Imagen de archivo de un aparcamiento
Nuevo caso de catalanes encerrados en un párking por no hablar español: «Es la misma situación»
Los afectados se empeñan en usar catalán pese a que el personal les advierte que no lo comprende
Un nuevo episodio en un aparcamiento barcelonés vuelve a mostrar cómo el empecinamiento lingüístico puede convertir un simple problema técnico en un conflicto innecesario con consecuencias prolongadas.
El caso más reciente tuvo lugar el 6 de mayo en el parking NN de Gran Via 641 de Barcelona, donde los usuarios recrearon exactamente la misma secuencia que ya había generado polémica anteriormente: insistir en hablar catalán con personal que explícitamente les comunica su incapacidad para entenderles.
El patrón se repite
El precedente había quedado documentado cuando unos catalanes se encontraron con la barrera de salida averiada en un aparcamiento público de Barcelona. Al contactar con la central de asistencia, la operadora les fue clara desde el primer momento: «Tienen que hablar en español, por favor no les entiendo».
La respuesta no pudo ser más explícita sobre la barrera comunicativa existente. Sin embargo, los usuarios optaron por mantenerse inflexibles en su postura, continuando la conversación en catalán e incluso dictando los datos de la matrícula en esta lengua, ignorando completamente la advertencia recibida.
La trabajadora, tras varios intentos infructuosos y manteniendo la educación en todo momento, terminó por colgar al no conseguir establecer comunicación alguna. Una situación que se habría resuelto en segundos si hubieran aceptado usar el español para transmitir la información necesaria.
Mismas causas, mismos efectos
En el parking de Gran Via, los usuarios reconocen abiertamente haber reproducido el mismo guión: «exactamente las mismas palabras y respuestas y misma reacción de no querer abrir». Es decir, sabían de antemano cuál sería el resultado de su actitud, pero decidieron mantenerla igualmente.
Las consecuencias de esta obstinación se prolongaron durante un mes completo. La empresa continuó exigiendo que fueran a retirar el vehículo, mientras que los usuarios se encontraron con un cargo extra en su tarjeta por supuesto exceso de tiempo.
Según su relato, habían llegado una hora antes del límite, pero los problemas técnicos de la barrera, sumados al bloqueo comunicativo que ellos mismos propiciaron, derivaron en esta penalización económica adicional.
Un mes de complicaciones evitables
El episodio desencadenó semanas de «correos, reclamaciones y molestias» que los propios afectados describen con fastidio. Un proceso burocrático tedioso que se habría evitado completamente con unos minutos de pragmatismo comunicativo inicial.
La situación resulta especialmente llamativa cuando los propios usuarios, tras experimentar las mismas consecuencias negativas del caso anterior, decidieron reproducir exactamente la misma dinámica que ya había demostrado ser contraproducente.
Cuando la rigidez pasa factura
Estos episodios ilustran cómo convertir una preferencia lingüística legítima en una postura inflexible puede transformar incidencias menores en problemas mayores. En ambos casos, el personal de asistencia comunicó claramente sus limitaciones idiomáticas, ofreciendo una vía alternativa inmediata para resolver la situación.
La elección de ignorar esta realidad práctica y mantener una postura rígida terminó generando exactamente los mismos problemas en ambas ocasiones: bloqueo inicial, complicaciones administrativas posteriores y, en el último caso, incluso penalizaciones económicas adicionales.
Una dinámica que los propios afectados califican como razón suficiente para «evitar» estos establecimientos, cuando la solución habría estado al alcance de unas pocas palabras en español.