de agenda», se interpreta como un gesto político inequívoco, porque en los últimos meses ha reiterado su rechazo explícito a la estrategia que subyace al acto: la construcción de un frente amplio de izquierdas en el ámbito estatal.

El desacuerdo no es nuevo, pero sí cada vez más explícito. Frente a la apuesta de Rufián por explorar alianzas con fuerzas como Podemos o el espacio de los Comunes, una lógica orientada a maximizar la representación y evitar la fragmentación del voto, Junqueras insiste en preservar la autonomía política y la identidad electoral de ERC. «ERC se presentará como ERC en todas partes», ha subrayado recientemente, en un mensaje que apunta directamente contra cualquier intento de dilución de la marca.

La tensión, sin embargo, trasciende el eje Rufián-Junqueras y se proyecta sobre el conjunto de la organización. Sectores internos cuestionan tanto la oportunidad como el enfoque de la estrategia del portavoz en Madrid, en un momento en el que el partido arrastra un desgaste acumulado y afronta debates sensibles sobre su posicionamiento político. De hecho, hay una creciente incomodidad con iniciativas que desplazan el centro de gravedad de ERC hacia dinámicas estatales, en detrimento de su perfil propio en Cataluña.

En este contexto, el mitin con Montero actúa como catalizador de una disputa más profunda: la definición del sujeto político de ERC. Rufián representa una postura más práctica y dispuesta a colaborar con otros en la izquierda, mientras que Junqueras y su grupo apoyan una estrategia que refuerza su identidad, especialmente en un momento en que el independentismo también compite por el liderazgo interno y la coherencia del proyecto.

La contradicción se hace aún más evidente al observar la praxis del partido a nivel territorial. ERC está considerando maneras de colaborar con otros grupos progresistas en el ámbito local, pero solo bajo condiciones específicas de control y con su propia identidad. Esto muestra que aceptan de forma limitada y controlada la idea de alianzas que Rufián propone a nivel estatal.

Dos estrategias diferentes

Así, el acto de Barcelona no abre un conflicto nuevo, pero sí intensifica uno preexistente: el choque entre dos concepciones estratégicas difícilmente reconciliables a corto plazo. La dirección intenta contener la exposición pública de estas discrepancias, pero los gestos, como la ausencia de Junqueras, y las declaraciones cruzadas evidencian una relación política deteriorada y una cohesión interna cada vez más frágil.

Los republicanos, en cualquier caso, sí estarán presentes en el evento con dirigentes como Oriol López, Laura Pelay y Ana Balsera, lo que refleja una voluntad de no quedar al margen del debate. La participación de Joan Tardà, partidario de articular entendimientos amplios en la izquierda, subraya además la existencia de sensibilidades distintas dentro de la formación.

El encuentro contará también con representantes de otras formaciones progresistas. Los Comunes asistirán, sin la presencia de Ada Colau y será Xavier Domènech el que ejerza de moderador, mientras que Podem Catalunya aportará varios dirigentes. La ausencia de la CUP delimita, en cualquier caso, el alcance de esa eventual convergencia.

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