El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, durante el último pleno
Política
Los shows de Rufián en el Congreso dinamitan la relación entre ERC y Junts: «Hace la guerra por su cuenta»
No todos los republicanos comparten la estrategia en solitario de Rufián, cada
El último numerito de Gabriel Rufián en el Congreso –la semana pasada, cuando leyó el nombre de cada uno de los siete diputados de Junts y les mostró un billete de 50 euros, diciéndoles que es la «bandera que comparten» con el PP y Vox– ha evidenciado el distanciamiento de los dos principales partidos independentistas catalanes, que hace tiempo que abandonaron la entente separatista y han pasado al ataque por liderar un caladero electoral convulso por la irrupción de Aliança Catalana.
Rufián cargó duramente contra los de Carles Puigdemont por haber hecho caer el decreto que prorrogaba los contratos de alquiler, y lo hizo bajando al terreno personal y apelando a los «intereses particulares» de los diputados de Junts, sugiriendo que algunos de los parlamentarios postconvergentes tiene «alguna empresa a su nombre con pisos de alquiler».
El portavoz republicano en Madrid quería enfatizar que los de Junts son «responsables de que la gente viva hoy más angustiada», una estrategia que sentó como una losa en Junts, quienes rápidamente acusaron a Rufián de usar el atril como un «pelotón de ejecución». Pocas horas después, Junts denunció que su diputada Marta Madrenas fue acosada en los alrededores del Congreso por un hombre que la siguió, recriminándole su postura y que incluso llegó a escupirle.
La diputada y portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, comparó la actitud de Rufián con la de «Ciudadanos o Vox», y le acusó de haber lanzado un «a por ellos» al «más puro estilo» de los de Santiago Abascal. En X, Puigdemont cargó también contra Rufián, afeándole haber traspasado «todas las líneas de la decencia».
ERC quita hierro
Este lunes, el portavoz de ERC, Isaac Albert, ha defendido en rueda de prensa que el contacto con Junts es «bastante fluido», y que entiende que los diputados de Junts se hayan sentido enfadados o molestos, pero que «la relación entre partidos ha de ser profesional, política y clara», ha señalado. También ha pedido lavar en casa los trapos sucios, instando a no trasladar a la ciudadanía los cambios de humor de los políticos.
También ha justificado los ataques de Rufián, señalando que «en la gestión política se producen desencuentros y situaciones que no nos gustan, y lo que no nos gusta es que Junts vote en contra de Cataluña, que tenga posicionamientos que vayan en contra de la gente de Cataluña».
El portavoz de ERC, Isaac Albert, este lunes en rueda de prensa.
En privado, no obstante, no todos en ERC comparten esta defensa cerrada de Rufián, y hay quienes ven como un error buscar la confrontación directa y constante con Junts. El exdiputado Jordi Orobitg llegó a hacer público el sentimiento, lamentando en X que en el partido hay «individuos haciendo la guerra por su cuenta a quienes nos deberían acompañar en el camino».
Todo ello en un contexto en el que Rufián ha emprendido una trayectoria personalista que arrastra al resto del partido, y que supone un arma de doble filo: si bien es su político más conocido entre el electorado –a costa, incluso, de un Oriol Junqueras que sigue inhabilitado–, su propensión a ir por libre con cuestiones como la del frente de izquierdas molestan entre sus propias filas. Preguntado por la popularidad de Rufián, y por una reciente encuesta que le sitúa como candidato de ERC a la Generalitat, Albert se ha limitado a decir que la idea le parece «perfecta, fantástica e ilusionante».