El PSOE después de Andalucía
Conociéndolos, como los conocemos, son capaces de sacar, finalmente, 31 escaños y venderlos como un cambio de tendencia semejante a variar el curso del Amazonas
Aunque la sociometría no es una ciencia exacta, como por ejemplo las matemáticas, sí es cierto que, salvo casos excepcionales, tiende a dar aproximaciones muy bien orientadas de lo que va a suceder. Bueno, es así salvo cuando Tezanos, con su ojo desviado, alcanza conclusiones muy alejadas de la realidad. En esta ocasión, de cara a la jornada electoral de Andalucía del próximo domingo, la mayoría de las encuestas apuntan a una mayoría del centroderecha, que puede ser incluso mayoría absoluta en solitario de Juanma Moreno. Bien es cierto que al PP no le conviene hacer semejante pronóstico, puesto que puede desmovilizar a un buen número de sus votantes.
Más o menos, ya conocemos la suerte del PP y Vox tras el 17 de mayo. Ahora lo interesante es imaginarnos qué le va a ocurrir al PSOE sanchista si se cumplen las predicciones, según las cuales María Jesús Montero bajará de la marca de Espadas y puede pasar de los 30 escaños de ahora a 27 o 25. ¿Sánchez volverá a guardar sonoro silencio como el que escuchamos en Extremadura o en Castilla y León? ¿Se rebelará el susanismo, corriente ciertamente perjudicada en Andalucía por la actual dirección? ¿Se quedará Montero, la mujer más poderosa de la democracia (sic), en las bancadas de la oposición? Es probable que no ocurra absolutamente nada. Es la marca de la casa sanchista en plena agonía, pero será un paso más hacia el descalabro histórico que el PSOE va a sufrir. Tiempo al tiempo y, cuanto más tiempo se demore en convocar, mayor será el desastre.
Algún conspicuo halagador de Sánchez dice que Andalucía no tiene nada que ver con España. Vamos, como si fuese parte de otro país, de otra realidad. Pero si los andaluces y su ánimo electoral tienen poco que ver con extremeños, valencianos o asturianos, no sé si la región de Mato Grosso en Brasil o Chiapas en México tiene más que ver con la España sanchista. Tal vez.
Lo que sí es cierto es que el PSOE actual es básicamente ya un partido catalán. Ha renunciado a la E de España y se ha aliado con los independentistas vascos y catalanes, hasta el punto de que la agresividad de Illa contra la lengua española, además de ser un delito y más propia de la Inquisición, no tiene precedentes. Y ese es el mejor feudo que hoy respalda al sanchismo. El PSOE, tal y como lo conocimos, hace ya tiempo que ha desaparecido. Comenzó con Zapatero, pero lo remató Sánchez Pérez.
Andalucía puede ser el certificado de defunción de un socialismo que tuvo en Felipe González y Alfonso Guerra, sevillanos pata negra, a sus dos locomotoras de pensamiento y acción. Otra sevillana, María Jesús Montero, epítome del sectarismo y la confusión ideológica de la izquierda gobernante, pondrá su rúbrica en ese certificado. No en vano, es la número dos, a todos los efectos, de Sánchez, tanto en el Gobierno como en el partido.
Conociéndolos, como los conocemos, son capaces de sacar, finalmente, 31 escaños y venderlos como un cambio de tendencia semejante a variar el curso del Amazonas.