Imagen de época del juicio a Macià, coloreada con IA

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Historia

La condesa francesa que quiso convertir al nacionalista Francesc Macià en un héroe internacional

Anna de Noailles jugó un papel clave en la percepción pública del que sería presidente de la Generalitat durante el juicio que tuvo en 1926

Al conocerse la muerte de Anna Bibesco-Bassarba, el escritor antifascista italiano Giuseppe Torre Caprara, que firmaba con el seudónimo Athos Novellis, publicó el artículo «Muerte de una poetisa. Anna de Noailles» en la revista Mirador, el 10 de mayo de 1933. En el artículo escribe:

Rodeada de simpatía por los catalanes exiliados en París en tiempos de la dictadura, se relacionó con muchos de ellos, y cuando tuvo lugar el proceso contra Macià y sus compañeros, la ilustre poetisa, no pudiendo ir a declarar ante el tribunal porque una bronquitis se lo impedía, envió una significativa carta.

La condesa Anna de Noailles fue una de las más importante poetisas francesas y su salón literario sirvió de trampolín para la carrera artística de pintores, escritores y dramaturgos. La musa de la Belle Époque fue clave para dar visibilidad a las mujeres escritoras gracias al Premio Fémina. En su artículo, Novellis habla del que sería primer presidente de la Generalitat de Cataluña, Francesc Macià.

En 1926, Macià lideró el complot de Prats de Molló, una fallida invasión armada desde Francia para declarar la independencia de Cataluña contra la dictadura de Primo de Rivera. Pese al arresto de sus voluntarios por la gendarmería, el juicio en París otorgó a Macià una enorme proyección internacional.

De salud débil, Anna de Noailles pasaba los días estirada en su dormitorio en la Rue Scheffer, y no pudo asistir al juicio. Sin embargo escribió la carta que cita Novellis, y que leyó el abogado defensor de Macià, Henri Torres.

En ella Noailles apelaba directamente a la sensibilidad del jurado y del tribunal francés, utilizando una retórica muy propia de su estilo poético y romántico. Describió a Macià como un caballero de una causa noble, y no como un conspirador político. Para ella, el intento de Prats de Molló era una gesta quijotesca que merecía admiración y no castigo.

Un encuentro en 1924

Ambos personajes se conocieron el 29 de junio de 1924 en Toulouse. Allí se celebró el Aplec de Occitania, organizado por el músico y activista Esteve Fontbernat. El aplec fue presidido por Noailles y estuvo presente Francesc Macià. El evento generó gran malestar en las autoridades españolas.

El cónsul español Antonio Gullón informó de maniobras catalanistas y presionó sin éxito a las autoridades francesas para prohibir el encuentro, calificándolo de sospechoso e intolerable. El acto central fue un gran concierto que reunió a cerca de 700 cantores, acompañados por la Cobla Farnense. El acto buscó reivindicar la lengua y cultura compartidas a ambos lados de los Pirineos.

Francesc Macià

Francesc Macià, en una imagen de archivo

Para Noailles su participación en el Aplec d’Occitània no fue solo un acto protocolario, sino que tuvo consecuencias significativas en su imagen pública y en su relación con la política española y francesa. El gobierno de la dictadura de Primo de Rivera la señaló como una figura que daba legitimidad al nacionalismo catalán en el exilio.

Su apoyo al evento fue visto en Francia como un respaldo al derecho de las culturas regionales a expresarse, lo que aumentó su prestigio entre los círculos intelectuales federalistas y occitanistas. El acto la transformó de una mecenas puramente cultural en una aliada política estratégica para el movimiento catalanista en Europa.

Siguiendo con la carta, Noailles argumentó que Francia, como patria de las libertades, no podía condenar a alguien cuyo único crimen era querer para su pueblo lo mismo que Francia había defendido en 1789, cuando estalló la Revolución Francesa. Puso su propio prestigio como garantía, afirmando que hombres como Macià eran los que mantenían vivo el honor de las naciones.

Periódicos franceses

Periódicos como Le Figaro y L’Humanité recogieron el eco de esta intervención. L’Humanité dio una cobertura entusiasta a la carta de Noailles. Utilizaron su prestigio literario para legitimar la causa, argumentando que si una figura de la alta cultura francesa defendía a los catalanes, era prueba de que la represión de Primo de Rivera era moralmente insostenible. Le Figaro publicó la noticia con un tono más distante y estético. Para este periódico la carta era casi un acto poético más que un manifiesto político.

En aquella carta quiso dejar claro que no eran delincuentes comunes sino idealistas. «No son ellos malhechores, sino hombres que poseen ese amor por la libertad que Francia siempre ha honrado y comprendido». Y apeló al espíritu francés: «Ruego a los jueces que no olviden que estos hombres han venido a nosotros porque creen en el alma de Francia, en nuestra justicia y en nuestro respeto por el derecho de los pueblos a su propia nobleza». Y veía a Macià como el héroe de otra época. «Macià es un corazón puro, un espíritu lleno de desinterés que solo busca la dignidad de su patria. Castigarlos sería, de algún modo, castigar el propio ideal francés que ellos han tomado como modelo».

Es importante destacar que el apoyo de Noailles a Macià, antiguo teniente coronel de ingenieros del Ejército español y hasta 1922 diputado en el Congreso por Solidaridad Catalana y la Lliga, no fue solo una postura teatral. Noailles era el alma del salón literario más importante de París. Al enviar esa carta al tribunal estaba dando una orden implícita a la intelectualidad parisina para que que protegieran a Francesc Macià.

Gracia a la carta leída por Henri Torres, con gran dramatismo, el fiscal francés se vio en una posición incómoda. No podía pedir una pena dura para alguien a quien la Reina de la poesía de Francia consideraba un héroe nacional. La intervención de Noailles fue crucial para inclinar la balanza de la opinión pública a favor de los acusados de Prats de Molló. Tampoco querían un nuevo Casa Dreyfus.

El dictamen del tribunal fue condenarlo, simbólicamente, a dos meses de prisión y una multa de 100 francos. La condena de dos meses se consideró ya cumplida, pues Macià llevaba ochenta días en detención preventiva desde su arresto en noviembre de 1926. El tribunal decretó su expulsión inmediata de territorio francés. Tras ser liberado, se trasladó a Bélgica y posteriormente a Argentina y Cuba.

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