Instalaciones de ESO y Bachillerato de la escuela Mare de Déu del Carme de Terrassa
Cataluña
El colegio católico acosado en Terrassa alza la voz: «Se nos ha atacado sin contrastar y sin escuchar»
Nuno Pitta, representante de la propiedad de la escuela Mare de Déu del Carme de Terrassa, deja claro que cuentan con el apoyo del 90 % del profesorado y de la gran mayoría de las familias
Defiende los cambios introducidos para «mejorar la excelencia educativa» y también «la convivencia en el aula».
El colegio Mare de Déu del Carme de Terrassa (Barcelona), más conocido como Karmel, ha vivido una situación insólita durante los últimos meses. Con 82 años de historia, el centro ha sido objeto de ataques y de críticas furibundas por parte de un grupo minoritario de padres, que han acusado a la propiedad de dar un «golpe de estado ideológico». Unos ataques que han llegado hasta el Parlament de Cataluña.
¿De qué se quejan estas familias? Según ellos, de que se ha producido una «radicalización religiosa alarmante» porque, entre otras cuestiones, han aumentado las horas lectivas de religión, se lleva a los niños a misa y se ha contratado a profesorado «exclusivamente vinculado a movimientos religiosos, como el Camino Neocatecumenal».
También se basan en que, de cara al próximo curso, las familias que han recibido la información del colegio, este se define como «católico, catalán y progresistas», y no se indica, lo que, según ellos, está pasando en realidad, que se ha convertido «de católica a evangelizadora».
Lo cierto es que en esta historia solo hemos oído una parte, la de estos padres, que han tenido potentes altavoces en determinados medios de comunicación. ¿Pero qué dice la propiedad? ¿Y cuál es la posición del resto de padres? En El Debate hemos hablado con Nuno Pitta, que es representante de la titularidad del Colegio Mare de Déu del Carme de Terrassa, y que es la orden de los Padres Carmelitas de Cataluña.
Para empezar, lamenta que se trata de un tema «interno» que ha trascendido «fuera de la escuela», supuestamente por unos problemas por «el cambio en la dirección del centro», pero estas familias en ningún momento se han dirigido al equipo directivo, sino que han trasladado sus quejas a través de los medios de comunicación, primero, y de su asesor jurídico después. Por cierto, les consta que son 33 familias las que han enviado quejas al departamento de Educación.
Los cambios
¿Qué cambios se han introducido para que estos padres estén tan molestos? El primero, nos dice, es el cambio en la dirección. Es cierto que se despidió al anterior director, a Francesc Rubio, por la «detección de diversos incumplimientos graves y culpables de sus obligaciones laborales, que constituyen faltas muy graves sancionadas con el despido disciplinario de acuerdo con la normativa vigente».
Pitta, lo tiene claro: «le estamos agradecidos por los años que ha estado con nosotros, pero perdimos la confianza en él», entre otras cosas, por discrepancias en determinadas cuestiones. Y considera que es, precisamente, el antiguo director, el que «ha ido manipulando para mantenerse en el cargo, y he tenido que tomar una decisión». Y en cierta manera, es el que está incitando a los padres críticos.
Celebración del 75º aniversario del Karmel, en 2018
¿A qué discrepancias se refiere? Por ejemplo, al protocolo de sanciones, teniendo en cuenta el elevado número de incidentes que se registraban en secundaria. Nuno Pitta facilitaba estos datos: en otros cursos, en el edificio de secundaria, se llegaron a contabilizar hasta 37 puertas rotas. Ante esta situación, decidió aplicar la premisa de «quien la rompe, la paga», algo que no gustó al anterior director, que le mostró su oposición a este tipo de sanciones económicas. Por cierto, ¿cuál ha sido el resultado? «Este curso solo se ha roto una», nos dice Pitta.
