Imagen de archivo de la entrada a la factoría de Ford en la localidad valenciana de Almussafes
De la 'invasión' de coches de Marruecos a los aranceles de Trump: la zozobra de la histórica fábrica de Ford en Valencia
Las incertidumbres internacionales y las dudas de la multinacional ponen en riesgo los empleos y la viabilidad de la factoría de la localidad de Almussafes
La histórica fábrica de Ford en la localidad valenciana de Almussafes celebra este año 2025 casi medio siglo de actividad en un contexto de gran incertidumbre para el sector automovilístico en España y para la propia planta, que atraviesa uno de sus momentos más complejos. La fuerte presión arancelaria de Donald Trump, la tensión geopolítica entre EEUU e Irán y la nueva 'invasión' de Marruecos en el sector automovilístico, con una producción a bajo coste y una flexibilidad de su legislación en materia ecológica que hace que sea casi imposible para los países de la Unión Europea competir en el mercado, son algunos de los factores que afectan a la planta de la multinacional.
Desde su inauguración en 1976, la factoría ha sido un motor clave para la economía valenciana. La llegada de la compañía estadounidense transformó por completo el municipio, que por entonces tenía un perfil agrícola, y lo convirtió en el centro de un potente clúster industrial. Desde entonces, en sus líneas de producción se han ensamblado más de once millones de vehículos y más de quince millones de motores, incluyendo modelos tan emblemáticos como el Fiesta, Focus o Mondeo. La apuesta de Ford supuso no sólo una revolución para la comarca, sino también un impulso decisivo para el tejido productivo de la región: más de 120 empresas proveedoras se asentaron en su entorno, generando un ecosistema que en su mejor momento ha llegado a representar el 11,24 % del PIB regional y el 25 % de las exportaciones de la Comunidad Valenciana.
Imagen de archivo de piezas en la fábrica de Ford en Almussafes.
La planta valenciana ha garantizado durante décadas más de 25.000 empleos directos e indirectos, entre los cerca de 6.000 trabajadores de Ford y los que dependen de las empresas auxiliares. Sin embargo, la situación actual es mucho más complicada. Desde hace varios años, la producción ha caído de forma drástica y hoy Almussafes solo fabrica el modelo Ford Kuga. Las cifras lo reflejan con claridad y, de más de 200.000 vehículos producidos en 2024, se pasará este año a entre 120.000 y 135.000 unidades. La factoría arrastra además más de 80 días de paradas productivas en 2025, tanto en la línea de montaje como en el área de motores, amparadas en su mayor parte por el ERTE RED autorizado por el Gobierno.
A esta situación se suman los ajustes laborales que acumula la planta que, desde 2020, se han encadenado varios ERE y ERTE que han reducido la plantilla a poco más de 4.300 empleados. Actualmente, 4.142 trabajadores permanecen en situación de ERTE hasta 2026 mientras se negocian nuevas medidas para ajustar los empleados a la carga de trabajo prevista. En el área de motores, las previsiones de la propia empresa apuntan a un excedente de hasta el 50 % de la plantilla.
Competencia desleal de Marruecos
Además de la difícil situación de la factoría de Almussafes, como se ha mencionado anteriormente, existen otros factores externos que también están condicionando su evolución. El mercado automovilístico no está actuando de forma equilibrada y no todos los países están compitiendo en igualdad de condiciones, de hecho, la entrada «a la fuerza» de Marruecos en el sector ya comienza a notarse en las cifras españolas y europeas de fabricación de vehículos y su exportación.
El puerto de Tánger Med, en Marruecos, se ha convertido en uno de los principales referentes logísticos de África gracias a una ambiciosa ampliación que ha duplicado su capacidad de almacenamiento y lo ha posicionado como el mayor puerto del continente. Este desarrollo no solo refuerza la capacidad exportadora de Marruecos, sino que también impulsa de manera decisiva la pujanza de su industria automovilística, que vive un auténtico auge. El país norteafricano cerró el pasado año con una producción cercana a las 500.000 unidades y, si se cumplen las previsiones, este 2025 podría superar el millón de coches fabricados, entrando así en el selecto grupo de los 15 mayores productores mundiales de automóviles. Mientras tanto, España, que tradicionalmente ha ocupado una posición destacada, compite con Brasil por mantenerse en el octavo o noveno puesto en el ranking global.
Imagen de archivo de Tanger Med, el gran puerto de Marruecos
Varios factores explican el atractivo creciente de Marruecos para los grandes fabricantes. La mano de obra es mucho más barata, con salarios en torno a los 500 euros mensuales para los operarios, frente a los costes salariales mucho más elevados en Europa. A ello se suman precios energéticos significativamente más bajos y una normativa medioambiental más flexible, que reduce los costes de adaptación y cumplimiento para las marcas. Este contexto ha generado un entorno altamente competitivo que está afectando de forma directa al mercado automovilístico español.
El crecimiento de Marruecos supone una amenaza para plantas como la de Ford Almussafes y otras fábricas en España, que ahora compiten en un escenario en el que las inversiones de los grandes grupos automovilísticos tienden a desplazarse hacia el sur. No solo se disputan nuevos proyectos y adjudicaciones de modelos, sino que también hay un riesgo evidente de deslocalización progresiva, a medida que Marruecos consolida su posición como plataforma de producción y exportación para Europa.
Los aranceles y conflictos políticos
El contexto internacional no contribuye a aliviar la incertidumbre en Almussafes. Otro de los factores que condicionan la planta es la política arancelaria de la administración de Donald Trump, que impuso un 25 % de aranceles a los vehículos importados en EE. UU. Aunque no afecta directamente a la planta valenciana, que ya no exporta automóviles a ese mercado desde el pasado año, sí genera una mayor presión competitiva en el mercado europeo y una situación de inestabilidad que condiciona las estrategias de la marca a nivel global.
A esto se suman los riesgos derivados de las tensiones geopolíticas entre el país norteamericano e Irán, que podrían tener un impacto en las cadenas logísticas y en los precios energéticos.
El futuro de Almussafes
Frente a este panorama, la esperanza de futuro para Almussafes se centra en el anuncio de un nuevo modelo multienergía que Ford tiene previsto producir a partir de 2027. La marca estima una producción de hasta 300.000 unidades anuales para este nuevo vehículo, que podría devolver a la planta los niveles de actividad previos. Mientras tanto, el Mecanismo RED aprobado por el Gobierno actúa como salvavidas para el empleo, evitando que la situación actual derive en nuevos despidos masivos.
La dirección de la compañía y el comité de empresa se reunirán tras el verano para acordar los próximos pasos que permitan mantener la viabilidad de la planta hasta la llegada de la nueva línea de producción.
Casi cincuenta años después de su apertura, Ford Almussafes sigue siendo una pieza esencial para la economía valenciana. El reto ahora es superar este «valle productivo» sin que se erosione el ecosistema industrial que durante décadas ha sido uno de los grandes activos de la Comunidad Valenciana.