Retrato de Franz Liszt en 1886
Historias de Barcelona
Los históricos conciertos de Franz Liszt que conquistaron la Barcelona de 1845
El virtuoso compositor encandiló a los barceloneses en el siglo XIX
Del 4 al 21 de abril de 1845 el compositor y pianista Franz Liszt estuvo en Barcelona. Era la última parada de su gira hispanoportuguesa. Estuvo en Madrid, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Lisboa, Gibraltar, Málaga, Valencia y Barcelona. Ese fue el periodo más deslumbrante de su carrera, conocido como el Glanzzeit, por su esplendor y virtuosismo. La gira pretendía recaudar fondos para construir una estatua en homenaje a Beethoven en Bonn.
El primer concierto lo ofreció el 7 de abril de 1845 en el salón de la Sociedad Filarmónica, en la calle Hospital. Se interpretó la sinfonía de Guillermo Tell, el aria de Roberto d'Evreux cantada por Mr. Ciabatti, Gran fantasía sobre motivos de la Sonámbula, Variaciones de bravura sobre un motivo de los Puritanos, el aria de Il Bravo de Mercadante cantada por Mr. Ciabatti, Melodías Húngaras, Gran galope cromático.
La entrada costaba 20 reales de vellón y tocó un piano de M. Boiselot de Marsella. El periódico El Barcelonés, el 8 de abril, comentó:
En la sinfonía de Guillermo Tell hemos observado que la ha tocado con el solo piano, cual pudiera ejecutarlo una orquesta acreditada; siendo lo mas particular que una misma tecla la hace vibrar con tal elegancia y expresión que le varia el sentido que en si misma tiene. Advirtiendo que lo que en nuestro concepto mas nos ha sorprendido, ha sido la soltura de sus manos y sobre todo la elevación que las da en cuasi todos los fuertes.
El segundo concierto lo ofreció el 11 de abril, interpretando Reminiscencias de la Lucia di Lamermoor -aria cantada por Mr. Ciabatti-, la Fantasía sobre motivos de la Norma, la Tarántula de Rossini, Mazurka de Chopin, Polaca de los Puritanos -aria cantada por Mr. Ciabatti-, Fantasía ó capricho. El precio y el piano fueron los mismos. El periódico El Barcelonés, el 12 de abril, comentó:
En el primer concierto fuimos, y no nos ruborizamos en decirlo, con cierta precaución, más para criticarle que admirarle, por ser extranjero, y estar en boga el elogiar lo que no es del país: le tributamos la justicia que merece; y nuestra pluma no halla expresiones con que manifestar la impresión que causa en nuestras almas, su complicada y armoniosa pulsación en las teclas del piano.
Si, esas carreras sostenidas con tanta agilidad, esos trinos complicados, merecen un artículo más extenso, como también su posición y demás circunstancias que solo conoce el que sabe sentir. Nosotros ofrecemos consagrarle una página de nuestro periódico al final de sus conciertos; página que no la adornará la adulación, porque no adulamos a nadie, y si el mérito que reúne no el Apolo mitológico: el que admira en el siglo 19: el célebre, el inmortal Liszt.
El último concierto lo interpretó el 19 de abril interpretando Sinfonía a toda orquesta, Gran fantasía sobre motivos de Lucrecia Borgia, Romanza E' morta del maestro Donizetti, -cantada por el Sr. Solieri-, Fantasía sobre motivos de la Sonnambula, Capricho fantástico del Sr. maestro Zerilli ejecutada por 105 músicos, Reminiscencias de los Puritanos, Duetto de Marino Faliero -cantado por los Sres. Selva y Assoni-, y el Duettino de las Soirées Musicales de Rossini cantado por la Sra. Parepa Archibugi y por el Sr. Solieri, además de improvisaciones por el Sr. Liszt sobre temas dados por el público.
Sobre aquel concierto el 20 de abril el Diario de Barcelona publicó:
Al concluir las dos fantasías era aquello un triunfo, una verdadera ovación. El gran pianista al dejar los muros de esta capital, no dudamos que conservará un bellísimo recuerdo de las justas distinciones de que en ella ha sido objeto, así como la sociedad de Barcelona no olvidará nunca tanto su gran talento y portentosa habilidad, como su amable trato y bondad de razón.
Como hemos dicho la última parte del concierto se basó en improvisaciones sobre temas que le solicitó con anterioridad el público. Liszt disfrutaba con este tipo de retos. El público le propuso una cavatina de la ópera Ernani, una jota aragonesa, un tema inédito y la melodía tradicional catalana El gegant del pi.
Durante un cuarto de hora amplió, transformó y jugó con las melodías. Con este gesto de simpatía y virtuosismo Liszt se convirtió, sin saberlo, en la primera celebridad musical que tocaba en Barcelona. El 21 de abril abandonó Barcelona, en barco, rumbo a Marsella.
Como curiosidad comentar que durante la estancia de Liszt en Barcelona se estrenó, el 16 de abril, en el Teatro Nuevo o de los Capuchinos, la ópera Ernani de Verdi. La cantaron Giovanni Solieri, Elisabetta Perepa Archibugi, Mauro Assoni, Teresa Matamala, Giuseppe Font, Giuseppe Segarra, bajo la dirección de Cecilio Fossa. El Teatro Nuevo funcionó de 1843 a 1848 en los terrenos del antiguo convento de los Capuchinos, actual Plaza Real. El éxito fue tal que hubo 37 funciones.