Y otros cambios van en la línea de «lograr una mejor excelencia académica, para tener mejores resultados en la escuela y subir el nivel académico». Se refiere, por ejemplo, a que se ha aumentado una hora de religión, también se han incrementado las horas de matemáticas o de catalán. Y se han introducido otras medidas, como la eliminación el uso de los dispositivos móviles en las clases, «muy criticada al principio», recuerda Pitta, pero el tiempo y la Generalitat «nos ha acabado dando la razón», porque también ha aprobado iniciativas que van en este sentido.
Y luego está, apunta, el debate sobre «si somos más o menos integradores. Yo digo siempre que somos una escuela católica, cristiana y carmelita. Y somos plurales, integradores, porque tenemos a personas muy diversas en la escuela». Pero lamenta que, determinadas personas, y desde el anonimato, lancen «ataques a la dirección y no han venido ni a contrastar, ni a escuchar, y se han ido al medio público a difamar, mientras que nosotros nos hemos mantenido siempre en una posición reservada, para defender el interés del menor y trabajar para las familias que nos quieren». Y todo, añade, por aplicar medidas «para que la escuela vaya aún mejor».
Familias y profesorado
Pero lo cierto, es que solo se han escuchado las quejas de unos padres, que son una minoría, pero no del resto de familias ni de los profesores. A Nuno Pitta le «sorprende» esta disparidad, pero en cualquier caso, presume de que todos los cambios que se han hecho es porque han sido «propuestas del profesorado. Más del 90 % del profesorado nos los han pedido, y nosotros los hemos ido implementando».
Y apunta también a que se ha ido llevando esta cuestión al terreno de la «ideología», con un discurso «populista» de ser «menos integradores, menos plurales, menos catalanes. Pero está demostrado que esto no es así, tenemos el apoyo del comité de empresa, de la gran mayoría del profesorado y de las familias», pero han sufrido «una enorme difamación que, en cierta manera, ha perjudicado el prestigio de una escuela con 82 años de historia».
Este revuelo ha conducido a que el departamento de Educación haya abierto un expediente informativo. Nuno Pitta asegura que «trabajamos codo con codo con Servicios Territoriales, con la inspección, es normal que haya un diálogo cercano». Deja claro que «Hemos contestado con toda naturalidad a ese expediente porque no hay nada que estemos haciendo irregular dentro del centro». Pero, lamenta, «estamos viviendo una situación injusta que ha trascendido a un medio público, cuando debería ser privado».
El momento álgido de las protestas coincidió con la preinscripción escolar. Pita reconocen que estaban algo «preocupados», pero se enorgullece porque «las familias nos han respaldado». Y es que tienen «la matrícula completa en infantil, hay más matriculados que el año anterior», aunque también reconocen que otras han abandonado el centro.
Las 'otras' familias del Karmel
Y luego están las otras familias, las que no han tenido eco en los medios de comunicación, a menudo por miedo. Una madre con la que ha hablado El Debate, María, que es un nombre ficticio, asegura que no ha dado la cara antes «para que no me ataquen, que son bastante radicales los del otro grupo, van a lo bestia. Y si han hecho pintadas en el cole, no quiero ni pensar lo que harían con mi casa, mi coche y mis hijos, si me apuras». Esta madre defiende lo que se han lanzado son «bulos y mentiras como una catedral».
Como otras familias, defiende que se han introducido mejoras pedagógicas y también organizativas. Y también ha destacado la mejora «en el clima de convivencia». Reconoce que, cuando salieron todas las informaciones, le preguntó a sus hijos «si los castigaban cada día, si les obligaban a esas cosas que ellos decían, pero la respuesta fue clara: no». Y al final, añade, «si ves que tus hijos están muy contentos, ves que están avanzando, que están aprendiendo, ¿qué más puedes pedir?».
También nos explica que «todo el mal rollo» lo está provocando un grupo de padres que tiene «un grupo de WhatsApp, en el que ya se puede ver de qué palo van. Están completamente ideologizados. Y luego van acusando a las demás familias de ser ultras, de extrema derecha», nos dice María. Ella confía en que «esto acabe pronto» y sobre todo, «si están tan a disgusto, que se vayan, y dejen a los demás tranquilos, porque están haciendo un daño increíble a los niños».