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Valls tuvo la suerte de estar en la Catedral de Barcelona cuando se formó la Real Capilla de Carlos de AustriaMúsicaantigua.com

Historias de Barcelona

El maestro compositor de la Catedral de Barcelona que revolucionó la armonía europea

Francisco Valls Galán fue uno de los más importantes compositores catalanes del Barroco

Uno de los más importantes compositores catalanes del Barroco fue el maestro de capilla de la Catedral de Barcelona Francisco Valls Galán. Nacido en la Ciudad Condal en 1671, fue discípulo de Miquel Rosquelles, maestro de capilla de Santa María del Mar.

Pasó por la iglesia parroquial de Mataró, la Catedral de Gerona, la Iglesia de Santa María del Mar y el 22 de diciembre de 1696 sustituyó a Joan Barter en la Catedral de Barcelona. Valls fue coetáneo de Tomás Milans, que fue maestro de capilla del Palacio de la Condesa y la Catedral de Gerona.

Valls tuvo la suerte de estar en la Catedral de Barcelona cuando se formó la Real Capilla del archiduque Carlos de Austria. Gracias a esto tuvo oportunidad de conocer la música que se hacía fuera de España. Esto lo convirtió en un compositor clave, por lo que respecta a la música que se compuso durante el Barroco.

A lo largo de su vida escribió 636 obras, de las cuales 341 son música litúrgica, 287 en lengua romance y ocho música instrumental. Si bien su producción era religiosa, compuso música para poemas escritos por los miembros de la Academia de los Desconfiados.

La Academia de los Desconfiados

Esta academia se fundó en el 1700 para fomentar la investigación crítica y el rigor en las humanidades, bajo el lema «Todo lo que no sé, lo sospecho». Pau Ignasi de Dalmases y Ros; Joan de Amat y de Planella; Josep Antoni de Rubí y de Boixadors; Josep de Taverner y de Arce; y Juan Antonio de Boixadors y de Pinós. Todos ellos defendían la causa del archiduque Carlos y se marcharon con él a la Corte de Viena.

La obra más representativa que compuso de ellos es Nenias Reales y Lágrimas Obsequiosas (1701). Este volumen fue una recopilación poética y musical creada por la Academia para conmemorar la muerte del rey Carlos II. Le puso música a poemas de Pau Ignasi de Dalmases y Ros, Josep Antoni de Rubí y de Boixadors, Joan de Amat y de Planella, Josep de Taverner y de Arce, Francisco de Junyent y de Vergós, Josep de Rius, Guillem de Gualbes y de Vallseca.

Se jubiló en el 1726, aunque continuó siendo propietario de la plaza hasta su muerte, que ocurrió el 2 de febrero de 1747, siendo sustituido por Joan Galvany Nonell. A pesar del gran número de obras que escribió, la mayoría de ellas son hoy en día inéditas. Es decir, no se han vuelto a interpretar nunca más desde su muerte. Sin embargo, dos merecen nuestra atención. Una es el tratado de teoría armónica titulado Mapa Armónico Práctico y la obra es la Missa Scala Aretina.

El Mapa Armónico Práctico lo escribió hacia el 1742. En él Valls resume su pensamiento musical tras décadas de experiencia. A diferencia de otros tratados de la época que eran puramente matemáticos o especulativos, este tiene un enfoque pedagógico y pragmático. Su objetivo era enseñar a los compositores cómo manejar la armonía, el contrapunto y la modulación en un momento en que las reglas «antiguas» estaban chocando con las nuevas sensibilidades estéticas.

En este tratado, Valls defiende esta libertad creativa. Sus ideas principales incluyen el uso de la disonancia, la transición de modos a tonos, y se posiciona en contra de los teóricos conservadores por atacar cualquier innovación. El tratado habla de escalas, intervalos, de la naturaleza del sonido, y ofrece reglas para combinar voces.

Asimismo, da consejos sobre cómo escribir para diferentes instrumentos y voces en el contexto de la iglesia y el teatro. Este tratado es coetáneo de los que escribieron Pablo Nassarre, Antonio Eximeno, Padre Feijoo, Jean-Philippe Rameau, Johann J. Fux o Francesco Gasparini.

Obra cumbre

En 1702, Valls escribió la Missa Scala Aretina, que está considerada una de las obras cumbres del barroco musical español. El título hace referencia a la escala hexacordal que Guido d’Arezzo formalizó en el siglo XI para ayudar a los cantantes a memorizar los intervalos. Es un sistema de seis notas, donde no se incluye el si. Valls utiliza esta escala como cantus firmus o base melódica sobre la cual construye toda la arquitectura de la misa. Es un guiño erudito a la tradición pedagógica musical.

Está escrita para 11 voces divididas en tres coros; violines, oboes, trompetas barrocas, violón, arpa, tiorba y órgano. Lo que hizo famosa a esta misa no fue solo su música, sino una supuesta falta gramatical. En el Gloria, Valls introdujo una segunda voz que entra en una cuarta disminuida sin preparación, rompiendo las reglas estrictas del contrapunto de la época.

Esto desató una guerra de panfletos y cartas entre compositores de toda España. Unos lo acusaban de moderno y rebelde, mientras que Valls defendía que el oído y la expresión emocional debían estar por encima de las reglas rígidas. En total intervinieron en la polémica 57 maestros de capilla y organistas de toda España. Esta polémica nunca se hubiera producido en Inglaterra, Italia o Francia, donde ya se usaban estas disonancias.

Vamos a explicarlo para que se entienda. El Bajo Continuo está tocando la nota La. La segunda soprano está en silencio antes de entrar. Empieza con un Mi bemol y es ahí donde se produce la disonancia. Para que hubiera sido correcto, según los cánones del momento, antes del silencio tenía que haber cantado esa nota, para suavizar la melodía.

Al entrar con el Mi bemol, este choca directamente contra el La del Bajo Continuo y ahí está la disonancia. La polémica duró casi 30 años. El tema es que, a partir de 1730, músicos como José de Nebra y Antonio Soler empezaron a escribir su música siguiendo los parámetros de la libertad armónica de Valls.

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