Combatientes judíos de las Brigadas Internacionales.
Historias de Barcelona
El monumento de Barcelona que recuerda a los judíos que lucharon por el bando republicano en la Guerra Civil
Unos 6.000 judíos lucharon en las Brigadas Internacionales
En el cementerio de Montjuïc de Barcelona, en el Fossar de la Pedrera, encontramos un monumento dedicado a los voluntarios judíos de la Guerra Civil, inaugurado en 1990. Todos ellos fueron alabados, por los dirigentes republicanos, por su valentía y dedicación. El 29 de septiembre de 1986, el presidente de Israel, Chaim Herzog, dijo en un discurso:
Ahora bien, ¿por qué este monumento y cuál fue la intervención judía en la Guerra Civil española? Como ya hemos dicho, formaron parte de las Brigadas Internacionales. Según Arno Lustiger, en ¡Shalom Libertad! Judíos en la Guerra Civil Española, en las Brigadas hubo entre 32.000 y 42.000 hombres, de los que unos 6.000 eran judíos.
Monumento en el Cementerio de Montjuïc en homenaje a los judíos que lucharon en el bando republicano
La mayoría eran militantes comunistas o socialistas. También del Hashomer Hatzair, partido sionista de izquierda, y otros del Mapai, el Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel, fundado en 1930 por David Ben-Gurión. Ahora bien, como afirma Lustiger, había otras ideologías «o que simplemente intuyeron que la defensa del pueblo judío comenzaba en España, incluso llegaron voluntarios de Palestina».
Los «diablos rojos»
Aunque formaron parte de diferentes unidades, se creó una integrada sólo de judíos. Esta era la Unidad Judía Botwin, también conocida como Compañía Judía Naftali-Botwin o Segunda Compañía del Batallón Palafox, de la Decimotercera Brigada Dombrowski polaca. Esta unidad, fundada inicialmente por 152 combatientes, intervino en el frente de Extremadura, en la batalla de Belchite y en la batalla del Ebro. Eran conocidos como los «diablos rojos», por su valor en el frente.
La unidad desapareció en septiembre de 1938. Durante estos años publicaron seis números de un diario en yiddish. Entre los miembros de la unidad estaban Alter Szermab, Karol Gutman, Jasza Zawidowicz, Moishe Rozwenberg, Yosef Lipsman, Shamuel Shosberg o Albert Prago. Este último escribió que «las Brigadas Internacionales se convirtieron en el vehículo a través del cual los judíos podían ofrecer la primera resistencia armada organizada al fascismo europeo».
Al comenzar la guerra, la Agencia Telegráfica Judía informó que el bando nacional había emitido una proclama que amenazaba con expulsar a los judíos de España una vez ganada la guerra. Ante una nueva expulsión, después de la de 1492, decidieron luchar en el lado republicano. Sin embargo, como explica Gerben Zaagsma, la persecución nacionalista «no tuvo lugar y nunca se desarrolló una política antisemita coherente, ni en la zona nacional en España no en el Marruecos español».
Políticos y atletas
De los que se encontraban en España, a parte de los ya establecidos desde varias generaciones, encontramos exiliados políticos y atletas que debían participar en la Olimpiada Popular, que se tenía que celebrar en Barcelona del 19 al 26 de julio de 1936, y que era una protesta contra los Juegos Olímpicos de Berlín presididos por Hitler. Fue iniciada por la Internacional deportiva roja y organizada por el Comité catalán pro deporte popular.
Se inscribieron 6.000 atletas de 22 naciones, siendo las delegaciones de Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Argelia las más numerosas. También hubo equipos representando a los judíos exiliados, en Alsacia, Cataluña, Galicia y el País Vasco.
El último voluntario judío muerto en combate fue Chaskel Honigstein, muerto por las heridas recibidas el 4 de octubre de 1938. El último comandante de la unidad Naftali-Botwin fue Emmanuel Mink, «Mundek». Sobre aquellos tiempos escribió:
Junto con un amigo húngaro nos presentamos el 21 de julio en una oficina de reclutamiento. Explicamos a los funcionarios que nosotros, en tanto que deportistas obreros judíos, queríamos combatir a los fascistas y recibimos un carnet que nos acreditaba como soldados de la milicia obrera
La noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1939, en el Campo de la Bota, se fusiló a Ramón Wenceslao Duch, Joan Rovira Esparbé. Pere Arnau Torres, Antonio Cosculluela Armengol y Heinz Rosenstein. El delito de Heinz, por el cual se le condenó a muerte, era haberse enfrentado por las armas a unos militares golpistas.
Rosenstein era un judío, nacido en Stettin (Alemania) en 1904. Era ingeniero. Llegó a Barcelona en 1935, enviado por el Comité de Holanda de Ayuda a los Judíos. Al estallar la guerra civil estuvo cerca de los miembros de la CNT-FAI. Perteneció a las Patrullas de Control, practicando detenciones y registros, bajo las órdenes de Eroles.
Condujo el coche de las Patrullas de Control que iba a Artesa de Segre, donde detuvieron y asesinaron al practicante Joan Daunés Riu, el 14 de septiembre de 1936. A parte cometieron otros robos y detenciones. Como miembro del contraespionaje, gracias a él, se capturaron 14 falangistas, que luego fueron condenados a muerte. Su cuerpo está enterrado en la fosa común del Fossar de la Pedrera, donde se levanta el monumento.
Todos ellos se marcharon de España, como hemos dicho, a lo largo de septiembre de 1938. Su marcha se produjo porque el gobierno del Frente Popular anunció su intención de retirar a los extranjeros del servicio activo. Y así se hizo. Teniendo en cuenta el servicio que demostraron a la República, La Pasionaria no tuvo más remedio que afirmar «pueden irse con orgullo».