El Rey Felipe VI saluda al ganador del premio, Hatim Azahri Akhnous

El Rey Felipe VI saluda al ganador del premio, Hatim Azahri AkhnousCasa Real

Premios Princesa de Girona

Un joven de Marruecos que creó una asociación juvenil en Barcelona gana el premio Princesa de Girona Social

Azahri fundó en 2019 la asociación Joves Units del Poble-sec

El joven Hatim Azahri Akhnous ha sido proclamado ganador del Premio Princesa de Girona Social 2026, en un acto celebrado en Sant Boi de Llobregat (Barcelona) y presidido por el Rey Felipe VI.

De origen marroquí, pero criado en Barcelona desde los dos años, Azahri fundó en 2019 la asociación Joves Units del Poble-sec, con la que busca «generar oportunidades reales para jóvenes en riesgo de exclusión a través del deporte comunitario, la creación de espacios seguros y la transformación del espacio público», según destacan desde la Fundación Princesa de Girona.

Azahri es técnico superior en Integración Social y estudia Trabajo Social en la Universidad de Barcelona. Forma parte del Consejo Asesor Antirracista del Ayuntamiento de Barcelona y es también patrón de la Fundación Bofill.

El premio está dotado con 200.000 euros y una obra del artista Juan Zamora. Al galardón optaban cinco finalistas procedentes de distintos puntos de España. La entrega del premio ha tenido lugar en un acto inscrito en el Tour del Talento que ha reunido a representantes institucionales, jóvenes participantes y miembros del patronato de la fundación.

«Admirable resiliencia»

El jurado del premio ha concedido el galardón a Azahri por «su admirable resiliencia y su capacidad para transformar la adversidad en un motor de compromiso comunitario», señalan desde la FPdGi en un comunicado. "Su labor demuestra que el cambio real es posible cuando se construye desde la base y de manera colectiva y servirá para inspirar a otros jóvenes a seguir su ejemplo en otras comunidades”.

El premiado ha agradecido el galardón y la labor de la fundación, y ha puesto en valor el poder transformador del habla que le transmitieron sus profesoras, que «hicieron algo aparentemente sencillo, pero profundamente transformador: hablar conmigo, reconocerme, validarme y reforzarme positivamente».

Además, ha instado a no infravalorar el poder de las palabras: «Cuidemos a las personas que nos rodean, reforcémonos mutuamente. Agradecer es sencillo y necesario; no dejemos de hacerlo, como tampoco debemos cansarnos de pedir perdón o de tender la mano. Hay un gesto muy simple que a mí me funciona: preguntar el nombre de las personas que tenemos cerca, de nuestros vecinos, de quienes nos atienden cada día. Así generamos vínculos, esperanza y comunidad».

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