Taller de grafitis de un centro de menores en Castellón
Magrebí, no habla español y atraído por el efecto llamada: el perfil del menor recluso que más crece en Alicante
En su mayoría, estos jóvenes vienen con varias lecciones aprendidas; saben que les enseñarán español, que tendrán cama y comida y que «quien les ayuda es el PSOE»
«Hay tres tipos de árabes que llegan a los centros de menores, y el que más se repite es el que viene por el 'efecto llamada', chavales que aterrizan aquí a la aventura, creyendo que esto es Jauja». Así de claro lo explica un educador social con años de experiencia en un centro de internamiento de menores en la ciudad de Alicante. El Debate ha hablado con él para conocer, de primera mano, el perfil del menor interno que más crece en estos centros: jóvenes procedentes del norte de África, muchos sin conocer ni una palabra de español, y con trayectorias personales marcadas por la desinformación, la pobreza o el delito.
Los datos de este profesional apuntan a una realidad que se percibe en los pasillos del centro: una mayoría de los nuevos ingresos son adolescentes magrebíes. La barrera idiomática es una de las primeras dificultades. «Con muchos de ellos no puedes comunicarte, ni siquiera lo más básico. A veces es por gestos, por ruidos, por dibujos… Como si trabajáramos con niños pequeños que empiezan desde cero», relata. A pesar de ello, destaca su capacidad de aprendizaje: «Tienen una capacidad brutal a la hora de aprender y y son muy avispados».
Cuando España se vende como paraíso
Este perfil, en palabras del educador, es el que más abunda: jóvenes que llegan seducidos por una imagen idealizada de España, transmitida por familiares, conocidos o incluso otros menores a través de redes sociales. «Saben lo que les espera. Que aquí te enseñan español, que te dan una paga, que tienes cama y comida, que te dan acceso a internet, móvil... Y a través de ese móvil mandan mensajes a sus colegas en Argelia o Marruecos: 'Vente en la siguiente patera, esto es una maravilla'». Entre las lecciones que tienen aprendidas está la política. Estos jóvenes lo tienen claro: «Hay que votar al PSOE, que son los que dan las pagas». Esta es una frase recurrente entre los magrebíes, que dicen sentirse más respaldados por las políticas migratorias y sociales del Gobierno de Pedro Sánchez que por una alternativa de derechas, tal y como relata el profesional a este diario.
Detrás de esta llegada no hay necesariamente necesidad económica extrema, según cuenta el profesional: «Muchos no están sumidos en la pobreza. Simplemente vienen aquí a pasárselo bien, sabiendo que en España hay ciertas facilidades. Se mueven con contactos que controlan las rutas de pateras, pero no son barquitas precarias: hablamos de lanchas motoras muy preparadas, que cruzan el mar en muy poco tiempo».
Pobreza real y rutas hacia Europa
El segundo grupo de menores magrebíes responde a un perfil más clásico de inmigración por necesidad. «Son los menos, pero existen. Familias que están realmente mal en sus países o que ya están aquí pasándolo fatal. Los niños vienen para buscarse la vida, enviar dinero, o reencontrarse con sus padres».
Llegada de una patera al puerto de Alicante.
El tercer grupo es más complejo: menores que han delinquido en tránsito hacia otros países europeos y acaban en centros de internamiento españoles. «España es un puente. Muchos tienen familia en Francia, Alemania o Italia. Vienen buscando a esos tíos, primos o hermanos que ya han montado una vida. Pero en el camino, mientras pasan por aquí, delinquen, y acaban en nuestros centros. Luego siguen su ruta cuando pueden».
«No quiero saber sus delitos»
Pese a la gravedad de algunos delitos -incluso homicidios o agresiones sexuales-, el educador tiene clara su filosofía de trabajo: «Decidí no saber qué delito ha cometido cada uno. Si lo sabes, condiciona. Y yo quiero tratar a todos por igual, porque a todos les intento convencer de que esto es una oportunidad para cambiar».
En su experiencia, la reinserción es posible, pero no para todos. «Hay chavales que quieren estudiar, aprender, trabajar, ayudar a su familia. Y hay otros que ya traen una carrera delictiva muy marcada. Es muy difícil trabajar con ellos. Te lo digo así: son carne de prisión».
Y aún así, no se rinde. «Intento convertir este tiempo que están aquí en algo que les sirva. Si conseguimos que entiendan eso, es cuando de verdad favorecemos la rehabilitación».
Psicopatías, abusos y asesinatos
El centro también ha albergado casos muy duros. «Hemos tenido un menor con rasgos psicopáticos que intentó matar a su hermano. Y te hablo de psicopatía real, de condición innata, como el que nace con los ojos azules».
Otros menores han cometido delitos atroces con trasfondos igual de oscuros: «Un niño violó a otro de cuatro años. Resultó que llevaba años siendo abusado por su padre y su tío. El que mata, el que viola… a veces viene de un entorno tan hostil que no se puede entender su conducta sin conocer su historia».
Uno de los casos más difíciles fue el de un chico que mató a su hermano mayor tras años de bullying doméstico. «Fue un acto de defensa. Cuando lo arrinconó, cogió un cuchillo. El chaval no sabía ni lo que hacía. Estuvo seis años con nosotros. Los padres trabajaron con él, y eso ayudó mucho».
Un fenómeno en auge
Aunque el educador evita generalizar, no esquiva la realidad: «Ahora mismo, muchos de los menores internos son magrebíes. Esto va por rachas, pero desde hace años es la tendencia. Y muchos no hablan español, lo que complica mucho más la intervención».
Aun así, insiste en el potencial de estos jóvenes, si se les da una oportunidad real. «Yo creo en la reinserción, pero no podemos simplificar. Hay que entender el pasado de cada menor. Porque muchos de los que delinquen hoy, son víctimas de algo mucho más profundo», concluye.