El Pont del Bisbe, en la calle homónima de Barcelona

El Pont del Bisbe, en la calle homónima de BarcelonaWikimedia

Historias de Barcelona

Los guardianes de piedra que protegen los secretos de los templarios en Barcelona

Superstición y leyenda se unen en la historia de los Bafomets

En la Barcelona que une el Barrio Gótico y el barrio de la Ribera uno podía cruzarse con la imagen de un ser misterioso y siniestro con barba, a quien se conocía como Baphomet o Bafomet. Este ser, con cabeza antropomórfica, sirvió a partir del año 1307 para acusar a los caballeros de la Orden del Temple de herejía.

La figura era una cabeza con barba y pequeños cuernos. Este ser quedó reflejado en los pliegos de cargos que los agentes del rey Felipe IV de Francia redactaron para que los inquisidores pudieran procesar a los templarios. Bajo tortura, los templarios admitieron que lo veneraban.

Algunos lo describieron como un ser humano que tenía rasgos de diablillo. Hugues de Buris y Pons Guillard de Lignac lo describieron como una cabeza humana, colocada sobre un altar o sobre un banco, con cuatro pies, dos delante y los otros dos detrás. Por su parte Barthelemy Boucher lo describió como una cabeza de templario con un gorro, y con barba blanca y larga.

En definitiva, ese ser formaba parte de las tradiciones secretas y esotéricas de la Orden. Algunos han querido ver en esa imagen la cabeza momificada de Hufo de Payns, fundador de la Orden del Temple. También se ha vinculado a un rito iniciático de la masonería.

Imagen en bajorrelieve de una cruceta del convento de Cristo de Tomar (Portugal) representando una cabeza con varias facetas, un posible Baphomet.

Imagen en bajorrelieve de una cruceta del convento de Cristo de Tomar (Portugal) representando una cabeza con varias facetas, un posible Baphomet.Wikimedia

Con el paso de los años esta imagen ha evolucionado. En 1856 Eliphas Levi, un ocultista francés, lo convirtió en una cabra sabática, que representaba el equilibrio de los opuestos masculino/femenino, bien/mal, espíritu/materia, al representarla mitad hombre y mitad cabra. También se convirtió en un símbolo de conocimiento oculto. Ahora bien, ¿qué vinculación tiene esta imagen con Barcelona?

La imagen en Barcelona

En las construcciones ligadas a los templarios y luego a los Caballeros de San Juan, el Bafomet no aparece como el ídolo con cuernos que hemos comentado. Esta representado de una manera más sutil. A veces como cabeza andrógina, con rasgos que mezclan lo masculino y lo femenino, simbolizando la unidad total; con tres caras que comparten ojos, una referencia a la sabiduría que mira al pasado, presente y futuro, o una burla esotérica a la Santísima Trinidad; o rostros barbudos rodeados de hojas de vid o hiedra, que los templarios habrían adoptado de conocimientos orientales y paganos sobre la fuerza vital de la naturaleza.

Los maestros canteros que trabajaban para la Orden no solo eran obreros. Muchos de ellos se convirtieron en iniciados y compartían la filosofía del Temple. Al disolverse la Orden estos artesanos escondieron a plena luz de día aquellos símbolos en los edificios que heredaron sus bienes.

En la calle del Bisbe de Barcelona y alrededores se puede ver en algunas ménsulas, -los elementos estructurales que sobresalen de una pared para sostener un peso, ya sea un balcón, una viga, un techo o incluso una simple repisa decorativa-, se pueden observar rostros de mirada fija y barbas bífidas que no coinciden con la iconografía de santos o ángeles. A diferencia de las gárgolas, que suelen ser grotescas para asustar el mal, estos rostros son serenos, casi hipnóticos, sugiriendo que custodian un conocimiento.

Cabezas de piedra

El convento de San Pedro de las Puellas, gracias a su ubicación cercana a la muralla este, en el camino que iba hasta Francia, está rodeado de leyendas sobre la presencia de caballeros que buscaban refugio. Allí se pueden ver capiteles con figuras que parecen representar la dualidad. Esto es, una cara sonriente y otra agonizante unidas por la misma barba.

Se cree que representa la lucha entre el vicio y la virtud o la fugacidad de la vida. Una cara muestra una mueca de placer o risa, lo mundano, mientras la otra refleja el dolor o el arrepentimiento, el juicio espiritual. Lo de la barba simboliza que ambas naturalezas habitan en el mismo hombre y que son inseparables hasta la muerte. Varios de estos capiteles originales se conservan en el MNAC.

Piezas del claustro de San Pedro de las Puellas

Piezas del claustro de San Pedro de las PuellasMNAC

En la antigua Encomienda templaria, el Palacio Real Menor, los caballeros custodiaban un objeto sagrado y prohibido. Se trataba de una cabeza de metal precioso con dos rostros, que la Inquisición identificó como el Bafomet. Según la tradición oral esta cabeza no era solo un ídolo, sino un oráculo.

Los caballeros le hacían preguntas sobre el futuro de la Orden y, supuestamente, la cabeza respondía con voz metálica. Cuando en 1307 se ordenó la detención de los templarios, se dice que los caballeros de Barcelona lograron ocultar la pieza en un pozo ciego o en una cámara secreta bajo los cimientos del palacio antes de que las tropas reales entraran.

Para el templario iniciado en Barcelona el Bafomet no representaba al diablo sino la Sophia, la sabiduría. El rastro en la piedra transmitía el menaje del equilibrio entre la luz y la oscuridad. Se dice que estas imágenes se colocaban estratégicamente en los puntos de intersección de las corrientes telúricas sobre las que se construían los templos. La mirada del Bafomet en un capitel solía indicar el lugar exacto donde un caballero debía meditar o donde se enterraba un documento importante.

Una creencia popular asegura que estas imágenes no deben ser fotografiadas o tocadas a la ligera. La leyenda explica que los canteros impregnaban la piedra con una mezcla de clara de huevo, sangre y cenizas rituales para que la mirada de la figura vigilara a quien intentara profanar el secreto.

En la Barcelona del siglo XIX, durante las reformas del Barrio Gótico, varios obreros se negaron a retirar ciertas cabezas de piedra de edificios antiguos por miedo a que abrieran los ojos, una superstición que remite directamente a la idea de que el Bafomet templario era un entidad viva atrapada en el sustrato de la ciudad. Esta historia pertenece más al ámbito de la leyenda urbana que a la realidad.

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