Parte de la fachada de la antigua Casa de la Bolla, en Barcelona

Parte de la fachada de la antigua Casa de la Bolla, en BarcelonaWikimedia

Historia

El origen del nombre de la Generalitat de Cataluña: un impuesto de la Corona de Aragón

La Casa de la Generalitat, o de la Bolla, es un rincón de Barcelona con mucha historia

En el número 54 de la calle Sant Antoni Abat de Barcelona, en pleno Raval, se levanta la Casa de la Generalitat, o de la Bolla. Estaba al lado del antiguo portal de San Antonio, donde hoy se levanta un mercado con el mismo nombre.

Ese lugar, que dependía de la Diputación del General era una suerte de hacienda, el lugar donde se cobraban impuestos, en concreto al sector textil. El tejido era la columna vertebral de la economía barcelonesa. Por los diferentes portales entraban y salía productos destinados a diferentes mercados a nivel nacional.

Teniendo en cuenta esto la Diputación del General decidió crear un impuesto para satisfacer no solo los gastos de la ciudad, sino los que debían grabar al rey. Este impuesto se conocía como «la bolla», y grabada la producción y el consumo de tejidos. Se creó en las Cortes de Monzón de 1362 a 1363 y estuvo vigente hasta el 1770 cuando el rey Carlos III decretó su extinción. Como escribe en Els arrendaments dels drets de bolla Montserrat Durán i Pujol:

La parte del impuesto que gravaba la producción de trapos y telas de lana, la bolla de plomo que se colocaba en cada extremo de la pieza de ropa como comprobante de pago del impuesto, variaba según la calidad y las características del tejido (...).

Al igual que el resto de derechos percibidos por la Generalitat, la recaudación de los derechos de bolla se arrendaba al mejor postor, por colectas fiscales y por periodos de tres años, y el importe de los arrendamientos debía depositarse periódicamente en la Taula de Canvi, Mesa de Cambio, de la ciudad de Barcelona.

Sobre los arrendatarios recaía la responsabilidad del pago de los salarios de los oficiales y el control de los funcionarios encargados de recaudar directamente el impuesto y de gestionar los trámites burocráticos.

La documentación sobre el pago de este impuesto demuestra "que existía resistencia a pagar los derechos: falsificación de sellos de cera y de la bolla de plomo, existencia de almacenes clandestinos de ropa, venta casa por casa de tejidos que debían satisfacer derechos de bolla, resistencia a mostrar los libros a los oficiales de la bolla, etc.

Con lo cual, esta casa se convirtió en la aduana interna de la ciudad, el lugar donde los tejedores y mercaderes debían acudir para que sus productos fueran validados. Sin ella ninguna pieza de tela podía circular por la ciudad y se perseguía el fraude. Este impuesto o recaudación del derecho a bolla, entre las pieza foráneas y las que se fabricaban en Barcelona, de 1599 a 1695 recaudó impuestos que fueron desde las 125.000 a las 55.000 libras catalanas.

Bolla de plomo de la aduana de Barcelona

Bolla de plomo de la aduana de BarcelonaTodocolección

El impuesto de la bolla no era un cobro arbitrario, sino un sistema de trazabilidad que garantizaba la calidad del producto. El bollador era un funcionario de confianza que debía conocer los secretos de oficio textil para asegurar que el consumidor no fuera engañado. Esto era una garantía de prestigio para el comprador y el vendedor.

La Generalitat

Este edificio también se conoce como Generalitat, pero no por ser la institución que hoy todos conocemos, el actual gobierno autonómico de Cataluña. Este nombre era el impuesto que el Rey aplicaba a los súbditos de la Corona de Aragón, unos aranceles o impuestos indirectos sobre el tráfico de mercancías y el consumo.

Con el tiempo se impuso el nombre de Generalitat por encima de Diputación del General. Así pues, el nombre Generalitat de Cataluña, en su origen era un impuesto. No se institucionalizó hasta las Cortes de 1358 y 1359 celebradas en Barcelona, Villafranca del Penedés y Cervera.

¿Por qué? Era una comisión temporal para recaudar el tributo que se le daba al rey y que, al final del período recaudatorio, se disolvía. En el 1359 Pedro IV el Ceremonioso quería imponer un nuevo impuesto como consecuencia de los gastos sufridos en la guerra de los Dos Pedros. Por eso necesitaba una institución recaudatoria que no se disolviera y fuera estable.

Para su composición se designaron a doce diputados, cuatro por cada brazo armado. Esto es, eclesiástico, militar, nobleza y real. En las Cortes de 1455, para evitar el nepotismo oligárquico, se introdujo el sistema de insaculación. Es decir, los diputados salientes elegían a doce candidatos entre los que se elegía uno al azar. El obispo de Gerona, Berenguer de Cruïlles, fue el primer presidente de esta institución.

Las reformas del edificio

Esa antigua aduana es hoy en día un edificio plagado de reformas. Edificio de tres plantas construido en el siglo XVI, donde la fachada, compuesta simétricamente y bien conservada, a diferencia de los interiores, remite a construcciones contemporáneas tales como el Palacio del Lloctinent, de Antoni Carbonell, en las que la tradición gótica se combina con ciertas innovaciones renacentistas. Al igual que en el Palacio del Lloctinent, encontramos el escudo de la Generalitat grabado en diversos espacios de la fachada».

La casa sufrió profundas transformaciones a lo largo del tiempo, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, para adaptarse a los nuevos tiempos. Después del Decreto de Nueva Planta en 1715 el edifico perdió su función original de control textil y paso a manos de la nueva administración borbónica. Es en esta época cuando paso a conocerse como Casa de la Rendición.

Fachada de la Casa de la Bolla, o de la Generalitat, en la calle Sant Antoni Abat

Fachada de la Casa de la Bolla, o de la Generalitat, en la calle Sant Antoni AbatWikimedia

En este edificio, según la tradición historiográfica, se discutieron y firmaron algunos de los términos de la capitulación de la ciudad ante las tropas de Felipe V, después del 12 de septiembre de 1714. Aunque los actos oficiales de rendición tuvieron otros escenarios, la carga simbólica de este edificio, hizo que la memorial popular lo señalara como el lugar donde Cataluña perdió sus privilegios. Aquí el general Antonio de Villarroel y el duque de Berwich firmaron los términos de la capitulación.

En el año 1816 el rey Fernando VII les cedió el edificio a la orden de los escolapios. Hoy en día siguen manteniendo allí su actividad docente como parte de la Escola Pía. El edificio está catalogado como bien cultural de interés local.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas