Detención de un miembro de una banda latina

Detención de un miembro de una banda latinaGuardia Civil

Violaciones en grupo y bandas violentas, los delitos que más crecen entre los menores en Alicante

Un educador social alerta de que la mayoría de estos jóvenes han sido absorbidos por un sistema de lealtades tóxicas, donde el grupo justifica cualquier tipo de violencia

El centro de internamiento de menores de Alicante ya no es el mismo de hace una década. Los delitos más frecuentes siguen siendo los de siempre -robos, tirones, coches forzados-, pero el personal de uno de estos centros alerta de un aumento sostenido de casos mucho más violentos y complejos: violaciones en grupo y agresiones relacionadas con bandas juveniles.

«El robo con violencia ha sido el pan de cada día en estos centros. Siempre lo ha sido. Pero ahora estamos viendo cómo las agresiones sexuales, especialmente en grupo, están explotando», explica a El Debate uno de los educadores de un centro de menores de Alicante. En su relato, se mezcla la preocupación por el aumento de este tipo de delitos con una crítica al contexto social y judicial que lo rodea.

Las manadas y la disolución de la culpa

Uno de los factores que ha cambiado el panorama es la dinámica grupal en delitos sexuales. «Ahora tenemos muchos chavales condenados por agresión sexual. El fenómeno de la violación en grupo se ha disparado», cuenta. ¿Por qué? «Porque cuando son varios, el sentido de culpa se diluye. No es lo mismo que uno cometa un delito a que lo hagan diez. La responsabilidad individual se difumina».

Este fenómeno no solo tiene que ver con los agresores, sino también con las víctimas, que ahora denuncian más. «Ha habido un cambio cultural evidente. Las chicas ya no toleran lo que antes se callaba. Hoy se denuncia mucho más», explica el educador. Y esa mayor visibilidad se refleja directamente en el tipo de menores que ingresan al sistema.

Disciplina, armas y jerarquías

Otro de los focos que más preocupa en el centro es el aumento de menores vinculados a bandas violentas, sobre todo procedentes de Colombia, Venezuela y Ecuador.

Durante la conversación sale a colación una multitudinaria pelea protagonizada por menores de edad de origen español, argelino y marroquí en un barrio de Alicante. Uno de los jóvenes magrebíes portaba una katana de grandes dimensiones y fue detenido por la Policía Nacional.

Lo curioso, señala, es que estos menores no suelen generar conflictos dentro del centro. «Están acostumbrados a jerarquías, a funcionar con normas estrictas, con líderes. Aquí se adaptan con facilidad. Son seductores, disciplinados, eficaces. Pero el problema está en el exterior, en el código que traen de la calle», añade.

Katana requisada por la Policía a un menor magrebí en Alicante

Katana requisada por la Policía a un menor magrebí en AlicantePolicía Nacional

El educador denuncia que la mayoría de estos jóvenes han sido absorbidos por un sistema de lealtades tóxicas, donde el grupo justifica cualquier tipo de violencia. «Les han comido la cabeza. Hacen lo que sea por la banda. Y eso lo traen tatuado».

Dada la gravedad de los casos que atienden, estos centros son como una especie de cárcel. «Es una estructura cerrada, con módulos, celdas, salas de ocio y ciclos formativos. Hacemos jardinería, albañilería, peluquería... Se intenta reeducar. Pero nos faltan medios».

La vida de los chicos se desarrolla dentro de esos módulos. «Duermen, comen y conviven en espacios controlados. Tienen dos horas obligatorias de exposición al sol. Y generan vínculos muy fuertes con nosotros, los educadores. Somos su principal estímulo», explica. Y asegura que esa relación emocional puede ser clave para la reinserción: «Cuando les das afecto, cariño, normas claras, muchos responden. No todos, pero muchos sí».

Sin protocolos y con pocas herramientas

Pese al aumento de la violencia, no hay un protocolo específico para actuar ante menores ligados a bandas o delitos sexuales graves. «Funcionamos por nuestra experiencia profesional. No hay herramientas especializadas para este tipo de perfiles».

El educador lo dice sin rodeos: «Nos falta apoyo institucional. Nos faltan recursos. Si tuviéramos más personal, más herramientas, más visibilidad… podríamos hacer mucho más. Pero el sistema penal de menores está mal concebido y peor financiado».

Del centro al futuro: un camino incierto

Aunque muchos de estos jóvenes salen del centro tras cumplir su medida y no vuelven a delinquir, el riesgo de reincidencia es real. «No todos consiguen reinsertarse. Tanto las prisiones como los centros de menores pueden ser el caldo de cultivo para que los niños se conviertan en todavía más delincuentes».

En Alicante, como en otros puntos del país, la evolución delictiva de los menores internos empieza a marcar un cambio de ciclo. Robos y hurtos siguen en la base, pero la violencia grupal, las agresiones sexuales y la cultura de las bandas están dejando una huella profunda. Y el sistema, advierten los profesionales, no está preparado para asumirlo si las Administraciones no invierten más medios.

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