El Último Cantar. El Cid campeador con su fiel mesnada

El Cid campeador con su fiel mesnada, en una representación de Puy du Fou

Historia

Una delirante teoría nacionalista concluye que el Cid era catalán y que el 'Cantar' se escribió en occitano

Mandado afirma sin ruborizarse que «la nobleza catalana creó Castilla como si fuera un paraíso fiscal»

En el año 2015 el escritor y pseudoinvestigador del subvencionado Institut Nova Història Lluís Maria Mandado publicó un libro titulado El Cid de València era català o Quan i com els catalans van fer Espanya («El Cid de Valencia era catalán o Cuando y como los catalanes hicieron España»).

En él, no sólo llegaba a afirmar que Don Pelayo, Cervantes y Colón eran catalanes, sino también Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid campeador. Teoriza, además, que El Cantar del Mío Cid se escribió en occitano y no es anónimo, sino de Per Abad. Este fue un simple escriba de la obra oral que la firmó en el 1207. Además la reconquista no se inició en Covadonga, sino en Nimes por catalanes.

Afirma sin ruborizarse que «la nobleza catalana creó Castilla como si fuera un paraíso fiscal, una especie de Suiza feudal, para hacer allí todo lo que le venía en gana, lejos del control del Parlamento catalán. Cuando Felipe II decidió instalar la corte en Madrid, en detrimento de Valencia, culminó la traición que iniciaron los nobles catalanes».

Lo asombroso, por lo que cuentan, es que Lluís Maria Mandado posee una virtud divina en sus hemisferios cerebrales. No necesita archivos sin alterar, ni paleografía, ni arqueología. Le basta con la lectura emocionada y la capacidad de dejarse cautivar por lo que al resto nos parece un simple cúmulo de datos históricos.

Estamos ante un ser extraordinariamente imaginativo. Mandado tiene el superpoder de descodificar las mentes de los reyes medievales y descubrir los hilos de una censura multisecular que funcionaba en el siglo X con la eficacia digital del siglo XXI. Su tono oscila entre la pedagogía de aires triunfantes y un paternalismo burlón.

Todo lo hicieron los catalanes

El núcleo duro de la revelación histórica que se nos ofrece es alucinante. La España medieval es un invento castellano para tapar que, en realidad, todo lo hicieron los catalanes. El orden lógico de la Reconquista se llevó a cabo de la siguiente manera…

La epopeya de Covadonga es un burdo engaño. Don Pelayo con toda seguridad hablaba catalán en la intimidad de su cueva asturiana. La ocupación del territorio astur-leonés no fue obra de los pueblos del norte peninsular, sino de fuerzas católicas procedentes de los condados catalanes, obsesionadas con la división romana de la Tarraconensis.

Don Pelayo

Don PelayoArte Pro

Como los señores de Barcelona no dejaban expandirse, los nobles del sur de Cataluña decidieron que era mucho más sencillo y práctico cruzar toda la península, saltar el sistema ibérico y conquistar el inhóspito altiplano castellano.

El texto celebra esta teoría por su innegable cohesión interna. Es la coherencia propia de los delirios simétricos. Si no hay pruebas de que ocurrió, es la prueba irrefutable de que la censura lo borró.

Admite con total naturalidad que su trabajo tiene un carácter especulativo. El autor confiesa sus trucos de magia. Como que el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo era originario de Madrid, ciudad que, según su infalible criterio, "a menudo esconde a Játiva” en los documentos, dedujo que era pariente del Papa Borja. Pero ojo, que su compañero Raimon Balagué fue más lejos y demostró que en realidad era de los Baudés de Bétera.

Estas cosas pasan cuando uno se dedica a la historia alternativa. La exuberancia mental de Mandado le permite inflar propuestas desde la nada absoluta hasta que adquieren corporeidad y verosimilitud.

El gran descubrimiento del libro es el fenómeno de la castellanización de nombres y linajes. Un proceso de transformismo digno de la mejor agencia de espionaje. Pedro Ansúrez se llamaba realmente Ermengol d’Urgell; Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, era Ferran Ramon Folch de Cardona; Francisco de los Cobos Molina era Francesc d’Alós-Colom i Codina; Pietro Antonio, Príncipe de Bisignano era Pere de Cardona i Enríquez.

Cambiar de nombre pasando el Ebro

Para Mandado todo encaja. La nobleza catalana cambiaba de identidad al cruzar la frontera del Ebro como quien se cambia de chaqueta. Lo trágico de este fraude es que contó con la complicidad de los propios descendientes, abducidos por la personalidad castellana y llenos de un auto odio que los llevaba a renegar de sus orígenes. Una patología que, según el texto, llega hasta los políticos catalanes actuales, catalogados cariñosamente de calculadores patéticos, vividores endeudados y psicópatas rabiosos.

Castilla es descrita como un refugio para los nostálgicos del orden medieval, un gran parque temático de la hidalguía que fue brillantemente ridiculizado por Joan Miquel Servent, conocido por todos como Miguel de Cervantes, en El Quijote.

La tesis es que todo el Siglo de Oro, los éxitos militares en Italia, la primera vuelta al mundo de Elcano, un presunto vasco que seguro que guardaba una barretina en el camarote, y la Universidad de Alcalá son una rara flor divina imposible de creer en una Castilla rancia e inquisitorial. La conclusión es demoledora. Si Castilla hubiera sido tan brillante en el siglo XVI, hoy Madrid nos daría lecciones de democracia a todos y nadie querría separarse de España. Como no es así todo el Siglo de Oro se escribió en catalán.

El Cid, según Mandado, no fue el intrépido caballero castellano conocido como Rodrigo Díaz de Vivar, sino que en realidad su célebre Cantar de Mio Cid explica la historia o las historias de la estirpe de los condes de Urgell y los vizcondes de Girona, que son los Cabrera, a partir de mitos y personajes de estas familias como Arnau Mir de Tost, vizconde de Ager, y de hechos históricos como la conquista de Valencia.

Mandado afirma que cada señor tenía que explicar la historia de su estirpe como si hubiera tenido lugar en su reino. Los primeros condes de Barcelona son los reyes de los godos, estos y francos llevaron a cabo una ofensiva para hacer bajar la frontera del norte hacia el sur. De hecho, afirma, catalán significa godo en sueco. Así la mitad de los reyes godos eran de Tolosa, después hay 4 o 5 que eran condes de Barcelona, y solo el resto eran de Toledo, donde por cierto, dice, no se hablaba castellano. Para Mandado Menéndez Pelayo era un españolista furibundo.

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