Educada en el odio
¿Cómo se puede sentir tanto resentimiento con 27 años en la España de 2026, donde lleva gobernando desde hace ocho años un político, supuestamente socialista, llamado Pedro Sánchez?
Desconozco en qué contexto succionó tanto odio como ahora destila Aránzazu Figueroa Toledo, la nueva secretaria general de las Juventudes del PSOE. Cuando nació, en 1998, España vivía un momento de recuperación económica. No fue un mal año para venir al mundo. Cuando llegó al Gobierno en el 2004 Zapatero, el amigo de la dictadura venezolana que se llevó por delante miles de vidas de jóvenes como ella, la muchacha apenas tenía entonces cinco años. Cuando Sánchez ganó una moción de censura con 85 escaños, la dirigente juvenil contaba 19 años. Ignoro, por tanto, la intensidad del trauma, pero es imposible destilar más odio que el que la muchacha ofreció en su proclamación el domingo pasado.
La juventud suele ser, en la mayoría de los casos, un tiempo de desafíos y de crecimiento personal. Es época también para construir un futuro y hacerlo con la mirada limpia y el ánimo sano. No es el caso de Aránzazu. No sé quién le ha inoculado tanto odio y la ha formado tan mal. Ya no voy a entrar en los aspectos formales y su vehemencia oral, dignos ambos de mejor causa. Me voy a quedar con los conceptos equivocados y expresados el domingo pasado, matrices ideológicas del sanchismo zapateril que no ha hecho otra cosa que enfrentar a unos españoles con otros. Su intervención hervía en la ciénaga del resentimiento. Pero, ¿cómo se puede sentir tanto resentimiento con 27 años en la España de 2026, donde lleva gobernando desde hace ocho años un político, supuestamente socialista, llamado Pedro Sánchez?
Lo inquietante es que las futuras generaciones de políticos vengan ya con una tara de sectarismo y animadversión al contrario, como Aránzazu evidenció el otro día. Mal futuro para España y los españoles. Alguien debería explicarle a esta chica que en política se está para resolver conflictos, para ayudar a los ciudadanos a vivir mejor, para entenderse civilizadamente con el opositor político, que no es tu enemigo, Aránzazu, es tu compatriota, tu vecino; solamente piensa distinto a ti y respetarlo es fundamental para vivir en democracia. Alguien te engañó, Aránzazu, pero aún eres joven y tus sueños y expectativas se pueden cumplir en una España mejor, más civilizada, menos gritona, donde los políticos tendáis puentes y no levantéis muros. Todavía estás a tiempo de todo, incluso de no gritar tres octavas más que lo recomendable para comunicar bien con tu audiencia. La democracia te espera, pero de forma bien distinta a como has entrado en ella.