El periodista y escritor Jaume Figa posa con 'Flores en el desierto'
Entrevista
El escritor que testimonia la fe de los cristianos del Líbano: «Viven los milagros de un modo natural»
El periodista Jaume Figa publica 'Flores en el desierto', que recoge 26 historias de fe y esperanza en Oriente Medio
Un médico oftalmólogo secuestrado por ser cristiano, torturado a diario y sanado gracias a la acción de la Virgen. Unas monjas de clausura que desviaron un incendio rezando el rosario. Una joven brasileña, hija de un imán musulmán y numeraria del Opus Dei. Son solo algunas de las 26 historias reales que recoge el periodista y escritor catalán Jaume Figa en Flores en el desierto (Rialp), un libro que compila testimonios de cristianos en Oriente Medio, especialmente en el Líbano.
–Para escribir el libro estuvo viviendo una temporada en el Líbano.
Sí, y allí fui conociendo gente e historias que me hicieron ampliar el foco. El libro es un mosaico del país, aunque hay una anécdota que dice que si alguien presume de conocer el Líbano, es que en realidad no se ha enterado de nada. Es un país que ha sufrido mucho, y muy nuevo: tal y como lo conocemos ahora existe desde la I Guerra Mundial.
Es un país cristiano, con muchos musulmanes. Un país muy complicado, y a la vez apasionante: bajas del aeropuerto y en esa zona ves carteles de Hezbolá por todas partes… pero al mismo tiempo, en ningún otro lugar –excepto Roma– he visto más imágenes de la Virgen. Me llamó la atención la convivencia entre musulmanes y cristianos: si vas al principal santuario mariano, en Harissa, ves musulmanes que han ido a rezar.
–En la introducción hablas de que el Líbano es una advertencia, ¿para quién?
–Lo de la advertencia lo digo en la línea de lo que dijo san Juan Pablo II, que es que el Líbano, más que un país, es un mensaje. Lo pienso en clave de convivencia entre todo tipo de culturas: es una advertencia de lo que se puede llegar a hacer, y también de a lo que puedes llegar si no lo haces.
El título de Flores en el desierto remite a esa esperanza: no solo en sentido religioso, que también, sino además a darte cuenta de que la humanidad puede llegar a ser mucho más grande. Hay mal, sí, pero ya nos lo dijo el Papa León XIV: «El mal no prevalecerá».
–¿Conocer de primera mano las historias de los cristianos del Líbano le ha cambiado de alguna manera?
–Conocer el Líbano ha transformado mi fe, la ha vuelto más material. Una vez le pregunté a un sacerdote de allí por la razón de que haya tantos milagros, y me dijo que tenía que eliminar todo tipo de racionalismo europeo, occidental. Ellos viven lo sobrenatural de un modo muy natural. Nosotros creemos en Dios, pero ellos dan un paso más, y ven normal – por ejemplo– que, si san José oyó a Dios hablar en sueños, también puede hacerlo hoy.
–En este sentido, hay historias muy sorprendentes.
–Desde luego. Recuerdo la historia de Raffoul, que fue secuestrado por un movimiento chií por ser cristiano, y que recibía palizas a diario… pero explica que cada noche le rezaba a una imagen de la Virgen, y que cada mañana sus heridas estaban curadas. ¿Se lo puede estar inventando? Pues sí, pero viendo la forma en la que me lo explicaba yo creo que no.
Otro testimonio que me impresionó mucho es el de Bashar, un sirio que huyó del Estado Islámico, fue torturado, mataron a su novia delante de sus narices… Por providencia, consiguió salir de allí, y en la Harissa tuvo una especie de conversión. Al preguntarle si ha perdonado a sus verdugos, me decía: “No lo sé, creo que sí pero no lo sé". No es tan fácil.
–¿Cree que la vivencia de la fe de los cristianos de Oriente Medio puede inspirar la de los cristianos en España?
–El cristianismo allí vive la fe de un modo creativo y desarmante. Creativo porque son capaces de reinventarse, y desarmante porque no se trata de luchar: ahí está la historia del sacerdote que reconstruyó el pueblo después de que fuera arrasado por los islamistas. Otra clave es que allí la gente conjuga muy bien la fe y la caridad, y como su fe es muy material, su caridad también: son muy acogedores. El Líbano trae un mensaje de fe, pero también de caridad.